11 ABNEGACIÓN

Los ministerios predilectos

Siempre dispuestos

Eclipsados y abnegados

Campamento volante

El culto del deber actual

Abnegarse en el oficio

Inmensidad de la caridad en los límites de la situación

Nada de holgazanes en el Instituto

Pensamientos 11


11 ABNEGACIÓN

La humildad y la obediencia, cuando se practican en seguimiento de Cristo, tienen una cierta connotación de pasión dolorosa e imponen el la naturaleza una limitación destinada a purificarla de toda presunción. Pero, en actitud de sumisión, no tiene que degenerar en languidez o en depresión, menos aún en un quietismo malsano.

San Miguel no cayó en la tentación de desazonar la sal del Evangelio. Por eso, hasta su muerte, nunca dejó de predicar la abnegación para mantener el Ecce venio en toda su espontaneidad y vigor de su impulso. Por ahí, el discípulo del Sagrado Corazón se apropia la generosidad del Maestro y se desgasta sin importarle nada, dentro de los límites estrechos de los deberes más humildes. Es lo que llamaba san Miguel: "practicar la inmensidad de la caridad dentro de los límites de nuestra situación ".


Los ministerios predilectos

El espíritu del Instituto es la abnegación en las obras que los demás no quieren; por ejemplo, la obra de Orthez para niños pobres, en unos bancos carcomidos, llenos de polvo y demás cosas: esos son nuestros ministerios predilectos (P)

 

Siempre dispuestos

Hacer la voluntad de Dios, en donde estamos, sin metemos en otros asuntos: esa debe ser una de las principales decisiones del retiro. Dios me había llamado a Betharram: por eso quise siempre estar en Betharram. Se hablaba de Santa María de Olorón; siempre estuve dispuesto a obedecer cualquier orden del Sr. Obispo...

Pero, en lo que me concierne, quise y quiero quedarme en donde la divina Providencia elija, trabajando en donde ella trabaja (P).

 

Eclipsados y abnegados

¿Qué hay que ver siempre? - El fin de la vocación.

¿Cuál es el religioso que tiene verdaderamente el espíritu de nuestra vocación? ﷓ El que se dedica total y exclusivamente a su oficio, con profunda humildad, con vivo reconocimiento a Dios, con gran generosidad para responder a la gracia, sin ir más allá de ella, ni salir de los límites del oficio. Esos son los caracteres de las verdaderas vocaciones, de la verdadera santidad querida por Dios, colmada de sus beneficios. Fuera de esa humildad, de esa fidelidad generosa y discreta que hace decir: "¿Yo, tan miserable y en tal vocación y en tales empleos? ¡Señor, qué bondad!". fuera de todo eso, se pueden dar apariencias de virtud; sin embargo, todo lo que brilla a los ojos de los hombres no es puro a los de Dios.

A menudo, hombres bien intencionados y por otra parte instruidos, cometen las peores faltas, hacen llorar al Obispo, a los superiores. Son para ellos estorbos, obstáculos, por falta de humildad, de discreción, de fidelidad a mantenerse en los límites del oficio. Quisieran el bien, se apegan sinceramente al bien; creen realizarlo; pero, porque es el bien que quieren ellos y no el que Dios quiere, se pierden, se descalifican, actúan apoyados en un brazo humano. Guiados por el espíritu personal, truecan el pan de vida por frutos de muerte. Son una carga para Dios y para los hombres: "Non enim qui seipsum commendat, ille probatus est (Que no es hombre de probada virtud el que a sí mismo se recomienda) (2 Cor. 10, 18).

Así no fue la conducta de san Pablo. Decía a los Corintios: "Porque no traspasamos los límites debidos, como sería si no hubiéramos llegado hasta vosotros: hasta vosotros hemos llegado con el Evangelio de Cristo (2 Cor. 10, 14).

"Dios no quiere - prosigue el apóstol - que, bajo ningún pretexto. ni con cualquier finalidad, aunque fuera para predicar el Evangelio, vayamos a usurpar la voluntad de Dios, a ir más allá de los límites de la vocación: Non enim superextendimus nos. No sería eso un motivo de gloria, non in aliena regula gloriari; sería más bien de confusión.

No queremos, pues, invadir el terreno ajeno; ni gloriamos desmesuradamente de extender el Evangelio, ya que toda santidad y justicia no lo es tal a los ojos de Dios. Non enim qui scipsum commendat ille probatus est. A ejemplo de tan gran apóstol, mantengámonos dentro de los límites del oficio y ahí consideremos nuestra miseria y la bondad de Dios. Es el camino del amor santo y, según san Agustín, tenemos todo cuando tenemos amor: pues somos un mismo espíritu con Dios: Qui diligit me, diligetur a Patre meo et manifestabo ei meipsum (El que me ama. será amado de mi Padre y yo lo amaré y me manifestaré a él) (Jn. 14. 21);. qui autem adhaeret Domino unus spiritus est (El que se adhiere al Señor se hace un espíritu con Él) (1 Cor. 6, 17).

Pero, en los límites del oficio, hay que abnegarse, desgastarse, no de mala manera ni desperdigando fuerzas, sino dentro del orden de la obediencia, de las reglas, con la constancia y celo de la gente del mundo en los asuntos temporales.

Con ese celo y ese espíritu de sacrifico se forman en las buenas comunidades los hombres más instruidos, los obreros más trabajadores en todo, en las profesiones, en la agricultura, etc. Ejemplo: los trapistas en los trabajos agrícolas, las Hijas de la Caridad en la atención a los enfermos. Vemos a gente del mundo pagar enormes sumas de dinero para que esas religiosas los traten mejor en sus enfermedades. Que por nuestra poca abnegación, no digan de nosotros palabras como éstas: "Son unos holgazanes; hombres a medias". ¡Vaya escándalo, permitir que digan de religiosos que son hombres a medias! ¡Pobre de aquél por quien venga el escándalo! ¡Vae homini illi per quem seandalum venit! (Mt. 18, 7) Una vez más no exageremos en el trabajo pero sepamos también desgastamos, dispuestos a dar la vida, si fuere necesario. Dándola, iremos a juntamos para siempre con nuestro Señor Jesucristo (P).

 

Campamento volante

Estemos siempre dispuestos a ir a cualquier parte a donde la obediencia nos llama. Debemos ser campamento volante, sacerdotes auxiliares, desprendidos de cualquier obra particular, yendo, a la voz del Obispo, a todos los sitios.

Yo, en Igón. Una anomalía que dura 30 años. No había pedido el puesto. Me han sacado dos veces y lo he consentido voluntariamente. La primera vez, cuando se suprimió la casa de Hasparrén, cuando Don Perguilhem fue nombrado cura de Labastide. Entonces, vino Don Claverie en persona a instalar como capellán de las Hermanas de Igón a Don Guimón. Más adelante, me volvieron a poner como capellán del mismo sitio. ¡Qué paciencia les ha hecho falta a esas monjas para aguantarme las irregularidades del servicio durante tanto tiempo.

Los domingos decía una misa en la capilla de Betharram, luego confesaba a los peregrinos. A veces, eran las once cuando salía para Igón. Las Hermanas me esperaban en ayunas. Les decía la misa en la capilla del convento y les daba la comunión. Así hacía: repartiéndome entre Betharram e Igón. Aun con más orden y regularidad, la cosa no habría ido mejor, ni en Igón ni en Betharram.

Con esta manera de hacer, el Señor nos enseña que no tiene ninguna necesidad de los hombres y que hace prosperar lo que quiere, con medios poco conformes a la sabiduría humana. ¿Cuándo la escuela de Betharram brindó mayores servicios más que en tiempos del Sr. Elizabide y de un santo original como Don Arabéliére? Había entonces conversiones espectaculares. Muchos jóvenes, a penas entraban en la escuela, dejaban los malos hábitos y se transformaban como por milagro. Al Señor solo toda gloria, soli Deo honor et gloria (1 Tim. 1, 17). Quiere esta justicia y qué fácil es rendírsela cuando hemos sido instrumentos tan miserables; pues -y se reía- ¿cómo puede ser que un sombrero, demasiado pequeño para una sola cabeza, pueda tapar a dos a la vez? Ahora que hay capellán en Igón, quizás Dios quiera regularizar todo: amén. Por ahí tiene que acabar todo.

 

El culto del deber actual

Hay que trabajar en la obra de Dios alegremente, con fuerza, día a día, sin preocuparse del éxito ni del día siguiente. A cada día le basta su pena... Me ofrecen una misión. ¿Dará resultado o no? No tengo que inquietarme, sino caminar con la fe de Abrahán. Debo hacer lo que Dios me dice a través de sus lugartenientes y como me lo dice... Lo demás, sólo es preocupación inútil, embrollo y tentación que no debo escuchar.

Si tuviéramos que escuchar todo lo que se dice, todo lo que sale de la boca de los que se creen sabios juzgando sin que se lo manden, a pesar del nolite iudicare, condenando sin que se lo ordenen, haciendo gala de una sabiduría rechazada por Dios... Sapientiam sapientium reprobabo (1 Cor. 1, 19). Desgraciadamente, esa falsa sabiduría se sigue demasiado, por ejemplo en política. ¿Qué debería, además, hacer el Jefe de Estado? Entrar por la senda de la Providencia, bajo la dirección de los superiores y, luego, sea lo que Dios quiera. Al menos se consolará con el hecho de cumplir su deber.

Entonces, día a día, desempeñemos la tarea porque Dios lo quiere y como lo quiere, aunque tengamos que cambiar mañana de oficio y de método, por la misma razón que estamos abocados al oficio y al método actuales, es decir, por causa de la obediencia.

Cambiar por otro motivo, inquietarse por otras cosas, sería desatinar, renunciar al buen sentido.

Que me critiquen, que me llamen esto o aquello, ¿puedo, por esa razón, dejar lo que, según la vida de los santos, según la experiencia, es voluntad de Dios y la sola condición del bien?

Si san Ignacio, san Alfonso de Ligorio hubiesen escuchado las críticas, las contradicciones que les asaltaban, en vez de ser auxiliares serían estorbos, en vez de canonizarlos, estarían quizás en el infierno...

Hay gente que pretende ser portavoz de una censura venida de arriba: "El Obispo dijo esto; el Papa dijo lo otro". Hay que pensar, tendríamos que haberlo hecho...

que quieran.

Hagamos lo que Dios quiere, como lo quiere y, luego, que digan lo

-¿Y el éxito?

-No nos juzgarán por eso. El éxito depende de Dios, se lo ha reservado: no nos metamos en lo que Dios se reserva (P).

 

Abnegarse en el oficio

Me confían la clase de primero. Me ocuparé de todo corazón. Ejerceré la inmensidad de la caridad: primero, dominando el programa; luego. enseñando todas las asignaturas a los alumnos con orden y lo más completamente posible, sin salirme de los límites de mi situación, sin ocuparme de más cosas.

Un hermano panadero procurará, pues, arreglar y tener todo limpio y bien ordenado, listo para rendir cuentas cada día, dispuesto a dejar el puesto sin dejar nada en desorden, de manera que el reemplazante esté en seguida al corriente de todo.

Esa es la teoría, pero qué lejos está la práctica. Un excelente mo~ delo, Abrahán: Dios habla y él camina sin ese andamiaje de juicios, dificultades, imposibles absurdos que podrían suministrarle muchos de nuestros teólogos y filósofos; o, si experimenta esos sentimientos contrarios al orden de Dios, los rechaza con horror. A todos los pensamientos en contra. respondería como a Isaac: Dios proveerá, Dios tiene sus puntos de mira.

Obedece a Dios. Confía en Él. Pon en sus manos la solución del caso. Es la manera de triunfar. Yo mismo lo he experimentado.

Hubo un tiempo en que mandé hacer ciertos trabajos en Betharram. Me dijeron de hacerlo. Lo hice sin saber lo que resultaría y, en definitiva, a quién aprovecharía. En casa, algunos decían: %o nos dice nada". Eran intrigas domésticas, murmuraciones. No decía a éstos más que estas palabras: "Hago esto porque me han dicho de hacerlo y porque debo hacerlo. ¿Qué resultará? Pues, no lo sé".

Fuera me decían: "Lo sabemos todo y de buena fuente, de alguien que lo sabe antes que todos". Les contestaba: "Me extraña que lo sepa él mismo". Los hechos han justificado todo: mi silencio y mis respuestas. Esto es lo que me ha enseñado la experiencia (P).

 

Inmensidad de la caridad en los límites de la situación

 ¿Hasta cuándo permaneceremos sepultados en las tinieblas, aun estando en el resplandor más fulgurante? ¿Hasta cuándo estaremos sin comprender el deber y la ventaja de persuadimos de que podemos ejercer la inmensidad de la caridad en los límites de cualquier situación que nos ofrece la Providencia en las órdenes de los superiores" (32)

Por ejemplo, qué cosa más fácil e importante a la vez, para esos señores, convencerse profundamente de esta verdad tan fecunda y palpable: que están en donde Dios los quiere, para hacer lo que quiere y como lo quiere.

Sin salir de los límites de su situación, pueden ejercer la inmensidad de la caridad, trabajar perfectamente en su salvación y perfección. emplearse admirablemente en la salvación y perfección de los demás, muchos o pocos, pero incluso de todos los de casa y aliorum multorum (y muchos más).

Es una misión confiada por Dios: todo en ellos debe expresar, ante Dios y los hombres, el respeto, el amor y la entrega total a esta obra. a pesar de todas las voces adversas que puedan surgir, ya sea dentro o fuera de su mismo corazón.

Toda su conducta tiene que ser una protesta constante y enérgica contra todos esos clamores, enemigos encarnizados de todo bien, plaga y peste de toda sociedad y de toda caridad, como estos propósitos: "¿Queremos arruinar esta obra, echarla por los suelos, podremos cerrarla el próximo año, etc.?

Estas son expresiones que, con sus consecuencias satánicas, condenan a la esterilidad y a la ruina las obras mejor concebidas y las más divinas, sobre todo cuando los mismos auxiliares de Dios son los autores y los propagadores infatigables e incorregibles.

Verdaderamente no fue el caso del P. Leblanc, simple encargado del primer curso, quien, enviado de su destierro a Toulouse en 1830. solo con un Hermano nada más, cansados los dos para levantar en Francia las ruinas de la Compañía. Viviendo en la oscuridad y en la desnudez en todo y teniendo a penas donde poner la cabeza y de qué vivir miserablemente, practicó el ministerio de la palabra y de la confesión para el que había sido enviado, en la calle de la Inquisición, en una casa a penas habitable en parte (era el convento de santo Domingo).

Este buen religioso comprendió bien y muy pronto la excelsa misión encomendada. Por eso, durante dos años, se entregó totalmente; Y. al cabo de los mismos, sólo le llegaron cuatro Padres y dos Hermanos novicios.

Seguramente, durante esos dos años, haciendo todo lo que aconsejo aquí y siendo y mostrándose perfecto auxiliar de Jesús obediente. puso en aquella ciudad el fundamento de esas obras que se desarrollan verdaderamente de forma prodigiosa.

Así fueron esos innumerables instrumentos de que tantas veces se sirvió Dios para fundar, conducir, reformar. incluso resucitar tantas obras importantes. Insta in his (insiste en estas verdades) (1 Tim. 4, 16).

Sean todos los nuestros y muéstrense siempre auxiliares perfectos, nunca estorbos, obstáculos para el Sagrado Corazón de Jesús y para el superior. Dios te alcance esta gracia (L).

 

Nada de holgazanes en el Instituto

¿Qué perdió a Sodoma? El Espíritu Santo nos lo dice: "La ociosidad, madre de todos los vicios". Maldito el que hace las cosas de Dios con negligencia, maledictus qui facit opus Domini fraudulenter (Jer. 48, 10). Maldito. ¡Qué palabra! Y no se trata del abandono total de los deberes, sino de la negligencia en cumplirlos. A menudo, en una comunidad, la negligencia es un escándalo público.

La actividad de la gente del mundo nos hace avergonzamos. Por ejemplo, en una estación del ferrocarril, ¡vaya actividad que hay! En un abrir y cerrar de ojos, unos pocos hombres levantan, colocan, clasifican paquetes sin que nadie esté encima y eso por un poco de dinero. Los hijos del mundo son más prudentes que los de Dios; superan a éstos en espíritu de cuerpo, en celo por los intereses de la comunidad.

Nosotros tenemos trabajos diversificados. Deberíamos, pues, estar descansados al cambiar de ocupación...

Sepamos abnegamos bajo la mirada de Dios, acomodamos a todas sus voluntades, cooperar con el impulso de la gracia, en vez de sustraemos fraudulentamente.

Los ociosos son nulidades que se pierden lentamente.

San Vicente de Paúl decía a las Hijas de la Caridad que tenían que ser buenas campesinas. La buena campesina, al volver del campo, hace la limpieza, va a sacar agua, prepara la comida de la familia, vela por el orden y la limpieza de la casa.

¿No deberíamos tener la misma diligencia que ellas? Esto no es malo para la salud, mientras que la pereza, la negligencia, convierte a los hombres en paquetes.

 

Pensamientos

El amor nos hace ir más allá de lo que prescribe la regla (I).

A grandes decisiones siguen siempre grandes tranquilidades (C).

Para sí mismo, no tener miedo al mal antes de que acontezca: cuando acontece, no tenerlo por mayor de lo que es y no alarmarse; cuando desaparece, no preocuparse demasiado (I).

 

N o t a s

 

(1) Congregación fundada a principios del s. XIX por san Andrés Hubert Fourriet y santa Juana Isabel Bichier des Ages.

(2) Un santo vasco: el Beato Miguel Garicoits, de Gigord, 1936.

(3) Véase este relato en Bemoville, cap. IX: Triunfo del P. Garicoits.

(4) Correspondencia de San Miguel Garicoits 1 y 11, P. Eduardo Miéyaa (fuera de comercio).

(5) Charla dada en el seminario de Bayona. El texto completo fue publicado en el Echo de Betharram, enero-febrero de 1933.

(6) Vida y Cartas del P. Miguel Garicoits por el R.P. B. Bourdenne, 2' edición, 1889, p. 206-207.

(7) Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad. Se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz

(8) Ver la continuación de este texto importante.

(9) Escrito del santo sobre la Forma de vida de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

(10) La biografía del P. Etchecopar, tercer Superior General de los sacerdotes del Sagrado Corazón de Betharram, se publicó en 1937 (Ediciones Spes) por el P. Pedro Femessole. Su beatificación ha sido iniciada ya en Roma y el proceso apostólico está terminado.

(11) Colección de Pensamientos del R.P. Miguel Garicoits. Toulouse. Privat, 540 pág. in 32, 1890.

(12) Lugar de ejercicios militares en Bayona.

(13) Alusión a una conversación de Tauler, recogida por Surius. Tauler se encuentra con un mendigo a la puerta de la Iglesia. Éste le dice cómo encontró la felicidad en la renuncia a toda creatura para unirse sólo con Dios (Sermones de Tauler, traducidos por Ch. Sainte-Foi, Pousselgue, 1855, t, 1, p.65-67).

(14) San Miguel se sitúa aquí en el plano del destino eterno y no en el de la simple justicia conmutativa que regula las relaciones particulares entre los hombres.

(15) Estas notas son un resumen de una nueva meditación o el bosquejo de una charla. Encontramos muchos semejantes en los escritos.

(16) Alusión al golpe de Estado de Napoleón III.

(17) Alusión a los sufrimientos que marcaron el papado de Pío IX.

(18) Alusión a las rocas que dominan el santuario de Betharram.

(19) Estas palabras con que San Miguel gustaba resumir su ideal, están extraídas de Suárez (Rel. Soc. Jesu, Lib. 1, cap. 2, n. 8).

(20) El Uno. Leonide nació en Lestelle, cerca de Betharram. Entró como hermano lego y murió, como si fuera predestinado, a los 15 años. San Miguel, que lo conoció de pequeño, hablaba de él, luego de su muerte, así: "Amemos la Cruz, como el Hermanito Leorude, que todos conocisteis. ¡Qué maravilloso niño! A los 5 años, en lo más crudo del invierno, se hacía despertar, bajar de la cama, por su padre. Llamaba a nuestra puerta y se iba a la capilla. Tales felices disposiciones se multiplicaron con la edad. Admitido en la comunidad como Hermano, se convirtió, por su piedad y su amor a la Cruz, en modelo de los Hermanos. Niño como era, sabía la brillante filosoria del crucifijo, al punto de ser admirado por todos los que lo trataban (Vida, la Ed., p. 276).

(21) Secretario de Mons. Loyson, obispo de Bayona.

(22) "Lo hice un ser espiritual, incluso en la carne... Y ahora se ha vuelto carnal, incluso en el Espíritu" (Bossuet, Elevaciones, 7 a Sem., Y Elev. Cf. san Agustín, La ciudad de Dios, Lib. XIV, Cap. 15. P.L. 61, 423).

(23) Vicario General de la diócesis de Poitiers y superior de las Hijas de la Cruz.

(24) Evaristo Etchecopar, tío del futuro P. Augusto Etchecopar.

(25) Alusión al desafortunado Sauzet, ejecutado el 27 de Febrero en Pradelles (Haute-Loire) y cuya muerte fue muy edificante.

(26) Se trata del P. Passaglia, salido de la Compañía de Jesús en 1859. La prueba, como intuyó san Miguel, le resultó favorable: murió en 1887. reconciliado con la Iglesia.

(27) Esta reprimenda de san Miguel apunta a las gestiones hechas por algunos misioneros de América ante la Santa Sede para obtener más amplios poderes a fin de ejercer el ministerio sacerdotal en otras provincias. fuera de la diócesis de Buenos Aires.

(28) Alude al suplicio de Sauzet. Según declaraciones del sacerdote que lo asistió, san Miguel creía en la inocencia del condenado quien, calumniado, aceptó con heroísmo la muerte antes que denunciar al verdadero culpable.

(29) Industrias para curar las enfermedades del alma: publicación del P. Claudio Aquaviva -finales del s. XVI-, Superior general de la Compañía de Jesús. San Miguel apreciaba mucho esta obra y la recomendaba mucho a los superiores.

(30) Obra publicada en los inicios de la Compañía y que contiene preciosas indicaciones para hacer con provecho los Ejercicios Espirituales de san Ignacio.

(31) Mons. Lacroix, al no querer establecer la comunidad de Betharrani como Instituto religioso, permitió, con muchas restricciones, pronunciar los votos.

(32) Bossuet había dicho casi lo mismo: "Sin apenamos por rebosar de pensamientos ambiciosos, preocupémonos por alcanzar horizontes lejanos de bondad; y, en oficios delimitados, tengamos una caridad infinita (Sermón sobre La ambición, Ed. Lebarq, T. 4, p. 153 ».

(33) El venerable P. Luis Eduardo Cestac, fundador de las Siervas de María de Anglet (Bayona).

(34) El P. Rossigneux era catedrático de Universidad.

(35) Era el momento en que el P. Garicoits sometía a Mons. d'Astros el proyecto de fundar el Instituto.

(36) San Miguel recurre muchas veces al ejemplo del ferrocarril y saca diversas conclusiones. Su espíritu, muy sensible al progreso, estaba fuertemente conmocionado por el tipo de locomoción, nuevo entonces, que cambiaba considerablemente las condiciones de los viajes y facilitaba así los desplazamientos de los misioneros.

(37) San Alfonso Ligorio era hombre de experiencia. Encaraba las cuestiones, las verdades, del lado práctico. Era prácticamente práctico, practico practice. ¡Cuántas aberraciones en los que miran las cosas especulativamente! ¡Cuántas falsas decisiones! Jansenistas apartando a pueblos de la comunión y dejándolos vivir como animales. [ Apreciación valorativa del P. Garicoits ]

 

El origen de los textos se indicará por las siguientes letras:

 

E: Escritos de San Miguel

L: Cartas

P: Libro de Pensamientos

I: Cuaderno inédito de conferencias de san Miguel.

C: Cuaderno del Hno. Cachica, escolástico, que recogió preciosos apuntes de las conferencias y de las clases de san Miguel en 1858 y 1859. S: Sumario de testimonios en el proceso de beatificación.

V: Vida de san Miguel, por el P. B. Bourdenne