DOCENTE BETHARRAMITA

"¡Aquí estoy!… ese gran acto que no interrumpió jamás"

Año 1 Nº 1

En cada una de estas hojitas, ofrecerémos reflexiones que hagan a nuestra formación de docentes betharramitas, tomando mensualmente, durante este año los temas que hacen al tan nombrado (y quizá poco explicado para algunos) JUBILEO DEL AÑO 2000.

EL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000

La celebración del Gran Jubileo del año 2000 ofrece a toda la Iglesia una extraordinaria ocasión para recordar y celebrar con gratitud la memoria de la Encarnación del Hijo de Dios y la actualidad de su presencia salvífica en el mundo, en espera de su venida definitiva al final de los tiempos.

De allí, que, como betharramitas comprometidos en el sueño de la pedagogía de la Encarnación, aparezca como un momento de extraordinaria gracia el sintonizar con toda la Iglesia que se centra en la novedad de un Dios que se hace hombre hace 2000 años.

La memoria histórica de lo sucedido:

"Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20)

Para explicar e iluminar la profundidad de este maravilloso misterio, la carta apostólica "Tertio Millennio Adveniente" (Mientras se aproxima el Tercer Milenio), de Juan Pablo II; resalta algunas características históricas y teológicas que se nos muestran en la concepción y el nacimiento de Cristo:

 

Cristo: el Verbo de Dios encarnado para salvarnos

"Si de una parte Dios en Cristo habla de sí a la humanidad, por otra, en el mismo Cristo, la humanidad entera y toda la creación hablan de si a Dios, es más, se donan a Dios. Todo retorna, de este modo a su principio." (Tertio Millennio Adveniente Nº6)

Frente a este acontecimiento, el más maravilloso, sorprendente y extraordinario de la historia -que terminó de hecho por dividirla en dos- las comunidades cristianas son invitadas ante todo releyendo amorosamente la Palabra de Dios, a profundizar con particular empeño algunos aspectos característicos de la encarnación y del nacimiento del Salvador, reconociendo en Jesús de Nazareth:

a) Un Dios con nosotros: el nacimiento de Jesús nos revela que él quiso plantar su tienda de peregrino en medio de nosotros para ser para siempre el "Emmanuel", el "Dios con nosotros". Es necesario contemplar este misterio de la presencia y compañía de Dios con la humanidad desde hace 2000 años y agradecer al señor este don: "En Jesucristo, Dios no solo habla al hombre, sino que lo busca… es una búsqueda que nace de lo íntimo de Dios y tiene su punto culminante en la encarnación del Verbo. Si Dios va en busca del hombre... lo hace porque lo ama eternamente en el Verbo, y en Cristo lo quiere elevar a la dignidad de hijo adoptivo" (TMA 7)

b) Un Dios como nosotros: el misterio de la encarnación desvela el gran amor condescendiente de Dios, su ternura al rebajarse hasta la humanidad, hasta el límite extremo de su amor de hacerse uno con nosotros: "Con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre; ha trabajado con manos de hombre, ha pensado con mente de hombre, ha obrado con voluntad de hombre, ha amado con corazón de hombre. Naciendo de María Virgen, se hizo verdaderamente uno de nosotros, semejante en todo menos en el pecado" (TMA 4) -

c) Un Dios por nosotros: en el nacimiento de Cristo se revela el misterio de un Dios que viene al encuentro de la humanidad para redimirla y salvarla. En la Encarnación orientada hacia el cumplimiento en el misterio pascual de muerte y resurrección, el Verbo de Dios asume nuestra naturaleza humana, frágil y mortal para salvar en el hombre todo aquello que el ha asumido:

"El Hijo de Dios se hizo hombre, asumiendo un cuerpo y un alma en el seno de la Virgen, por esto: para hacer de si el perfecto sacrificio redentor. La religión de la Encarnación es la religión de la redención (salvación) del mundo por medio del Sacrificio de Cristo en el que está contenida la victoria sobra el mal, el pecado y la misma muerte" (TMA 7)

No ha habido novedad más radical, hecho más revolucionario que la Encarnación del Verbo. Dios, que conoce al hombre hasta lo más profundo de sus mejores virtudes y de sus peores miserias, decide abrazar todo lo que somos, para salvarnos y enseñarnos a amar viviendo nuestra propia vida, asumiendo nuestra propia historia...

Quizá hemos perdido de vista, durante mucho tiempo, que esto es lo más importante, lo que DISTINGUE AL CRISTIANISMO... Y 2000 años después, tal vez sobrecargando de ritos y formulismos nuestra Fe, hemos contribuido a ahogar al Dios que para amarnos hasta el fin, quiso hacerse hombre...

Algo perecido pasa a veces con nuestra vocación docente: la experiencia, la rutina, las exigencias burocráticas, tantos intentos de cambiar para "hacer que cambiamos sin que nada cambie… terminan ahogando y como apagando ese fuego sagrado que el propio Maestro encendió en nuestro corazón.

Para pensar... y luego compartir en grupo

Grandes preguntas para esta primera reflexión

Y un pequeño regalito, para el día del maestro y del profesor que celebramos en este mes…

 

Oración del Educador

Señor,

Tú que eres el único y verdadero Maestro,

concédeme la gracia de ser a ejemplo tuyo

maestro para mis alumnos

Haz que yo sepa, con mi vida,

educarlos en la libertad

y con mi sabiduría capacitarlos

para un auténtico compromiso

hacia los demás.

Haz que yo sea capaz

de hablarles de ti

y de enseñarles cómo hablar contigo.

Haz que mi amistad

contigo sea la fuente

de mi amistad con ellos.

Jesús Maestro,

gracias por haberme

llamado a

Tu misma misión.

M.G. Santón

 

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