9 HUMILDAD

Jesucristo, regla viva de humildad

Anonadarse en la nada

El primer deber de una creatura

No somos más que carracas

Humildad sincera

Humildes por voluntad

Cuasi cosas

No adelantarse, sino seguir

Generosos sin dejar nuestro lugar

Pequeños, sumisos, contentos, constantes

Nuestra verdadera condición

Maná escondido

Humildad de un santo

Estar en su lugar

Ejemplo personal

Pensamientos 9


9 HUMILDAD

 

Hemos visto antes la doctrina de san Miguel sobre el anonadamiento en la imitación al Sagrado Corazón.« Dios, todo,‑ ' yo, nada. Dios el? su sitio; yo, en el mío. Por eso, para él la humildad era más, que una virtud.‑ era una disposición fundamental sin la cual no hay virtud posible.

Todos coinciden.‑ "La humildad del Siervo de Dios- dice uno (le ellos- era profunda y constituía, puedo decirlo, la base de sus virtudes e, incluso, de su vida. La predicaba tanto para la comunidad como para sí mismo. Nos decía que tenemos que ser hombres que se borran, anonadados, y repetía constantemente estas palabras" (Sum. p. 534).

Los textos siguientes recogen un compendio de ¡decís y consejos prácticos sobre este punto particularmente caro a su corazón.


Jesucristo, regia viva de humildad

Nuestro Señor Jesucristo nos lo dijo: hay que ponerse en el último lugar. Él mismo Se PUSO. Si tuviéramos horror de nosotros mismos veríamos que nos va muy bien. No nos compararíamos con los demás. Ninguna comparación: en el último lugar, no hay más que ese lugar: ni compararse ni elegir.

Imitemos a nuestro Señor Jesucristo. Es de fe que no hay virtud cristiana alguna fuera de Él. Es, pues, regla para todo. No digamos: felizmente que fulano es generoso. Por su misma situación está llamado a imitar al Señor. No digamos eso. Es regla para todos. Todos deben parecérsele. Esa es la regla que hay que tener en mente. Aplicarla, como el albañil hace con la regla, a todas las piedras de1 edificio espiritual, tallarlas con el martillo e igualarlas hasta ese divino nivel y sobre ese modelo (I).

 

Anonadarse en la nada

Espíritu de humildad y de recurso a Dios. Entonces, Dios no permitirá que seamos marionetas de ilusiones. La humildad, además de prevenir las ilusiones y las caídas, nos hace impecables... Si fuéramos humildes como la Virgen, seríamos como ella impecables.

Hay que adherirse a la humildad, anonadarse. Ama nesciri, ama sin que lo note la gente. Todo un Dios que era el Señor, se anonadó, porque era también hombre. Y a pesar de que fue hombre-­Dios, anonadó a su humanidad que consideraba como nada ante la divinidad. Porque todas las naciones ante Dios son nada. Presentándose como holocausto, se atrevió a decir: aquí estoy, obediens usque ad mortem (obediente hasta la muerte).

Anonadarse en la nada, Cuanto más nos olvidarnos de nosotros mismos, más estamos en Dios y en un mejor estado: santificados, transformados, divinizados.

Pero en vez de la nada que deberíamos encontrar, nos encontramos con la individualidad y, con ella, pequeños ídolos, ídolos favoritos, a quienes sacrificamos todo con la mejor intención del mundo, todos los frutos del ministerio, la delicadeza virginal del sacerdocio, el honor, la existencia.

 

El primer deber de una creatura

El primer deber de toda creatura que se presenta ante el Creador para cualquier cosa, es reconocer y confesar la nada que es. Sin esa disposición nada hay que esperar de Dios: superbis resistit, resiste a quien le

resiste (1 P 5, 5); vos semper Spiritui Sancto resistitis (resistís siempre al Espíritu Santo) (Hech. 7, 5 l). Incluso en la tierra, es la condición requerida para el éxito. Admiramos a un hombre sin pretensiones, que no hace nunca gala de sus cualidades, que las disimula y sólo las muestra cuando está obligado a ello.

El orgulloso es molesto, estorbo, escándalo; sus obras no duran. El humilde permanece siempre en la nada; está convencido de su miseria. por eso, nada lo entristece, lo asusta, lo hiere; nada de murmuraciones ni pretensiones en él. No dirá nunca: "es una injusticia, una afrenta". Está siempre firme, inquebrantable, siempre digno, apoyado en la palabra de Dios, atrincherado detrás de las reglas. Antes y después de toda obra, dice con un corazón generoso: servi inutiles sumus, somos servidores inútiles. Pero también, ¡cómo se le quiere, cómo lo bendice Dios! Sus obras subsistirán, como las de san Vicente de Paúl.

Quien en un retiro aprende a presentarse a Dios con ese espíritu de humildad tiene la seguridad de sacar el mejor provecho de él (P).

 

No somos más que carracas

Dios no ha querido reunir ángeles. sino hombres. llenos de tinieblas y de corrupción, verdaderas carracas.

Hay que esperárselo, resignarse, pues no nos equivoquemos aunque seamos apóstoles, no somos más que carracas. Si tenemos opinión contraria sobre nosotros mismos, ipsi nos seducimus, nos equivocarnos de mala manera (1 Jn. 1, 8). Presentémonos a Dios como miserables. glorificará nuestra humildad y, de un instrumento débil pero dócil a la gracia. hará maravillas. Guarde, pues, cada uno su lugar, qUe es el último, recumbe in novissimo loco (Lc. 14, 10), como el Señor y san Juan Bautista, que rivalizan en humildad por el último lugar. San Juan se humilla: "¿Bautizarte yo?" Pero no se obstina; Jesús lo supera: Juan. déjame hacer. para mí el último lugar, es justicia y toda justicia. Decía verdad, pues como hombre su gloria no era nada (P).

 

Humildad sincera

Servi inutiles: decir esto no sólo en presencia de lo que hay en nosotros de pecado, más aún, de corruptible... Hay que pasar por encima y caminar por todo lo bueno, ir hasta la roca que es Jesucristo: sólo en Él estamos seguros.

Servi inutiles: decir esto no sólo cuando nos honran sino también cuando nos humillan. Justum est (Es justo). Que se pueda pasar la garlopa, cualquier garlopa, sin encontrar nudos ni obstáculos. Hay que ser gusano; y luego, desde la humildad, desde lo profundo, gritar: ¡socorro! Echarse en los brazos de Dios. Humildad y confianza, la doble cara a imprimir en nuestra conducta...

San Agustín no era poca cosa, ni poco admirado, ni con pocos méritos. Sin embargo, era maniqueo, creyente de buena fe, no en ciertas prácticas ignominiosas, sino en otras bien particulares. ,Cómo sale? Con la humildad. Se decía: "si fulano y fulano se salvan, ¿por qué no me salvaré yo?" Tal y tal, el último de los hombres, que vale más que yo a los ojos de Dios. merecerá poseerlo eternamente en el cielo... Y tú, Agustín. con tu retórica y tu fama..." Así se ponía por debajo de los demás. Eso es abnegación. renuncia. la verdad. Y como a Dios le gusta la verdad, pues bien, he aquí la ayuda exterior que llega: esa voz de un niño o de un ángel o de no sé quién, tan fuerte y penetrante. Y después, las lágrimas de santa Mónica los sermones de san Ambrosio (I).

 

Humildes por voluntad

¿Qué exige esta regla? (La 1 l' del Sumario). Estimar, buscar las humillaciones, no por amor innato, ni por sufrimiento, sino desde la óptica de la fe y por una generosa determinación de la voluntad. Confundimos a menudo el sentimiento con la voluntad.

La inclinación natural al deber, al sacrificio es muy rara.

Lo importante, lo suficiente, es la voluntad firme que se decide por razones sólidas y fuertes y que pasa a través de todas las inclinaciones contrarias.

¡Cuánto sufría la casta Susana en su corazón, viéndose entre la fidelidad a Dios por un lado y, por el otro, ante una condena y un suplicio infames, con el deshonor eterno para ella y su familia! ¿Y la castidad de san José con la consiguiente perspectiva de la cárcel y de la muerte?

Y nuestros soldados, ¿acaso no eran sensibles, en medio de la metralla, delante de Sebastopol? Claro que no. Pero, fuera repugnancias. Les piden que no hagan caso. Se toman las decisiones y se va adelante por motivos que impulsa la voluntad...

Démonos convicciones profundas. Con este apoyo, preparémonos para actuar en situaciones difíciles, proponiendo la prueba a la voluntad. ¿Qué harías en el supuesto de procurar igual gloria a Dios con una humillación o una exaltación?

Frente a las dificultades, recemos y actuemos. Hay que actuar en la humillación como si tuviéramos inclinación por ella, aunque sólo la estimemos con el pensamiento y la abracemos con la fe. Ahí tenemos una fuente de virtud y de perfección: practicar la humildad como si lo hiciéramos hace tiempo, recibir las humillaciones como si estuviéramos apasionados por ellas.

Tengamos, al menos, la determinación de la buena voluntad, que está siempre en nuestro poder. Nada es más fácil para la voluntad que querer y, para la buena voluntad, la buena voluntad, como decía san Agustín: Nihil tan facile bonae voluntati, quam ipsa sibi et haec sufficit Deo (Sermón 9, De Verb. Dom.).

Pero, ¿dónde están los hombres de buena voluntad a quienes se les concede la paz? Son raros, porque no estimamos, no amamos suficientemente a Jesucristo.

Y luego, confundimos a menudo inclinación y consentimiento de la voluntad; de ahí, hombres por tierra. Que sintamos rebeliones. desórdenes, ¡paciencia! En cuanto queremos lo contrario, nos decidimos a ello, es bastante y ahí está todo.

¿Cómo ejercitar el amor de las humillaciones en el supuesto caso de que mi gloria esté unida a los intereses de Dios de manera que no pueda abandonarla sin pecado venial?-Temiendo los éxitos, los aplausos de los hombres, tanto y más que las humillaciones; aceptando esa dignidad por deber, por necesidad, como un esclavo que se doblega bajo un peso que lo aplasta, como un criminal enviado a las galeras; diciendo: ¡Paciencia! Eso es el orden; lo demás, sólo desorden; ése es el orden que necesitan la fe, el buen sentido, la experiencia, sobre todo la experiencia.

¿Acaso no hemos visto a santos, a veces muy santos, rodeados por la gloria y los aplausos humanos que incluso no aceptaron puestos de honor más que por deber, por pura obediencia? ¿Qué decir de ese religioso tan famoso que acaba de ser expulsado de su Congregación y al cual el Sumo Pontífice ha retirado de la cátedra de la enseñanza? Estaba apegado a sus ideas, a sus habilidades en los trabajos emprendidos por el bien dé las almas. Nada extraño. ¡Tan aplaudido y admirado era! Ahí lo tenemos. paralizado, roto, en la oscuridad. Es verdad que aún puede mucho si acepta la prueba de la mano de Dios y si se encamina de nuevo. Pero acabará por donde tenía que haber empezado (26).

Predico, me aplauden, la Iglesia está llena, se agolpan en mi confesionario. Esto me tiene que hacer temblar. Predico y desagrado. abandonan la Iglesia, diciendo: ¡Vaya jerga! Semejantes pruebas deben inspiramos mayor coraje y esfuerzos más perseverantes...

Jóvenes escolásticos, ¡qué lejos estarnos del espíritu de humildad! ¿Qué nos proponemos con los estudios? No hay más que ver una distribución de premios. ¡Qué empecinados estamos en la vanagloria!

En cuanto a vosotros, tened los sentimientos de nuestro Señor Jesucristo. Sed humildes en el éxito y, sin descuidar nada las buenas notas, cuidado con las consecuencias fatales de otros éxitos.

Estoy hablando del diploma, esa especie de trapo de papel que tanto engreimiento trae. Me parece bien que tratéis de alcanzarlo a través de una sólida formación, no como fin, sino como medio; y si después de vivos y conscientes esfuerzos, os lo rehúsan, habrá que decir: ¡Tanto mejor! (P)

 

Cuasi cosas

Desgraciadamente, estamos lejos del tiempo en que abundaba lo grandioso, cuando la Iglesia tenía muchos auxiliares en la multitud de órdenes religiosas a su servicio y que bastaban para sus necesidades. Si volviera ese hermoso tiempo, felices, muy felices seríamos siendo totalmente modestos ante las grandes realidades y cantaríamos con toda la alegría del alma: Umbram fugat veritas, noctem lux illuminat; vere dignum, justum, aequum et salutare (la verdad ahuyenta la sombra; la luz, la noche, verdaderamente es digno, justo, equitativo y saludable). Cedan el lugar las cuasi cosas a las cosas; la tiniebla, a la verdad; la noche, a la luz (P).

 

No adelantarse, sino seguir

Los a priori humanos no valen nada ¡Cuántos planes soberbios. cuántas repúblicas, cuántos gobiernos se gestaron y se realizaron en las cabezas humanas! Obras humanas, Dios las ha destruido. ¿,Dónde están? Se pensaron indivinitus (sin Dios) (Orígenes).

La Providencia no procede por avances espectaculares y soberbias proclamaciones; no es charlatana. Empieza por una cuna insignificante y un Niño pequeño. Un caminito estrecho y sin salida, pequeñas nadas que no parecen conducir más que a nada. Luego, todo empieza a andar, continúa andando lenta, silenciosamente, durante treinta años en Nazaret. Y luego, el grano de mostaza se convierte en un gran árbol que extiende sus ramas por toda la tierra.

La Providencia da indicaciones generales, vagas, como a los Magos: ¿A dónde vais? No saben nada, pero van: vidimus stellam, hemos visto la estrella... Claro, no hay que dejar esas indicaciones, incluso vagas, de la Providencia; hay que seguirlas con cuidado y perseverancia, seguirlas hasta que la estrella se pare. "Hemos encontrado a Jesucristo" (Jn. 1, 41).‑ y Él es la roca: quien permanece en Él, está de pie (I).

¡Qué ignorantes somos en comprender algo tantas veces y tan fuertemente repetido: non pracire (no adelantarse), sed sequi (sino seguir)! Lo que mantiene viva y hace próspera la obra de Dios, es el non praeire sed sequi: os lo recomiendo. Entre tanto, pido a Dios que os dé recta sapere et de ejus semper consolatione gaudere..., quae recta sunt sapere ipso inspirante et, ipso gubernante, eadem facere (amar lo recto y gozar del Espíritu Santo. Amar la virtud bajo su inspiración y practicarla bajo su guía) (L).

 

Generosos sin dejar nuestro lugar

Estoy muy contento con el colegio. Veo que es excelente tener un plan de conjunto, por supuesto con sus medios para realizarlo. Continúo pensando que la obra tendrá éxito porque estoy convencido de que estás bien orientado. Que, sin descuidar nada para ser cada vez más capaz de hacerla prosperar, no te insolentes ni caigas nunca en la desgracia de sustituir tu acción a la de Dios, lo cual es un gran crimen o, al menos. una gran desgracia: crimen y desgracia muy frecuentes en el clero y entre nosotros. Contento con evitarlo tú mismo, te recomiendo especialmente Y con insistencia que te esfuerces por preservar de todo eso a los nuestros a ti confiados. ¡Ah! Sí. Sint homines idonei, expediti et expositi: sean, con la gracia de Dios, abnegados y determinados a eso y a obedecer sin demora, sin reserva, para siempre, por amor, antes que por cualquier otro sentimiento. Ese será el reino de Dios entre nosotros y en vosotros, en vez del reino de la humanidad... La obediencia, según nuestras reglas. por supuesto abrazada y practicada religiosamente, es, sin discusión alguna, lo mejor y, me atrevo a decirlo, el único medio de llegar a ese feliz resultado de establecer y desarrollar entre nosotros el reino de Dios. Con ese reino, omnia bona pariter cum illo. Amen. Amen. (con él todos los bienes. Amén. Amén.).

Diles, pues, esto a todos los nuestros de mi parte... Éste fue el tema de la conferencia de esta mañana... La la y la 2' regla (del Sumario) son aptas para orientamos bien y para dirigir nuestros pasos: la primera, mostrándonos a Dios, su acción en nosotros y los medios para ayudamos a ser cooperadores abnegados y modestos, en vez de ser ignaví milites (soldados sin corazón) o, lo que no es mejor, paquetes pesados o perturbadores, la segunda, enseñándonos nuestro fin, por supuesto como lo entiende Suárez, que presenta por sí mismo la inteligencia de toda letra y espíritu de las reglas (L).

 

Pequeños, sumisos, contentos, constantes

Adelante siempre, a través de todo lo que Dios permite. para enseñar, ejercitar y manifestar a los elegidos... Rezar, clamar misericordia, socorro... y, luego, actuar dentro de los límites del oficio, siempre pequeños. sumisos, contentos y constantes. Sea esta nuestra divisa. el fin de los esfuerzos, pues Dios no dejará nunca de bendecimos (L).

 

Nuestra verdadera condición

¿Por qué necesitamos rezar? Porque se necesita unir el instrumento a la mano que lo sostiene. Sin eso. nada puede. Por eso, la Iglesia nos hace clamar continuamente con gemidos: ¡Socorro! ¡Socorro!

Nuestro estado es como el del hombre angustiado que pide socorro. No descuida los esfuerzos, se agarra a todas las ramas para no ahogarse. pero no cuenta para nada con ellas. ni con sus esfuerzos... Y cuando lo salvan, no se atribuye nada.

Así somos. ¿Acaso es un mal que nos lo digan, que nos lo hagan sentir? ¿Por qué la verdad zahiere nuestra susceptibilidad? ¡Cuántos actos, por desgracia, realizados fuera de nuestra verdadera condición! ¡Actos hechos con buena fe, llenos de buenas intenciones! ¡Deplorable! (I)

 

Maná escondido

Yo luché de la manera más enérgica contra la idea del título de misionero apostólico. ¿Para qué quieres que sirva?-dije a fulano...‑ Sólo sirve para malhumorar a los obispos; y no veo la razón de cambiar de opinión al respecto. Es verdaderamente incalificable,‑ pero. ¿qué le vas a hacer? (27) Cuando uno tiene ideas fijas, es tan difícil deshacerse de ellas. Y luego, uno cree que está perdiendo el tiempo cuando las cosas no andan según las invenciones de la imaginación. Sobre todo, no sabemos comprender, apreciar y abrazar corde magno et animo volenti et constanti (con un corazón generoso y un espíritu valiente y constante), una oscuridad, una esterilidad, incluso fracasos en los que nos vemos envueltos por obediencia. Es el maná desgraciadamente escondido aún para algunos.

No debes descuidar nada por combatir con energía toda tendencia opuesta a esta conducta que es un deber de estado Y el gran medio de granjearnos siempre las bendiciones del Señor y así conciliar el respeto. la confianza y el afecto de los hombres, al menos terminar por ahí. En tu caso, no debieran existir las tendencias contrarias. incluso con una autoridad malévola. Hoy en día, esas tendencias son de una injusticia que salta a la vista y, si ocurrieran, sería escandalosa... Dios mío. aquí estoy. Da nobis recta sapere et de ejus consolatione gaudere (Concédenos gustar lo que es recto y gozar de sus consuelos) (L).

 

Humildad de un santo

Tengo 47 años. Nunca he sentido tan profundamente la excelencia de mi origen celestial, lo importante de mi fin, los medios de todo género que Dios ha puesto a mi alcance para llegar a todo esto. ¡Cuántas luces comunica el Señor a mi espíritu para conocer lo que hice, lo que debí hacer, lo que debo hacer en el futuro! ¡Qué energía comunica su gracia omnipotente a mi voluntad para emprender su servicio y todo lo que concierne la gloria! ¡Cuántos remordimientos ha suscitado en mi corazón después de tantas infidelidades, ingratitudes y negligencias! ¡Dios mío, dígnate concederme cada mañana pensar durante la oración, en algunos actos de humildad a determinar, que podría realizar a lo largo del día (V).

 

Estar en su lugar

Todos admiran al hombre que no hace ostentación, que sólo se muestra, por su fuerza y a pesar suyo, totalmente discreto, reservado, caritativo, paciente; que evita, sobre todo, preocuparse de lo que no le corresponde. Un espíritu opuesto, siempre dispuesto a inmiscuirse sin misión, sin gracia de estado, incluso sin reflexionan, dispuesto a controlar y a criticar todo, pisoteando, no digo las leyes de la dulzura y de la caridad cristianas, sino los más estrictos modales de una simple educación, todo eso impide establecer mejores obras y echa por tierra las mejores obras fundadas.

Hace años se trataba de fundar una casa de las Hermanas de la Cruz en Barcus (Diócesis de Bayona). Los superiores propusieron a una de las Hermanas. A alguien se le ocurrió decir: "¡Pero si esa Hermana no tiene la formación requerida!" Estas palabras deshicieron todos los planes y poco a poco desaparecieron las personas que habían decidido aportar los fondos necesarios a una obra tan útil. Dios mío, menudo beneficio impidió una observación imprudente y molesta. Había que callarse y no ahogar los gérmenes del bien y no destruir a prior¡ los planes de la divina Providencia al expresar ideas propias y llenas de pretensión.

Un sacerdote tenía planes de beneficencia y estaba muy dispuesto a realizarlos. Nada más abrir la boca, sin que hubiera orden alguna, contra toda regla de humildad, de obediencia, de prudencia, lo cuestionaron. Vivamente ofendido, se alejó de nosotros.

Sé que no hay que ser esclavo de las ideas ajenas, pero tampoco hay que ser el verdugo. Debemos favorecer la buena semilla para que se desarrolle cuando y como Dios quiera (V).

 

Ejemplo personal

En Saint‑Palais, en casa del señor cura, yo, tan lento V tan torpe el] los estudios, llevaba además el trabajo de dos empleados domésticos. Me prestaba a ello de buena gana. Estudiaba por la noche. De día. cuidaba del caballo de mi amo, ayudaba en la cocina. Así, en compensación. hallaba más abundancia y bienestar de los que pudiera esperar de cualquier pariente y amigo.

En el obispado, tuve que aguantar el mal humor de la cocinera. Mi venganza consistía en limpiar alegremente ollas y cacerolas y terminó empleando su tiempo libre en coser mis pañuelos o en lavarme la ropa. Cuando me fui a Aire, ¡menudo almuerzo me preparó! Don Haramburu, al verme sentado delante de semejante banquete, me dijo, sonriendo: ¡Ay. amigo! ¡No tendrás siempre estos festines principescos! Y cuando me despedí de Don Honnert (secretario de Monseñor Loyson), como no había pensado en absoluto en el medio de transporte: "Claro, amigo mío.- me dijo-¿a que no tienes dinero para viajar?-Pues, no, señor.-Bueno, pues toma para tu bolsillo". Eran dos monedas de oro (unos 40 francos).- ‑,Tienes dinero sencillo?- No, señor.- Toma. Eran siete monedas de tres francos cada una... Ahí tenéis la manera de acertar en los emprendimientos (V).

 

Pensamientos

Cuanto más sabios, más debemos cuidar de que no nos venza la pereza o la presunción (I).

Servirse de los talentos que Dios nos da: don de la palabra, talento de profesor. Poner toda la elocuencia de que somos capaces y, puesto que hay que hacerlo, echar esa polvareda a los ojos de la gente. No será demasiada. Sed como Fenelón, Bossuet. Pero, después: servi inutiles sumus y, con Jeremías: "Señor, soy un niño, no se ni siquiera balbucear" (I).

La vida es un asqueroso estiércol, cubierta por preciosa capa, una espina bajo una flor. Crees que las pretendidas dulzuras de la vida te van a dar felicidad; y, después de experimentarlas en toda su extensión, decís extrañado: ¿Ese es todo el placer que me prometieron? Eso no es todo: el corazón se queda más alterado, lo corroe el remordimiento, se envenena tu vida (C).

Es verdad que en el siglo de oro, el corazón hacía cometer faltas pero se sabía lo que se hacía y se plasmaba en hermosos escritos. Hoy en día. el corazón y el espíritu son mimados. No se sabe lo que se quiere y lo que se piensa. Por eso, nunca hubo más libros que ahora y libros vacíos de sentido. Libertinaje e ignorancia subyacen debajo de sonoras y pomposas fraseologías difusas e ininteligibles, en donde el mejor microscopio no encuentra nada (C).

Sin Dios y entregado a ti mismo, ¿no serías, acaso, un Tiberio, un Nerón o, mejor, un tigre y un puerco?

Concebido en pecado, yo mismo lleno de pecado. ¿puedo. quizás, olvidar mi pequeñez y compararme, preferirme a los demás? David recordaba siempre esas verdades: ecce in iniquitatibus conceptus sum.... peceatum meum contra me est semper (en pecado me concibieron.... mi pecado está siempre delante de mí (Sal. 50). Ese es el buen teólogo. No me hablen de otra teología (C).

 

N o t a s

 

(1) Congregación fundada a principios del s. XIX por san Andrés Hubert Fourriet y santa Juana Isabel Bichier des Ages.

(2) Un santo vasco: el Beato Miguel Garicoits, de Gigord, 1936.

(3) Véase este relato en Bemoville, cap. IX: Triunfo del P. Garicoits.

(4) Correspondencia de San Miguel Garicoits 1 y 11, P. Eduardo Miéyaa (fuera de comercio).

(5) Charla dada en el seminario de Bayona. El texto completo fue publicado en el Echo de Betharram, enero-febrero de 1933.

(6) Vida y Cartas del P. Miguel Garicoits por el R.P. B. Bourdenne, 2' edición, 1889, p. 206-207.

(7) Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad. Se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz

(8) Ver la continuación de este texto importante.

(9) Escrito del santo sobre la Forma de vida de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

(10) La biografía del P. Etchecopar, tercer Superior General de los sacerdotes del Sagrado Corazón de Betharram, se publicó en 1937 (Ediciones Spes) por el P. Pedro Femessole. Su beatificación ha sido iniciada ya en Roma y el proceso apostólico está terminado.

(11) Colección de Pensamientos del R.P. Miguel Garicoits. Toulouse. Privat, 540 pág. in 32, 1890.

(12) Lugar de ejercicios militares en Bayona.

(13) Alusión a una conversación de Tauler, recogida por Surius. Tauler se encuentra con un mendigo a la puerta de la Iglesia. Éste le dice cómo encontró la felicidad en la renuncia a toda creatura para unirse sólo con Dios (Sermones de Tauler, traducidos por Ch. Sainte-Foi, Pousselgue, 1855, t, 1, p.65-67).

(14) San Miguel se sitúa aquí en el plano del destino eterno y no en el de la simple justicia conmutativa que regula las relaciones particulares entre los hombres.

(15) Estas notas son un resumen de una nueva meditación o el bosquejo de una charla. Encontramos muchos semejantes en los escritos.

(16) Alusión al golpe de Estado de Napoleón III.

(17) Alusión a los sufrimientos que marcaron el papado de Pío IX.

(18) Alusión a las rocas que dominan el santuario de Betharram.

(19) Estas palabras con que San Miguel gustaba resumir su ideal, están extraídas de Suárez (Rel. Soc. Jesu, Lib. 1, cap. 2, n. 8).

(20) El Uno. Leonide nació en Lestelle, cerca de Betharram. Entró como hermano lego y murió, como si fuera predestinado, a los 15 años. San Miguel, que lo conoció de pequeño, hablaba de él, luego de su muerte, así: "Amemos la Cruz, como el Hermanito Leorude, que todos conocisteis. ¡Qué maravilloso niño! A los 5 años, en lo más crudo del invierno, se hacía despertar, bajar de la cama, por su padre. Llamaba a nuestra puerta y se iba a la capilla. Tales felices disposiciones se multiplicaron con la edad. Admitido en la comunidad como Hermano, se convirtió, por su piedad y su amor a la Cruz, en modelo de los Hermanos. Niño como era, sabía la brillante filosoria del crucifijo, al punto de ser admirado por todos los que lo trataban (Vida, la Ed., p. 276).

(21) Secretario de Mons. Loyson, obispo de Bayona.

(22) "Lo hice un ser espiritual, incluso en la carne... Y ahora se ha vuelto carnal, incluso en el Espíritu" (Bossuet, Elevaciones, 7 a Sem., Y Elev. Cf. san Agustín, La ciudad de Dios, Lib. XIV, Cap. 15. P.L. 61, 423).

(23) Vicario General de la diócesis de Poitiers y superior de las Hijas de la Cruz.

(24) Evaristo Etchecopar, tío del futuro P. Augusto Etchecopar.

(25) Alusión al desafortunado Sauzet, ejecutado el 27 de Febrero en Pradelles (Haute-Loire) y cuya muerte fue muy edificante.

(26) Se trata del P. Passaglia, salido de la Compañía de Jesús en 1859. La prueba, como intuyó san Miguel, le resultó favorable: murió en 1887. reconciliado con la Iglesia.

(27) Esta reprimenda de san Miguel apunta a las gestiones hechas por algunos misioneros de América ante la Santa Sede para obtener más amplios poderes a fin de ejercer el ministerio sacerdotal en otras provincias. fuera de la diócesis de Buenos Aires.

(28) Alude al suplicio de Sauzet. Según declaraciones del sacerdote que lo asistió, san Miguel creía en la inocencia del condenado quien, calumniado, aceptó con heroísmo la muerte antes que denunciar al verdadero culpable.

(29) Industrias para curar las enfermedades del alma: publicación del P. Claudio Aquaviva -finales del s. XVI-, Superior general de la Compañía de Jesús. San Miguel apreciaba mucho esta obra y la recomendaba mucho a los superiores.

(30) Obra publicada en los inicios de la Compañía y que contiene preciosas indicaciones para hacer con provecho los Ejercicios Espirituales de san Ignacio.

(31) Mons. Lacroix, al no querer establecer la comunidad de Betharrani como Instituto religioso, permitió, con muchas restricciones, pronunciar los votos.

(32) Bossuet había dicho casi lo mismo: "Sin apenamos por rebosar de pensamientos ambiciosos, preocupémonos por alcanzar horizontes lejanos de bondad; y, en oficios delimitados, tengamos una caridad infinita (Sermón sobre La ambición, Ed. Lebarq, T. 4, p. 153 ».

(33) El venerable P. Luis Eduardo Cestac, fundador de las Siervas de María de Anglet (Bayona).

(34) El P. Rossigneux era catedrático de Universidad.

(35) Era el momento en que el P. Garicoits sometía a Mons. d'Astros el proyecto de fundar el Instituto.

(36) San Miguel recurre muchas veces al ejemplo del ferrocarril y saca diversas conclusiones. Su espíritu, muy sensible al progreso, estaba fuertemente conmocionado por el tipo de locomoción, nuevo entonces, que cambiaba considerablemente las condiciones de los viajes y facilitaba así los desplazamientos de los misioneros.

(37) San Alfonso Ligorio era hombre de experiencia. Encaraba las cuestiones, las verdades, del lado práctico. Era prácticamente práctico, practico practice. ¡Cuántas aberraciones en los que miran las cosas especulativamente! ¡Cuántas falsas decisiones! Jansenistas apartando a pueblos de la comunión y dejándolos vivir como animales. [ Apreciación valorativa del P. Garicoits ]

 

El origen de los textos se indicará por las siguientes letras:

 

E: Escritos de San Miguel

L: Cartas

P: Libro de Pensamientos

I: Cuaderno inédito de conferencias de san Miguel.

C: Cuaderno del Hno. Cachica, escolástico, que recogió preciosos apuntes de las conferencias y de las clases de san Miguel en 1858 y 1859. S: Sumario de testimonios en el proceso de beatificación.

V: Vida de san Miguel, por el P. B. Bourdenne