En avant! Beñat Oyhénart scj

Traducción: Daniel R Martín

 

Adelante, siempre adelante

“ Dios nos ha amado.

Nos ha amado de tal manera

Que nos envió a su Hijo.

Nosotros lo amamos,

porque primero Dios nos amó ” 

(1 Jn 4,10.19)

 

 

1 – Jesús, concédeme amar como Tú

Señor Jesús, nos entregas la Eucaristía;

te entregas totalmente a nosotros:

no hay un amor más grande posible.

Cuando te entregas con tanto amor,

ves partir a quien te va a traicionar.

Tú sabes dónde está, ¡y es allí adonde vas!...

Tus discípulos están temerosos,

y… de cuantos beneficios los has colmado:

                  ¡ qué cobardes son !

 ¡Guay!, yo me parezco demasiado. 

¿Cuántas veces no los he imitado?

Tú, mi modelo, estás tan calmo,

te olvidas de ti mismo... estás lleno de atenciones...

continúas amando con un corazón generoso... 

en medio de un océano de dolores.

¡Esto lo has hecho por mí!

Corazón de Jesús, sufres por mí.  Te quiero pedir:

 “Crea en mí un corazón puro,

renueva en mí un espíritu recto”  (Sal 50,2)

¡Oh Corazón  divino, te quieres volver mí corazón!

Es tu voluntad.

¡Viejo corazón mío, deja sitio al Corazón de Jesús!

¡Desaparece para siempre, viejo corazón!

¡Toma su lugar, Corazón de Jesús!

No quiero más rehusarte nada.

Concédeme amarte. Amén.          DS 47-48; MS 171

 

2 – Tú nos enseñas a orar

¡Padre nuestro!

Oh Cristo, hubieses podido comenzar esta oración

         por una palabra más importante: como “creador” o “Señor”.

Pero no has querido que tuviésemos temor,

has elegido una palabra que nos impulsa a amar, a confiarnos.

Gracias por habernos mostrado que Dios es

                  nuestro Padre siempre dispuesto al perdón,

nuestro Padre que siempre nos ama.

                                                                                              DS 57-58  MS 132

 

 

3 – Tú piensas en mí

¡Dios mío, has pensado en mí!        

¡Sin cesar, piensas en mí!

Tú, que con tu inmensidad llenas el cielo y la tierra,

delante de quien todo lo que existe, es como si no fuese.

¡Tú piensas en mí!

Y Jesucristo se deja desgarrar el cuerpo: busca sólo mi felicidad.

¡Dios mío, te alabo y te doy gracias!                         DS 58-59  MS 169

 

4 – Me abandono en Ti

Dios mío, no sé si soy agradable a tus ojos.

Enséñame a hacer siempre bien cuanto deba hacer.

Me abandono totalmente en tus manos paternales.

Ayúdame a cumplir lo que quieres, como lo quieres, donde esté, en cualquier situación.

No merezco tus beneficios.

 ¡Toda mi confianza está en Ti!                            DS 58-59 MS 189

 

5 – Frente a la adversidad

Dios mío, aún cuando llegue la adversidad, que sepa decir:

“¡Bendito sea tu nombre, Señor!”

Aún entonces enséñame la paciencia y el amor.

Enséñame incluso a decir “Sí” ante la adversidad

al menos con un comienzo de amor.                            MS 127

 

6 - Tú nos das la verdadera felicidad

Señor, nos das lo necesario para que seamos felices.

La felicidad no depende sino de nosotros mismos, de aquello que buscamos.         ..

A menudo nos quejamos de los otros o de lo que nos acontece.

Pero, Señor, lo primero que debemos buscar, es tu Reino:

el resto es minucia, y nos lo darás en abundancia.

Siempre nos concedes lo necesario, más aún lo mejor:

La vida contigo para siempre.                                         MS 127

 

7 – Me  arrojo en tus brazos

En tus brazos, Señor, me arrojo;

Tú me amas mucho más que yo, a mí mismo;

ya me amabas aún cuando todavía estaba en contra tuyo.

Ahora quiero obedecerte,

ahora quiero cumplir lo que te agrada.

Dios mío, me abandono totalmente  a Ti.

¡Soy todo tuyo!                                                               MS 128

 

8 – Ayúdanos a conocer tu voluntad

Dios Creador nuestro, 

te pertenecemos, queremos conocer tu voluntad y hacer lo que te agrada.

No podemos salvarnos por nosotros mismos.

A cada uno de nosotros, en lo profundo de su corazón,

nos haces conocer lo que es bueno y lo que no lo es, lo que es justo y lo que no lo es,

nuestros padres ensayaron seguir este camino.

Por Moisés nos das los mandamientos.

Por Jesucristo Nuestro Señor, nos has dicho la verdad toda;

por Él vuelves claro lo que nuestros padres buscaron y lo que tu Pueblo aprendió.

Queremos adorarte y amarte,

nada es más justo, más grande, más ventajoso.

Sin embargo somos débiles: que tu Espíritu  venga en nuestro socorro, te lo suplicamos

   pues jamás rehúsas tu Espíritu a quienes te lo piden –

entonces nos podrás ordenar lo que quieras.

“Nada es difícil para quien ama”

Enséñanos a seguir tu ley por amor;

ella nos muestra lo que te agrada;                                 MS 118-119

y lo que te agrada es que te queramos mucho.

 

9 - Tú eres mi todo, Dios mío

¡Eres mi todo, Dios mío!

Estás conmigo, en verdad nada me falta.

Señor, eres Tú quien me conduce.

Cuando necesito una gotita de agua me ofreces el océano.

Todo me lo das con abundancia infinita.

Fuera de Ti todo se hace difícil.

Enséñame a ser paciente, confiado y alegre.

“El Señor es mi pastor, nada me falta”.            

¡Tú eres mi Dios y mi todo!                                              DS 61-62

 

10 – Tú eres nuestro Padre

Padre nuestro que estás en el  cielo,

nos has creado para amarnos más que para mostrarte poderoso o sabio.

¡Sí, eres nuestro Padre y nos amas más que todos los padres de la tierra!

Tú nos ha creado a tu imagen y semejanza.

Cada uno de nosotros es  reflejo de tu grandeza.

Eres también nuestro Padre porque has hecho alianza con nosotros.

Y sobretodo,

eres nuestro Padre, porque eres el Padre de Nuestro Señor  Jesucristo.

¡Qué gran misterio a contemplar!                           MS 131

 

11 – Dios, nuestra fortaleza

Dios Padre nuestro,

en tus poderosos brazos podemos apoyarnos:

nos amas inmensamente.

Cuando estamos fatigados o inquietos,

estás ahí... y  podemos reposar en Ti...

Solos, no podemos hacer nada, sino agitarnos inútilmente.

En Ti ponemos toda nuestra fe,

Dios nuestro Salvador, Dios nuestro Padre.

Aquí estamos delante de Ti, sin inquietud, como niños inocentes y simples,

te confiamos nuestras ansiedades y nuestro futuro.

Sabemos que estás cariñosamente a nuestro lado, noche y día, sin cesar.

Somos débiles, eres nuestra fortaleza

Somos pecadores, pero confiamos en Ti.

Nos entregamos completamente a Ti, con fe y con amor      DS 59-60

 

12 – Señor, eres nuestra fortaleza

 Señor, eres nuestro amigo ¡y qué amigo!

Cuanto pide la amistad, Tú lo cumples.

¡Eres un amigo incomparable!

No, nadie entiende como Tú lo que es un verdadero amigo.

Nadie busca tanto como Tú ser un verdadero amigo.

¡Y Tú, Señor, Rey Todopoderoso, quieres estar conmigo!

¡Aquello que los más sabios de este mundo creen imposible, Tú lo realizas con nosotros!

Nos disponemos a escucharte sin dilaciones,

con todo nuestro empeño, para nuestra mayor felicidad.               MS 107

 

13 - ¡Cuánto nos amas!

¡Oh Dios, cuánto nos amas!

¡Has descendido a nuestro nivel, te has empequeñecido,

y hasta qué punto!

Sin embargo nos hemos olvidado de tu generosidad;

nos servimos de tus beneficios en contra tuyo;

nos volvemos desagradecidos, no tememos ofenderte.

Y Tú, sigues amándonos,

nos soportas, vienes  hacia nosotros, nos buscas... corres hacia nosotros....

Cuando retornamos sinceramente a Ti, nos quieres mucho más

y nos colmas de beneficios.                                    MS 151

 

14 – Dios se me ha entregado

No valgo nada... pero soy un ‘hombre’.

 Tú eres mi Dios, el Todopoderoso, y te vuelves un ‘ser humano’.

Tú te me entregas en Jesucristo:

ha nacido por nosotros, nos ha sido entregado.

 Dios mío, quieres obrar como hombre;

y Tú enseñas al hombre a obrar como Dios.

 Danos pensar y obrar como Tú.                                 MS 153

 

15 - Por siempre, honor y gloria a Ti

Dios Creador,

Dios de quien viene todo don perfecto. Dios el único inmenso.

¡Gloria  y honor por siempre!

“¡Mi alma canta la grandeza del Señor!”

¡Sí, ciertamente, el Señor es grande!

¡Yo le canto!.         (Luc. 1,46)                                        DS 76

 

16 – Jesús, el Hombre-Dios nos une con Dios

¡Gracias,  Señor  Jesús!

Has descendido hasta nosotros... hasta el barro de nuestra carne:

“El Verbo se hizo carne”

“La Palabra se ha hecho un ser humano” (Jn 1,14).

Nos has vuelto no sólo espirituales, sino divinos.

Gracias a Ti, Dios llegó a ser hombre;

nuestras acciones aún las más ordinarias,

como el beber, el comer o el dormir, son dignas de Dios.

Tú estás en un comedero de animales:

sufres el frío y la humillación de la pobreza,

únicamente porque  nos amas.

Enséñanos a amarte, vuélvenos generosos,

Gracias a Ti, oh Cristo, que nos vuelves fuertes,

somos capaces de todo. (Fil. 4,13)

¡Gracias, Señor Jesús!                                    DS 108  MS 154

17 – Dios nos ama

Dios mío, eres el amor siempre y en todas partes presente.

Sin embargo muchos hombres te olvidan

viven como si no existieras.

Para que se acuerden de Ti, para que te amen, a Ti su Creador,

les entregas a Jesucristo Nuestro Señor:

haciéndose hombre, tu Hijo nos permite verte, incluso tocarte.

En el pesebre o en la Eucaristía,

es Dios mismo quien nos muestra su amor

y salva a la humanidad toda.

“Este amor nos enseña a rechazar

la impiedad y las concupiscencias del mundo

para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad.” (Tt.2, 12) 

Por tu Hijo Jesús

todos nosotros podemos verte y escucharte,

enséñanos el camino a seguir.

Te agradecemos  por este Maestro que nos das

y que nos atrae siempre hacia Ti.                        DS 109  MS 151-152

 

18 – Dios derretido en amor

Dios mío, de tal manera amaste al mundo

que le entregaste a tu Hijo Único (Jn 3,16).

Eres un Dios derretido en caridad: ¡eres amor, tan sólo amor!

Nos atraes hacia Ti, estás siempre en búsqueda nuestra,

te sacrificas por nosotros y sin embargo escapamos a tu amor.

Nos das a tu Hijo para instruirnos y unirnos a Ti, su Padre .

 Tú que eres plenitud de bondad y de amor,

ilumínanos ahora,

sálvanos siempre.

Aleja de nosotros los falsos razonamientos. ¡Danos una fe viva!

Ayúdanos a parecernos a los pastores de Belén:

quienes adoraron al Salvador del mundo

envuelto en pañales y recostado en un pesebre.  DS 110-111

 

19 –  Corazón apasionado

Regálame un corazón que ame de verdad.

Un corazón que crea, que guste las cosas de Dios:

que corra y vuele tras los pasos de Nuestro Señor Jesucristo.

Desarrolla en mi corazón ese germen divino que es el amor.

Dame un corazón humilde y discreto, dispuesto a compartir la cruz del Salvador.

Enséñame a caminar sin resistencias, sin murmuraciones, sin inquietud.

¡Seguirte Jesús me basta!

¡Regálame un corazón ardiente y apasionado!      DS 111-113

 

20 – Gracias por la Eucaristía

Dios Padre nuestro,

con  Jesús queremos adorarte, alabarte, y decirte: “¡aquí estamos!

nos entregamos totalmente a Ti, para  tu gloria”.

Danos tu Espíritu, para que vivamos de tu vida divina.

Te damos gracias por la Eucaristía que nos entregas,

es el alimento de tus hijos, nos vuelve todavía más tus hijos.

Enséñanos a comportarnos como auténticos hijos tuyos.

Eres el Padre que nos regalas este maravilloso don: por tu Hijo y por tu Espíritu

                                                ¡nos amas realmente!

Nuestra deuda por este grandísimo regalo es inmensa.

Queremos amarte, obedecerte e imitarte;

queremos corresponderte como te lo mereces.

¡Padre, inmenso es tu amor!                                             MS 171-172

 

21 – Maestro interior y Espíritu de Amor

Dios mío, te haces el Maestro de nuestros corazones,

quieres hacernos felices...  nos das tu propia felicidad...

Maestro interior, queremos concurrir a tu escuela, nos ponemos bajo tu conducción.

Danos santos pensamientos y permítenos realizarlos.

Que nuestras oraciones y acciones comiencen en Ti y que terminen en Ti.

Nos ponemos bajo la conducción de tu Espíritu de Amor,

que todo nuestro ser, cuerpo y alma, no tenga sino un único movimiento,

un sólo impulso; que se ponga bajo la conducción de tu Espíritu de Amor;

que diga sin cesar: ¡Aquí estoy!                             DS 145-146

 

22 – Vivir en tu alegría

Padre, déjame vivir en tu alegría,

que se irradie en toda mi conducta,

en mis relaciones contigo.

en mis relaciones con mis hermanos;

aún más, que se irradie desde mi mismo.

Tienes tu mirada puesta en mí,

para volverme puro,

para protegerme,

para colmarme de tus beneficios.

Con María digo y repito sin cesar:

“Mi alma canta la grandeza del Señor”

Sí, verdaderamente, El Señor es excelso. ¡Yo lo alabo!

Mi buen Padre Dios,  me miras y mi ser se inunda de alegría.

En Ti, toda mi fe.

En Ti, toda mi confianza y esperanza.

En Ti, todo mi amor.

Enséñame a amar a mis hermanos

y a entregarme a su servicio.                           DS 135

 

23 – En lo recóndito de mi corazón

Oh Dios, no cesas de hablarme en lo recóndito de mi corazón.

Anhelas posesionarte de mí,

anhelas esclarecerme,

anhelas hacerme vivir de tu vida divina.

En lo recóndito de mi corazón

hay como una fermentación incesante

que mantiene tu mano creadora,

y que me impulsa a abandonarme en Ti,

pues siempre estás en mi búsqueda.

Mi Dios, en tu presencia mi alma permanece callada,

me entrego a Ti.

Que  tu Palabra todopoderosa descienda sobre mí,

que habite en mí.                                             DS 144-145

 

24 – Contigo crezco

¡Señor, ten piedad de mí!

¡Señor, no sea yo un obstáculo para la obra de tu gracia!

No puedo sino plantar y regar la semilla,

pero de nada esto aprovecha, si no estás presente para hacerla crecer.

        ¡Eres Tú, mi Dios, quien da el crecimiento!  (ver 1 Cor. 3,7)  DS 146-147

 

25 – La oración suscita el amor

Dios nuestro, enséñanos a amar desde lo recóndito  del corazón.

Que la oración suscite el amor: nos fusione contigo.

Aquí estamos silenciosos y recogidos a tus pies,

dispuestos a cuanto desees.

¡Ojalá nuestra vida sea una oración incesante!

Sea una oración cada uno de nuestros actos, que atraiga y aumente en nosotros

¡la vida según el Espíritu Santo!

No queremos ser hombres de oración,

sino la oración misma.  (S. Gregorio)                 DS 149; MS 293

26 – Imprime en nosotros la ley del amor

Dios Padre nuestro,

imprime tu ley de amor en nuestro corazón,

 seremos así hombres justos:

entonces gustaremos en verdad lo que es bueno.

Concédenos este amor que nos permite hacer mucho más

de lo que piden los mandamientos todos.

Concédenos este amor que permitió a Felipe encontrar al Mesías

cuando a su alrededor la muchedumbre preguntaba:

“De Nazaret, ¿ puede salir algo bueno?   (ver Jn. 1, 43-45)

Concédenos ese amor que ha permitido a la pecadora perdonada

verter lágrimas sobre los pies de Jesús,

mientras que los fariseos, seguros de su virtud,  y llenos de desprecio hacia aquella mujer,

son reprobados por Jesús.  (Luc. 7, 36-56)

         Concédenos ese amor que, en la mañana de Pascua,

hizo correr a las santas mujeres hacia la tumba vacía,

mientas que los Apóstoles no estaban dispuestos a escucharlas

y  los discípulos de Emaús caminaban descorazonados.  (ver Luc.24,1-24)

Concédenos ese amor que hace caminar tan bien y mejor

que cualquier regla y cualquier mandamiento.

Concédenos ese amor que permitió a los primeros cristianos

estar tan unidos en corazón y en espíritu. (ver Hech. 2, 42-47;4,32-37;5,12-16).

Concédenos ese amor que unía tan estrechamente

a S. Ignacio de Loyola que vivía en Roma  con S. Francisco Javier que estaba en la India:

y lo hacía caminar bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Concédenos ese amor por el cual los condenados a muerte,

en la escuela del Espíritu Santo. se convierten en héroes.

Concédenos ese amor que permite a los pecadores transformar su corazón.

Vuélvenos dóciles al Espíritu que nos empuja a decir:

“Quiero volver a la casa de mi Padre”(ver Lc.. 15,18)                 DS 149-151

 

27 – Infúndenos tu Espíritu de amor

Señor, por boca de tu santo profeta, prometiste:

“Pondré mi Ley en lo más recóndito de ellos mismos,

la inscribiré en sus corazones.

Seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.

 No precisarán ser instruidos, ni por sus compañeros ni por sus hermanos.

Todos me conocerán desde el más pequeño hasta el más grande.”  (Jer. 31-34)

Te agrada convertirte personalmente en maestro y formador nuestro.

Mantienes tu promesa: gracias a tu Hijo Jesús muerto y resucitado 

expandes el Espíritu Santo en nuestro corazón.

Es quien nos ama y vuelve fecunda todas nuestras acciones.

Gracias al Espíritu nos convertimos en piedras vivas de la Jerusalén del cielo.

Que tu Espíritu nos enseñe esto:

 la ley está hecha para el hombre, y no el hombre para la ley  (ver Mc. 2,27).

También esta otra verdad: el amor está más allá de la ley.

Que tu Espíritu no nos permita contar con nuestras solas fuerzas,

porque eres un Dios que se oculta a los sabios y te muestras a los pequeños.

Aunque no podamos hacer nada, que tu Espíritu nos haga esperar todo,

en Ti, que eres nuestra fortaleza

Que tu Espíritu nos repita sin cesar la palabra de Jesús:

“Mi yugo es suave; y mi carga, liviana”. (Mt. 14,30)

Que tu Espíritu aleje de nosotros a Satán:

que nuestras ideas y nuestra voluntad no cuenten para nada,

sino solamente tus ideas y tu voluntad.

Ayúdanos a estar unidos a tu Espíritu de verdad y amor;

 transformando nuestras apreciaciones y sentimientos,

 sacando el bien del mal.

¡Espíritu del Hombre Nuevo, deposita tu ley de amor

en lo recóndito de nuestro corazón!                                   DS 157-161

 

28 – Unidos en tu corazón

Señor, lo que los felices habitantes del cielo hacen, viéndote,

queremos hacerlo, creyéndote:

queremos respetarte, siendo todos uno en tu Corazón,

sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin vuelta atrás;

no queremos retroceder ante ningún sacrificio, ante ningún esfuerzo;

queremos cumplir aquel anhelo de Jesús:                                              

“¡Que sean uno!” aquí en la tierra como en el cielo(ver Jn.17,21),   DS 170-171

 

29 – Discretos y entregados

Señor  Dios nuestro, deseamos responder a tu llamado,

esforzarnos entera y exclusivamente en lo que debemos realizar,

con humildad, con especial reconocimiento hacia Ti.

Concédenos mucha generosidad para corresponder a tu gracia

sin sobrepasarla, sin salir de los límites de nuestra posición.

¡Señor, inmensamente bueno, ojalá siempre busquemos

el bien que Tú quieres, y no el que nosotros anhelamos!

¡Que solamente permanezcamos en nuestra posición!

¡Somos tan miserables y Tú inmensamente bondadoso!

¡Condúcenos por el camino del amor!

 Cuando poseemos el amor, todo poseemos;

 entonces contigo somos  una sola persona. (ver 1Cor. 6,13)

“Aquel que me ama, será amado por mi Padre

y yo me manifestaré a Él”  (Jn. 14,21)

En los límites en donde nos has colocado,

concédenos entregarnos y prodigarnos

ni fuera de lugar, ni de manera desordenada,

sino obedeciendo siempre, aunque debamos dar nuestra vida.

¡Busquemos únicamente estar unidos

siempre, siempre,

a Nuestro Señor Jesucristo!               DS 230-232  MS 197-199

 

30 – Amar, sea donde fuere

Dios mío, allí donde me has colocado,

que haga lo que Tú quieres,

como Tú lo quieres; sin salir de mi posición,

que ame a todos sin excepción,

que busque mi salvación y mi perfección,

y también la salvación y perfección de mis hermanos,

sin escuchar los ruidos que me circundan o están en mi interior.

Conviérteme en servidor,

 en colaborador del Corazón de Jesús.                        DS 237-239

 

 

 

31 - Contemplarte

Deseo contemplarte, Señor,

anhelo conocerte y amarte.

¡Tu amor encienda mi corazón!

Enséñame a orar siempre.

No sé si te amo, si soy digno de tu amor,

pero mucho me empequeñezco para permanecer en tu amor,

para encontrarme con el amor si aún no lo estoy.

Señor, me abandono a tu misericordia infinita.

Vuélveme siempre más pequeño

para que tu Espíritu me proteja contra las ilusiones del demonio.

¡Enséñame a contemplar!                              DS 260-261 (MS 299)

 

32 – Nuestra felicidad

Háblanos incesantemente, Señor.

Deposita en nosotros un anhelo que no cese de fermentar,

para ser capaz de escucharte.

¡Allí está la felicidad!

Háblanos incesantemente:

que ese anhelo fermente en nosotros persistentemente, lo necesitamos,

nos esforzamos por dejarnos enamorar,  por dejarnos poseer.

¡Allí está la felicidad!                                               MS 264

 

33 – Hazme conocer mi vocación

Señor, ¿a qué me llamas?

 ¿qué quieres de mí?

 Ayúdame a cumplir siempre mejor mi trabajo de cada día .

 Concédeme amar simplemente las personas y las situaciones que deba amar.

¡Quiero imitar mejor a Jesucristo!

 Quiero orar con profunda humildad, con total confianza, sin jamás cansarme.

 Dame la inteligencia necesaria para  reflexionar.

 Dame el coraje de abrirme con quien deba hacerlo.

Dame la fuerza para obedecer sin llegar tarde,

sin poner condiciones, sin vuelta atrás, antes por amor que por otro motivo.  DS 281-282

 

34 – La inmensidad de la caridad

Señor, enséñanos a practicar la inmensidad  de la caridad,

quedándonos allí donde estemos.

¡Tú haces de nosotros la luz del mundo!  (Mt. 5, 14)

Así como el sol  ilumina la tierra, la vuelve fecunda y le da vida,

que nos iluminemos unos a otros por acciones constructivas, luminosas, fructuosas.

Que cada uno de nosotros se interese por todos sus hermanos,

y sea para ellos un verdadero sol.

Lo cual no se realiza sin obstáculos,

enséñanos a vencerlos por la oración:

¡ojalá seamos una oración incesante!               DS 312-313

 

35 – Discreción y caridad.

Enséñame, Señor, la discreción

frente a los defectos y pecados de los demás;

no soy responsable de muchos de ellos y no me compete juzgarlos ni corregirlos.

Ayúdame a permanecer en mi lugar, allí donde Tú me quieres.

Enséñame a tener paciencia y también a orar:

         “¡Dios mío, ven pronto en mi ayuda, apresúrate a socorrerme!”.

Junto con la paciencia y la súplica, concédeme también caridad:

 la que me vuelve verdaderamente paciente, la que me inspira una súplica auténtica.

Enséñame a callarme esperando el momento que elijas.

¡Ojalá aprecie, Dios mío, estas verdades tan importantes!

Señor, ten piedad de mi poca fe;

ilumíname, ayúdame a amar tu cruz divina.

¡Señor, ten piedad de todos nosotros!.            DS 336-338

 

36 – Amar tus beneficios

Señor, a veces concedes tus gracias espectacularmente,

y no se te puede resistir: le sucedió a Pablo en el camino de Damasco.

Muy a menudo obras sin hacer mucho ruido:

enséñanos a recibir tus gracias cuando nos llegan sigilosamente.

Vuélvenos semejantes a las jóvenes sabias (ver Mt. 25,1-13):

que estemos dispuestos  a seguir a Cristo, el Esposo, aún en medio de la noche;

ayúdanos siempre a guardar suficiente aceite, suficiente fe,

para que luego no lloremos: “¿Por qué tarda tanto?”  “¿No vendrá?”

Tus gracias a menudo llegan de una manera desapercibida,

ayúdanos a recibirlas siempre.

Cuando hablas, que tengamos la intención pura,

que seamos capaces de escucharte.

Ojalá estemos siempre escuchándote,

para nuestro bien, para el bien de nuestros hermanos,

para el bien de la Iglesia, tu familia.

Tu Espíritu sopla donde quiere (ver Jn. 3,8).

Queremos fijar nuestros ojos en Jesús, el Cristo:

en su vida, en sus acciones, en su manera de ser, en su manera de vivir...

¡Danos un corazón semejante al suyo,

queremos obrar como Jesús!

Es nuestro único Salvador;

cuando lo miramos nos cura de las malas inclinaciones

que podrían conducirnos a la muerte (ver Jn. 3,14).

Ayúdanos a decir con San Pablo:

“Para mí, vivir es Cristo”  (Fil. 1,21).

¡Sí, sólo Jesús es vida nuestra!         DS 340-341 – MS 296-298

 

37 – Todo por amor

Señor, enséñanos a obrar por amor,

ayúdanos a amar

porque primordialmente Tú eres bueno;

danos la mejor de las intenciones, las del mismo Jesús:

“Aquí estoy para cumplir tu voluntad”  (Heb.10,7)

“Mi alimento es cumplir la voluntad de aquel que me ha enviado”  (Jn. 4,34)

Como Jesús,  nosotros queremos cumplir esta tu divina voluntad

en lo que nos pide, allí donde estemos,

por ella queremos  alabarte, glorificarte, servirte y por fin salvarnos.

Queremos seguir el consejo de San Pablo:

“Sea que coman, sea beban, sea que realicen lo que realicen,

todo sea para la gloria de Dios”.  (1Cor. 10,31)

¡Señor, vuelve todas nuestras acciones santas!
Ponemos bajo tu mirada todas nuestras acciones ordinarias de cada día. 

 MS 281-283

 

 

 

 

38 – Jesús, regla de amor

Señor Jesús, nos diste esta perfecta regla:

“Todo cuanto hagan a uno de mis hermanos, aunque sea el más pequeño,

a mí me lo hacen” (ver Mt. 25,40).

Sabemos que jamás seremos perfectos, incluso los Santos han tenido sus límites.

Sólo Tú, Jesús, seguiste la ley del amor:

así te conviertes en la regla de las reglas,

porque eres el camino, la verdad, y la vida  (ver Jn. 14,6).

Que por este sendero corramos o quizás caminemos,

o por lo menos nos arrastremos.

¡Que no vayamos nunca contra el amor!

¡Danos fuerza para amar más y más!                           DS 163

 

39 – Jesús, modelo de amor.

Jesús, Hijo de Dios,

te has vuelto semejante a nosotros,

para que seamos semejantes a Ti, para que vivamos de tu vida;

quieres llenarnos de tu Espíritu, de tu amor.

Contigo queremos cumplir la voluntad de Dios, sea cual sea.

Solos, no podemos amar a Dios dignamente;

únicamente en Ti y por Ti

expresamos a Dios un amor digno de Él.

Por María, Dios se entrega a nosotros: se interna en lo más profundo de nosotros.

Concédenos, oh Jesús, el Dios que nos ama,

 que, en Ti y por Ti, sepamos amar como Tú lo haces.                             MS190

 

40 – Amar con ternura y fortaleza.

Danos amar con ternura y fortaleza:

que amemos a los hombres

odiando totalmente al mal;

que seamos misericordiosos,

sin volvernos cómplices del pecado.

Tú, Salvador nuestro,

has sido bondadoso con la mujer adúltera y con la samaritana   (ver Jn 8,1-11;4, 1-42);

has respetado a las personas,

has luchado siempre contra el mal que anida en el corazón.

Has dicho "¡Maldito quien de Ustedes!” (Mt.23, 11)

únicamente a los obstinados, a los empedernidos,

a aquellos que hacen la guerra contra la verdad evidente.

Concédenos estar muy atentos con nuestros hermanos,

y también saber corregir los defectos con ternura

cada vez que sea necesario                           DS 163-164

 

41 - ¿Quién soy yo?

Dios mío, ¿quién soy yo?

Por mí mismo, nada.

Con todo yo he salido de tus manos providentes:

me has coronado de honor y de gloria.

Me has regalado un espíritu capaz de conocerte, amarte, servirte,

y gracias a ello, me permites gozar de tu bondad infinita.

¡Así te has dignado crearme!  ¡GRACIAS, SEÑOR!                 MS 220

 

 

 

 

42 – Nos regalas a tu Hijo

Dios misericordioso,

inmenso es tu perdón para con nosotros.

Amas tanto a los hombres que les regalas a tu Hijo único como Salvador:

se hace un ser humano; nos reconcilia contigo por su muerte;

nos abre la entrada al cielo por su resurrección y su ascensión

nos instruye también con sus enseñanzas,

nos admira y conmueve con sus milagros,

nos convierte por el Espíritu Santo,

la gracia y los sacramentos renuevan nuestra vida, nos fortalecen, nos alimentan.

Tu Hijo nos consagra:

por su sacrificio, nos vuelve dignos de Ti.                   MS 225

 

43 – Todo viene de Ti, Señor.

Señor Dios nuestro, todos los beneficios vienen de Ti;

pero quieres que tengamos nuestra parte de trabajo.

Concédenos la fuerza de realizar cuanto pides.

Y luego de haber hecho todo, solamente entonces podremos decir:

“Somos servidores inútiles”  (Lc. 17,10)

No sabemos si somos dignos de amor o de odio.

No es nuestra gloria la que buscamos, sino la tuya, Señor.   DS 318-319

 

44 – Devolverte cuanto me has dado

Señor, te devuelvo cuanto me has dado.

Dios mío, cuán sabia y tierna es tu mano:

Tú me elevas,         poco a poco y con tanta bondad,

en todo aquello que necesito de Ti,

y luego me das tu gracia,

me colmas de tus beneficios.

¡Gracias, Señor!                                             MS 295

 

45 – Tú pides, y eres quien da

Señor, cuando pides algo a alguien,

es para darle mucho más.

A la Samaritana, le pides algunas gotas de agua;

y enseguida le muestras el agua viva:

esa agua que salva

y que impide tener sed de los placeres de este mundo,

que se convierte en una fuente inagotable en lo profundo del corazón.(ver Jn 4,1-15)

¡Señor, gracias por cuanto nos das!                              MS 305

 

46 – Vivan sin inquietud

Señor Jesús,

muy a menudo te pedimos:  “¿Qué haremos?”

Sin embargo quieres que vivamos en paz, y que muramos en paz.

Nos dices: “Vivan sin inquietud”.

Y, después de tu venida entre nosotros,

la paz pertenece a los hombres de buena voluntad:

los ángeles cantaron en Belén:

“Gloria a Dios

y paz a los hombres que ama el Señor”.          MS 307  DS 90

 

 

 

 

47- Sólo lo que pides

Señor, vuélvenos perfectos,

no multiplicando nuestras actividades, sino cumpliendo nuestros deberes

exacta y fielmente, ni más ni menos, pero esto sin límites.

Allí donde estemos, que desarrollemos la inmensidad de la caridad.

Únicamente a Ti es a quien miramos;

y, por amor a Ti, nos esforzamos en cumplir tu voluntad;

no deseamos nada más.

Aleja de nosotros las ilusiones del amor-propio.                          MS 357

 

48 – La felicidad de amar

¡Señor, otórganos la felicidad de amarnos verdaderamente!

Que practiquemos la caridad

permaneciendo en nuestra posición.

Que podamos entendernos

con cualquier clase de personas, sin distinción.

Que logremos trabajar juntos por una sola meta.

Que realicemos  el deseo de Jesús:

“Que sean uno, como nosotros somos uno”. (ver Jn 17,11)          MS 358

 

49 – Vienes a nosotros para conducirnos al Padre

Jesús, Hijo de Dios, te hiciste hombre

porque Dios quiere que lo amemos.

No pensamos bastante en Dios, nos volvemos hacia otras realidades;

entonces Dios viene al encuentro nuestro: te da a nosotros.

Y Tú, su Hijo, te das a nosotros para atraernos.

En Ti, tenemos el modelo del verdadero amor:

eres Dios que ama a Dios.

Y como somos muy débiles, vienes también en nuestra ayuda.

Tú, Palabra de Dios Humanada,

nos atraes con fuerza, eres un perfecto modelo,

eres el camino seguro que nos une con Dios.

Nos entregamos a Dios,

por amor a Ti, a ejemplo tuyo, contigo Hijo de Dios hecho hombre.

Nos dijiste:

“Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma

con todo tu espíritu, y con todas tus fuerzas”  (Mc 12,30)

Quien no tiene necesidad de nada, no pide nada sino ser amado.

Dios no tiene necesidad de nada: no pide nada, sino ser amado.

Tu Padre no exige sino puro amor,

ofreciéndole ese único presente, lo honramos.

Tu Padre es el verdadero Rey,

y su corazón inconmensurable

viene al encuentro de nuestro corazón:

en su misericordia, nos entrega mucho más de lo que pedimos desde nuestra miseria.

¡Concédenos imitar su Corazón!

Tu Corazón se entrega plenamente al Padre:

como Tú lo haces, que la voluntad suya

sea todo nuestro vivir, nuestro deleite, nuestro alimento, nuestro sostén, siempre

¡“Aquí estoy”!             (Hebr 10,7)

“Sí, Padre mío, este es tu beneplácito”  (Lc 10, 21).     MS 55-56

 

 

 

 

50 – Corazón amante

Señor Jesús, habitaste entre nosotros  (ver Jn 1,14)

únicamente por amor viniste hacia nosotros, tu corazón desborda amor.

Tú, Palabra de Dios, te das un Corazón rebosante de amor

y vienes a nuestro mundo.

Tú, el Rey Salvador, te pones en la mano de Dios

y te conviertes en un ser humano,

desde entonces dices: ¡"Aquí estoy”!.

¡Corazón de Jesús! ¡síntesis del cristianismo todo!

Creer en el amor que Dios nos tiene, es la síntesis de nuestra fe.

“Hemos conocido el amor que Dios nos tiene, hemos creído en este amor.

Dios es amor, y el que permanece en el amor,

 permanece en Dios y Dios permanece en él”. (1 Jn 4,16).

Hijo de Dios, te hiciste hombre... lo creemos.

Tú amas: y haces todo por amor.

Puesto que creemos, queremos imitarte.

Corazón de Jesús, amas a todos los hombres,

y quieres reunirlos en Ti.

Danos un corazón semejante al tuyo,

un corazón grande y abierto,

un corazón que no excluya a nadie de su amor.

Suscita en nosotros los mismos sentimientos

que están en Ti.  (ver Fil 2,5)                           MS 65-66

 

51 – Las cualidades de Dios

Dios mío, eres espíritu, te adoramos en espíritu;

eres la verdad, te adoramos en verdad;

sólo Tú eres Dios, no nos atamos a ninguna cosa, obra del hombre, sino solamente a Ti.

Dios mío, eres eterno, delante tuyo no somos nada,

 y sin embargo nos llamas a alabarte siempre... por los siglos de los siglos...

Dios mío, nunca cambias y un sólido apoyo tenemos en Ti.

Queremos amarte con un amor inconmovible,

 danos siempre una auténtica piedad.

Dios mío, de nadie dependes y nosotros dependemos de Ti.

Dios mío,  presente en todo lugar, podemos adorarte y suplicarte en todo lugar.

Dios mío, todo lo ves; eres todopoderoso, infinitamente perfecto;

queremos agradarte siempre y en cualquier lugar;

queremos adorarte y esperar  en Ti, sobretodo en la debilidad y en la angustia.

Dios mío, lo diriges todo; nos abandonamos en tu benevolencia.   MS 82-83

 

52 – Adorar en espíritu y en verdad

Oh Dios, te adoramos en espíritu y en verdad.

Oh Dios, eres Dios: no podemos comprenderte,

eres nuestro gran buen Rey.

No podemos comprenderte: te admiramos,

nosotros somos una nada ante Ti.

Eres nuestro gran Rey y estamos en el cuenco de tu mano.

Eres bueno: ¡te amamos y corremos hacia Ti!         MS 109

 

53 – El fin del hombre

Señor,

a nosotros, los hombres,

nos creaste

para alabarte, bendecirte y servirte a Ti que eres el Señor, Dios nuestro;

y, por este camino, ser salvos.

 

Hombres, nos hiciste capaces de conocer... de amar...  de obrar...

 

Nos creaste:

nada tenemos por nosotros mismos,

nada somos por nosotros  mismos.

Cuanto tenemos, cuanto somos, lo hemos recibido.

Nada tenemos, nada somos que no lo hayamos recibido.

Somos tu obra:

¡qué origen maravilloso!

Y Tú, Señor, nos aprecias entre todas tus obras,

¡cuánto nos amas!

¡cuánta atención nos brindas!

 

Para alabarte, bendecirte y servirte.

Señor Dios nuestro, queremos alabarte:

queremos reconocer públicamente, por todos los medios posibles,

que eres Dios más allá de todo.

Te bendecimos, a Ti que estás a nuestro lado.

Te servimos, queremos depender de tu voluntad y obedecer tus mandamientos.

Por este camino somos salvos.

Ser salvado, es verte.. amarte... agradarte... satisfacer tu corazón...

Ser salvado, es estar unido a Nuestro Señor Jesucristo

con la Santísima Virgen María, los Santos y los ángeles.

¡Qué felicidad!

Señor nuestro Dios,

mereces verdaderamente ser alabado, bendecido y servido:

es infinitamente justo, infinitamente conveniente.

Y, para nosotros los hombres, alabarte, bendecirte y servirte,

a Ti Dios y Señor nuestro debe sernos natural.

Sí, ahí está nuestro único fin.

¡Qué alegría!  ¡Qué felicidad!

Señor Jesús,  queremos seguirte,

lo deseamos sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin vuelta atrás.

Alabar, bendecir y servir a nuestro Dios, y nada más.           MS 104-105

(oración compuesta a partir de un texto que Miguel Garicoits

proponía al comienzo de sus retiros)

 

54 – Nuestra voluntad unida a la  tuya

Señor Dios nuestro,

caminamos hacia Ti, unimos nuestra voluntad a la tuya,

concédenos  obedecerte cada vez más,

para  acercarnos cada vez más, a Ti que eres el único Santo.

Nos pides amarte con todo nuestro corazón;

es el primero y el mayor de los mandamientos.

Dos amigos buscan no tener sino los mismos deseos y una única voluntad:

que nuestra voluntad sea pues conforme a la tuya.

¡Queremos amarte!                                    MS 112

 

55 – Queremos unir nuestra voluntad a la tuya

Señor, te amamos.

Nos alegramos de todo lo que tienes,

de todo lo que eres;

nos regocijamos de todo lo que tienes,

de todo lo que eres;

deseamos que seas glorificado por nosotros y nuestros hermanos;

es tu gloria la que buscamos.

Queremos únicamente  tu beneplácito:

obedecer tus mandamientos,

seguir  tus consejos,

hacer todo lo que te place;

queremos seguir tu voluntad.                                     MS 113

 

56 – Perdón, Padre

Dios, Padre mío,

aunque un ángel viniese a anunciarme

que toda mi vida se ha desarrollado en el pecado,

yo no me descorazonaría,

aunque no me quedaran sino unos minutos para vivir,

vendría a arrojarme en tus brazos , Padre:

Te gritaría: “¡Padre, Padre, perdóname!”

Estoy seguro que  me acogerías

como el padre de un niño perdido y encontrado.(ver Lc 15,11-32)          MS 133

 

57 – Hijo de Dios, vienes a nosotros

Señor Jesucristo,

vienes hacia nosotros Tú que eres el Hijo del Dios Altísimo,

Dios nacido de Dios, luz nacida de luz.

Del corazón de tu Padre,

¡vienes al seno de la Virgen Madre!
¡qué camino nos muestras!

¡Enséñanos a seguir tu camino!                                 MS 145

 

58 – ¡Dios-Hombre!    ¡Hombre-Dios!

Señor Jesús, te anonadas...  te haces nada...

                  OH DIOS, TÚ TE HACES HOMBRE.

                            ¡Pero para qué elevación!

                                     ¡Para que el hombre viva en Dios!

¡Señor, gracias por tanto amor!                                        MS 141

 

59 - De nuestra debilidad tienes piedad

Señor Dios,

vivimos en un mundo material,

nos revelamos contra Ti, nos volvemos esclavos de nuestros sentidos;

nos hacemos incapaces de sentir y de gustar las cosas espirituales.

Todos  nuestros pensamientos, nuestros juicios,

nuestros deseos, todos nuestros intereses

se vuelven hacia las cosas de la tierra, hacia lo que podemos ver y tocar.

¡Esa es nuestra desgracia!

Y con todo tienes piedad de nuestra debilidad.

Tú, espíritu invisible a nuestros ojos, a quien nadie puede aprehender,

¡te has manifestado en tu Hijo Jesucristo!:

has vivido en medio de nosotros... un pobre... un niño... un justo maltratado...

Desde allí toca nuestro corazón y nos arrastra hacia Ti.

¡Por tu amor infinito, gracias Señor!                                   MS 152-153

 

 

 

 

 

60 – Salvarnos y salvar a nuestros hermanos

Señor, queremos ser salvos y volvernos perfectos como tu Padre, (Mt 5,48)

queremos que sean salvos nuestros hermanos y se vuelvan perfectos.

Ésa es nuestra labor:

emplearnos totalmente en ella, para nosotros es vivir;

emplearnos negligentemente en ella, es venirnos a menos;

no trabajar en ella, es morir.

Trabajar en evitar el infierno, en ganar el cielo,

  en salvar a los hombres por quienes tanto has sufrido:

¡qué bella misión!

Danos la fuerza de poner allí todo nuestro esfuerzo;

que no tengamos miedo de hacer demasiado:

¡Jamás haremos bastante!                             MS164-165

 

61 – Agradarte

Señor,

dilata nuestros corazones, eleva nuestras miradas,

ayúdanos a levantar vuelo: en nuestro obrar,

queremos agradarte siempre sin buscar nada más.

Queremos seguir el camino de los santos.

Jesús no buscó sino agradarte.

María  se olvidó de sí, y siempre ganó.

Perdiéndonos en Ti, ganaremos mucho más.                          MS 196

 

62 – Nos consagramos totalmente a Ti

Dios Padre nuestro,

nuestro deber es amarte más que todo

y más que todos los hombres;

debemos ofrecerte los más grandes sacrificios, darte las mejores cosas,

para testimoniarte nuestro amor.

¿Qué podemos ofrecerte cuando todo te pertenece?

No podemos devolverte lo que Tú mismo nos has dado;

porque, aún lo que nos has dado, te pertenece.

 Nos consagramos totalmente a Ti, en cuerpo y alma, por amor;

¡no es sino justicia!                                    MS 194

 

63 – Dios de nuestro corazón

Padre nuestro, quieres ser el Dios de nuestro corazón

y no de nuestra inteligencia.

A tus ojos , las más bellas cualidades del espíritu no cuentan,

sino que amas únicamente el corazón humilde y obediente.

Muchos se engañan queriendo conocerte sin buscar amarte.

Las palabras no sirven de nada si el corazón no es puro,

si la voluntad no es recta.

Padre nuestro, ayúdanos a conocer nuestra miseria,

y muéstranos cuánto nos amas.

¡Enséñanos la humildad y el amor!

Haz de nosotros, no hombres de oración, sino orantes incesantes:
sin cesar gritemos: ”Dios mío, ven en mi ayuda”.

Ayúdanos a buscar la verdad y vendremos a la luz  (Jn 3,21)

Ayúdanos a buscar la verdad practicando en nuestra vida de cada día.

lo que enseñamos, lo que aprendemos,

Purifica diariamente nuestros corazones, que paso a paso subamos hasta Ti.

Feliz el hombre a quien ayudas: ha puesto en su corazón l

os caminos que lo conducirán hacia Ti.                         DS 154-155  MS 191

 

64 – María, llena de gracia

María, eres la llena de gracia, eres muy hermosa,

Siempre evitas del pecado; haces siempre el bien, vives siempre en la luz.

A todos los santos sobrepasas,

porque jamás pecaste, ni grave ni levemente; jamás has conocido el pecado.

María, eres llena de gracia aún en tu cuerpo:

tu alma está siempre unida Dios, y mucho más aún tu carne:

¡Concibes al Hijo de Dios, en tu cuerpo se hace carne!

María, eres la llena de gracia,

y colmas de gracia a todos los hombres: ¡qué felicidad!

Non buscas salvarte sola o con algunos hombres,

sino quieres que todos se salven: ¡qué felicidad!

Nos volvemos hacia Ti para sentirnos salvados.

¡Oh María, colmada de luz, ilumínanos!          MS 207

 

65 – Ley de amor

Señor, quieres hacernos conocer... cuán bueno eres... cuán inmenso...

Reconocemos cuán pequeños somos,

sabemos que el mal nos fascina;

sin embargo sólo a Ti es a quien queremos amar.

Deseamos amarte más que a nosotros mismos;

deseamos someternos a Ti,

y a cualquier otra persona por amor a Ti.

Renunciamos totalmente a nuestra voluntad para hacer la tuya.

Todo esto, lo hacemos para alabanza y gloria de tu nombre;

buscamos solamente agradarte;

mereces con razón que tus criaturas te amen y te obedezcan.

El Salvador nos recomienda este renunciamiento:

 aquí está el yugo tan dulce, la carga tan liviana, la perfecta obediencia,

así nos lo muestra por sus palabras y sus obras, tu Hijo, Nuestro Señor-        

¡Tu Espíritu deposite esta ley de amor en nuestro corazón!     MS 230

                                                                                    

66 – Enséñanos a sacar provecho de tus beneficios

Señor, nos das tus beneficios; nos dices a cada uno:

“En el momento favorable, te escucho,

en el día de la salvación, te socorro”  (Is 49,8)

Ayúdanos a saber recibir tus beneficios cuando nos los otorgas,

sin esperar mañana, sin dejarlos pasar de largo, quizás mañana sea ya muy tarde.

Sin lugar a duda otorgas tus beneficios a la Iglesia, a tu Familia,

y se los otorgarás hasta el fin de los tiempos.

Pero para cada uno de nosotros, el tiempo es corto,

el momento favorable es limitado:

enséñanos a aprovecharlos cuando los tenemos a mano,

enséñanos a acoger tu misericordia cuando se presenta:

en el curso del noviciado, en este año, en la ocasión de esta fiesta...         MS 235

                                                                           

67 – Muéstranos el camino

Señor, nada puedo por mí mismo, pero me muestras el camino.

Concédeme avanzar con corazón magnánimo y voluntad decidida.

Contigo nada tengo que temer.

Señor, estás conmigo como un guerrero poderoso  (Jr 20 11)

Dame una voluntad recia y el coraje de seguirte siempre.        MS 241

68 – Danos virtudes consistentes

Señor, enséñame la obediencia:

que vea a Jesucristo en quien me has dado por superior.

Enséñame a amar:
que vea a Jesús en quien padece necesidad  (Mt 25,40).

Enséñame la paciencia,

y que Jesús sea mi modelo.

Enséñame la  humildad:

porque es la honra de todo cristiano

luego que tu Hijo se anonadó y se hizo un hijo de hombre.

Enséñame el desprendimiento:

por Jesús tu Hijo por quien me hiciste para Ti, me adoptaste,

me has vuelto capaz de servirte... de servirte sólo a Ti, mi Dios...

Que construya sobre la roca,

sobre el Espíritu de Jesús, el Cristo.                           MS 248-349

 

69 – Contigo un solo corazón

Señor, nos valoras mucho,

nos elevas y nos engrandeces:

nos das todo lo necesario para vivir permaneciendo fieles a Ti,

nos haces conocer aquello a lo que nos llamas,

a participar en tu gloria y tu bondad;

por tu gloria y tu poder,

nos prometes cosas muy grandes y preciosas:

al recibir lo que nos prometes,

podemos escapar de este mundo desquiciado por los malos deseos,

podemos tener un solo corazón contigo, Dios Señor nuestro (2P1,3-4).

El beneficio mayor de todos los beneficios,

el don más allá de todos los dones: ser en verdad tus hijos.

         No permitas que volvamos a nuestra antigua bajeza

haz que nos dejemos renovar,

que aceptemos ser tus hijos:

anhelamos imitarte, Padre nuestro del cielo,

anhelamos amar lo que amas,

con tus mismos sentimientos,

buscamos llevar una vida digna de Ti.            MS 255

 

70 – Construir contigo, Señor

“Si no es el Señor quien construye la casa, en vano trabajan los albañiles” (S 126,1)

Oh Dios, te invocamos con confianza:

si no vienes en nuestra ayuda trabajamos inútilmente.

Queremos, Señor, construir tu casa,

en nosotros y en nuestros hermanos.

Auméntanos la fe, la esperanza y la caridad:

la fe nos sirva de fundamento,

 la esperanza edifique los muros,

la caridad finalice la casa.

Ayúdanos a construir de este modo,

y seremos admitidos en el cielo, en tu casa.

Obra pues en nosotros:

de Ti viene todo bien, y sin Ti nada bueno podemos hacer.

¡Ven Señor en nuestra ayuda!                                     MS 621-262

 

 

 

 

 

71 - Tu amor dilate nuestros corazones

Señor Dios nuestro, que tu ley penetre en cada uno de nosotros:

no por temor,

porque así no penetraría en lo profundo del corazón;

sino por amor,

ya que sólo así entraría en lo más profundo de nosotros.

Dilate pues el amor nuestros corazones;

que hondamente los entreabra 

para que recibamos tus beneficios como rocío fecundante.

Tu ley no sea jamás escrita sobre durísima piedra,

sino que penetre en un cirio derretido por el calor que viene de Ti.

Transfórmanos con tu amor divino,

y en nosotros vivirá Jesús:

estará presente en nuestra memoria,

porque no se puede olvidar a quien se quiere;

estará presente en nuestra inteligencia,

porque es el amor el que hace contemplar

las perfecciones del muy amado que atrae;

estará presente también en nuestro cuerpo cuando obremos el bien,

porque es el  amor de Jesús el que nos permitirá amar

y permanecer en el amor.                              MS 263-264

 

“¡Aquí estoy! – exclamé entonces”

 (He 10,7)

 

72 – Tanto me amaste, Dios mío

Dios mío, tanto me amaste

tanto deseaste ser amado por mí;

me cuidaste y me cuidas minuto a minuto.

Me diste a tu Hijo

y me salvaste entregando a tu Hijo muy amado a la muerte más cruel.

¡Oh Dios, cuánto hiciste para que te amase!

¡Cuánto deseaste y sigues deseando que yo te ame!

¡Aquí estoy, Dios mío, aquí estoy!

Mi corazón está dispuesto, no rehúso nada para mostrarte mi amor.

¡Qué quieres que haga?

¡Aquí estoy!                           DS 88-89;28  MS 193

 

73 – Humildemente

¡Aquí estoy, sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin volver atrás!

¡Dios siempre sea bendito!

Dios mío, puedo glorificarte, puedo ser útil a mis hermanos

tan bien y con menos peligro

en la pobreza, en las humillaciones,

en las ocupaciones más materiales,

en las situaciones más envidiables.

¡Aquí estoy!

sin llegar tarde y sin poner condiciones,  sin volver atrás!   DS 42-43

 

74 - ¡Aquí estoy!

¡Aquí estoy!

Diciéndote como Cristo: ¡Aquí estoy! desde el primer instante

y en el transcurso de toda su vida.

¡Aquí estoy! Como Jesús que quiere unirnos a Ti

y que ora: “Que sean uno”.

¡Aquí estoy! diciendo como María:

“¡Aquí estoy!, soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”.

Dame, Señor, la idéntica humildad,

la idéntica caridad,

la idéntica obediencia,

sin límites.                                    DS 41-42

 

75 - Tú sabes que te amo

¡Aquí estoy!, mi Dios y Señor,

sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin volver atrás.

¡Adelante siempre adelante!

Conozco tu corazón y conoces el mío  ¡Aquí estoy!

Puedo todo, porque nada puedo,

al contrario, puedo arruinar todo.

Sea la gloria, Señor, no a nosotros, sino a tu Nombre.               DS 44-45 

 

 

 

 

 

76 - ¿Qué quieres que haga?

Toma, Señor, llévate cuanto me diste;

aunque me oponga, aunque no valga nada.

¿Qué quieres que haga?

Aquí estoy, dispuesto a todas las pruebas, a todos los escándalos;

comprendo que quieres de mí esta señal de amor,

y mi corazón arde por complacerte.

Dios mío,

no pido sino tu gracia y tu amor;

con la compañía de Jesús soy bastante rico.

¡Señor, ten misericordia de mí!                  DS 53-54

 

77 – Enséñame a amar y a servir

Enséñame a amar y a servir.  ¡Aquí estoy!

¡Que se cumpla tu voluntad en mí como en el cielo!

Señor, eres la fuente de todo bien.

Quieres que sea instrumento despojado de todo,

despojado sobretodo de mí mismo.

Deseas que mi corazón se abandone totalmente

a la acción del Espíritu Santo;

por Él me enseñas a amar y a servir, a obedecer como Jesucristo.

¡Venga tu Espíritu sobre mí!

Me consagre con la unción del óleo santo.

Tu Hijo se hizo pequeño delante de Ti,

obedeció hasta la muerte en cruz.

Como Jesús digo : ¡Aquí estoy!

¡Aquí estoy! sin llegar tarde, sin poner condiciones,

sin volver atrás, por amor a la voluntad de mi Dios.

¡Dios mío, aquí estoy!

Concédeme el Espíritu de tu Hijo Jesús, nuestro Señor.         DS 45-47  MS 183

 

78 - ¡Aquí estoy! desde el principio al fin

Señor Jesús,

desde el primer instante de tu vida dijiste a tu Padre: ¡Aquí estoy!

Toda tu vida, siempre has dicho “Sí” a cuanto agradaba al Padre.

Has dicho: “Padre mío, que no sea como yo quiera, sino como Tú quieres”(Mt 26, 39).

Por eso Dios te elevó muy alto;

te dio un nombre que está sobre todo otro nombre.

Por tanto, todos los que estén en el cielo, en la tierra y en la mansión de los muertos,

deben caer de rodillas al escuchar tu nombre.

Todos reconocerán: Jesucristo es el Señor

para gloria de Dios Padre  (Fil 2, 9-11)                  MS 67

 

79 – A Ti me abandono

Señor Jesús, quiero ponerme verdadera y sólidamente a tu servicio.

Me sujeto a todo,

a todas tus voluntades, aún a aquellas que no se puedan explicar.

Avanzo sin titubear por este camino, entregándome totalmente a Ti.

¡Aquí estoy! frente a Ti

como la prostituta que vierte perfume sobre tus pies

sin importarle ni las miradas del fariseo ni las de sus invitados  (Lc 7, 36-50).

¡Aquí estoy! delante de Ti como la mujer que perfuma tu cabeza

sin escuchar las críticas de los discípulos  ( Mt 26, 6-13).

¡Aquí estoy! delante de Ti como María sentada a tus pies

solamente ocupada en escucharte sin atender las quejas de su hermana Marta (Lc 10, 38-42).

Anhelo ardientemente abandonarme totalmente en ti,

cambiar de veras mi corazón:

No me quiero inquietar ni por el futuro, ni por la opinión de los hombres,

sino únicamente en cumplir tu voluntad,

en realizar cuanto sea de tu agrado.                           DS 67-68

 

80 - ¡Aquí estoy! tras las huellas de Cristo

“No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me diste un cuerpo,

no te agradaron los animales inmolados en el altar y los sacrificios por los pecados;

entonces dije: “¡Aquí estoy!,

¡vengo para hacer lo que quieras, Dios mío”  (He 10, 5-7)

Padre,  nada puedo hacer por mí mismo,

quiero siempre obrar por tu Espíritu, me abandono a tus órdenes

para sufrir y hacer todo cuanto te agrade, en el seguimiento de Cristo:

quien se hizo muy pequeño,

obedeció hasta la muerte y muerte de cruz (Fil2,8)

Padre,  cuánto nos amas:

Jesucristo,  Señor nuestro y Creador nuestro,

es quien atrae nuestros corazones,

es nuestro mejor modelo, nos salva con poder.

¡Aquí estamos, Señor! 

¡Sí, Padre, aquí estamos!                      DS 40-41

 

81 - ¡Aquí estoy!, como Jesús, dispuesto a todo

“¡Aquí estoy!, sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin volver atrás!”

Jesús,

estás dispuesto a todo, estás dispuesto a soportar todo,

siempre eres obediente.  No haces nada fuera de la obediencia.

Tú das generosamente, y te das totalmente,

siempre fiel en obrar cuanto debas obrar,

tanto en el establo de Belén o en la pobre casa de Nazaret,

como en las alturas del cielo a la derecha del Padre eterno.

¡Bendito sea Dios!

Yo también, puedo glorificarte, Señor, y puedo ayudar a mis hermanos,

en la pobreza, en la humillación, en las ocupaciones más materiales,

tan bien, y con menos peligro, que en la mejor de las situaciones.

“¡Aquí estoy!, Dios mío, dispuesto a todo!

“¡Aquí estoy!, sea donde sea, dispuesto a todo!                   MS160

 

82 – La oración del ¡ AQUI ESTOY !

compuesta por San Miguel Garicoits

¡Oh María, aquí estamos!

Recíbenos y preséntanos a tu Divino Hijo: Ave María...

 

¡Oh Jesús, aquí estamos!

Recíbenos de mano de tu santa Madre,

y preséntanos a tu Padre: Alma de Cristo...

 

¡Oh Padre eterno, aquí estamos!

Recíbenos de manos de tu Hijo predilecto;

nos abandonamos a tu amor.

Sí, Dios mío, aquí estamos,

sin poner condiciones, ahora y por siempre,

bajo la conducción de tu Espíritu

y de nuestros superiores,

bajo la protección de Jesús y de María,                                

de nuestros buenos ángeles y de nuestros santos patronos: Padrenuestro...

MS 209- 210

 

83 – Regálanos tus sentimientos

Corazón de Jesús,

que dijiste desde el primer instante:  ¡Aquí estoy!

danos los sentimientos de caridad, de humildad, de ternura,

de obediencia y de entrega total, depositados en tu Corazón.

Enséñanos a decir, con esos mismos sentimientos:

¡Aquí estoy!                                      MS 173

 

84 – Con Jesús, tu Hijo

¡Aquí estoy!, Dios mío, con tu divino Hijo,

sin llegar tarde. sin poner condiciones, sin volver atrás. por amor a Ti.

Vuélveme humilde, despojado de todo y también de mí mismo.

Derrama tu amor en mi corazón.

Vuélveme obediente                                         MS 173

 

85 – Señor, danos hombres que nos conduzcan a Ti

Señor Dios, sólo Tú llamas.

Y sin embargo nosotros no siempre te escuchamos.

Colocas en nuestro caminar hombres que nos ayudan a reconocer tu voz,

que la vuelven más sensible,

que nos impulsan hacia adelante a pesar de las dificultades;

que están llenos de Ti;

que son capaces de distinguir tu voz en medio de los ruidos que aturden a los hombres;

que son capaces de hacer aceptar tu voz a pesar de lo que digan los hombres

y a pesar de aquello a que incite el demonio.

Dales  la pureza, el conocimiento de las realidades divinas,

la perseverancia y la firmeza.                            DS 278-279

 

86 – Nos entregamos a Ti

Señor, en Ti confiamos;

porque cuanto más débiles somos, más fuertes nos sentimos.

Te ofrecemos nuestra voluntad y libertad;

dispón de nuestra persona, de todo cuanto tenemos,

de todo cuanto somos, según tu santísima voluntad.

Queremos responder a tus deseos no bien los conozcamos.

¡Aquí estamos! con un corazón generoso y un alma decidida.

¡Adelante!  Nada tenemos que temer:

“El Señor está conmigo como valiente guerrero” (Jr 20,11)          DS 295-296

 

87 – Encaminarse hacia Ti

Señor Dios nuestro,

queremos encaminarnos hacia Ti sin poner condiciones:

queremos hacer lo que quieras,

porque lo quieras,

como lo quieras.

Queremos parecernos a las jóvenes sabias:

atentas a la señal del esposo aún en las tinieblas de la noche.  (Mt 25, 1-13)

¡Aquí estamos! : dispuestos en medio de las preocupaciones,

incluso si quieres que vayamos hacia Ti derramando nuestra sangre           MS 228

 

 

 

 

88 – Instrumentos en tu mano

Nos llamas a ser santos,

y nos llamas también para volver santos a nuestros hermanos.

Aquí estamos, en tus manos nos sentimos instrumentos.

Para que trabajemos  bien y para que seamos herramientas útiles,

ayúdanos a permanecer siempre en tu mano,

y a estar siempre unidos a Ti.                             DS 325

 

89 – Luchemos para sólo entregarnos a Dios

Dios Padre nuestro,

nos hablas y queremos escucharte,

quieres poseernos y deseamos pertenecerte;

por eso queremos hacer silencio,

rechazamos todos esos ruidos que nos alejan de Ti;

nos esforzamos por no ser esclavos ni de nosotros mismos ni de nada.

Sabemos que nuestro combate no está terminado,

pero nuestra elección ya está hecha;

lejos de nosotros el orgullo, los placeres del mundo,

y todo lo que conduce al mal.

De ahora en adelante no escucharemos más al padre de la mentira,

a Satán que quiere nuestra muerte; no queremos escuchar más

esa parte de mal que en nosotros habita.

Queremos encaminarnos sólo hacia Ti, Dios Padre nuestro.           MS 268

 

90 – Con la ley de amor exclamamos : ¡Aquí estoy!

Bendito seas por la ley de amor que nos das:

gracias a ella encontramos justo, incluso fácil, lo ordenado y aconsejado:

 jamás dice: “ es demasiado”... “es imposible”... “es difícil”...

La ley de amor ensancha el corazón, y permite exclamar: ¡Aquí estoy!

Gracias a ella se ve la justicia, la bondad, la sabiduría, allí donde

no se encontraría sino maldad, severidad y tiranía.

¡Bendito sea Dios!                                                        MS 268

 

91 – La verdadera felicidad sólo Tú la das

 Dios mío, mi voluntad es sólo hacer tu voluntad;

que ningún placer de la tierra me aparte de ese camino;

que ninguna fantasía me desvíe de Ti;

que ninguna alabanza me debilite;

que ningún trabajo me asuste,

que la murmuración no me detenga...

no quiero que las cosas de este mundo

ni me distraigan ni me turben.

Eres ni Esposo, sólo Tú me das la verdadera felicidad.

Por eso renuncio a todo; me abandono totalmente a Ti: en todo y para todo.

¡Aquí estoy! me entrego a Ti, mi Dios y mi Esposo.

¡Aquí estoy! soy todo tuyo,

sin poner condiciones, sin llegar tarde, sin volver atrás.          MS 301-302

 

92 – Nos alientas, Padre nuestro

Dios Padre nuestro, nos alientas:

“Trabajen en unión con el Corazón de mi Hijo;

reconozcan que han sido llamados a una grandísima obra.

Mi Predilecto, vuestro rey, los atrae:

desea que sigan el camino que Él eligió primero;

su ejemplo los ilumina; su gracia los fortalece.

Ustedes dijeron: ¡Aquí estoy!  ¡Sigan hasta el fin!

y obtendrán lo que buscan. Se salvarán, y salvarán a sus hermanos,

quienes viéndolos los escucharán”

Sí, Padre. ¡Aquí estamos!

En seguimiento de tu Hijo Predilecto ¡Aquí estamos!         MS 164 y 321

 

93 – Mil veces : ¡Aquí estoy!

Dios Padre nuestro,

queremos ser los colaboradores del Corazón de Jesús;

por fidelidad a Él, por toda nuestra vida, decimos al Espíritu Santo:

“¡Aquí estoy!  sin llegar tarde, sin poner condiciones,

sin volver atrás, por amor a la voluntad de Dios.”

Queremos obedecer a nuestros superiores,

a quienes has elegido para que nos guíen.

Como Tú eres perfecto,

nosotros queremos ser perfectos (Mt 5,48)

y esforzarnos sin medida en volver perfectos a nuestros hermanos.

Una, dos, tres ... y mil veces más decimos :

“¡Aquí estoy! Tu voluntad se cumpla en mí como en el cielo”         MS 322

 

94 - Respondemos a tu llamado ¡Aquí estamos!

Padre nuestro del cielo, eres quien nos llamas;

y nos llamas con todo lo que eres, lo que tienes y lo que puedes.

Tu bondad... tu amor...  tu infinito ser divino...  nos conquista.

Siempre pareces tener necesidad de nosotros.

Tanto en el cielo y en la tierra, todas las obras de tu sabiduría y de tu bondad

están presentes para recordarnos nuestro origen.

Todo cuanto has hecho y todo cuanto continuas haciendo,

es para arrastrarnos a escucharte y a amarte.

Anhelamos seguirte desde lo recóndito del corazón en todo nuestro obrar .

¡Aquí estamos dispuestos a todo!                            MS 327

 

95 – En nuestra nada te zambulliste

Señor Jesús

descendiste hasta nosotros; te zambulliste en nuestra nada,

quisiste sacarnos de nuestros abismos,

quisiste hacernos subir hasta el Padre.

Queremos imitarte a Ti, el más humilde.

Jamás conociste el pecado, eres el Santísimo;

y con todo, ya hombre, te haces el más pequeño:

¡Aquí estoy! Padre, no soy sino una nada.

¡Aquí estoy! para sufrir, para ser crucificado.

Así al hacerte tan pequeño, tan débil, saboreas la paz y la felicidad.                                           ¡Enséñanos la humildad!                                         MS 146  DS 78-79

 

96 – Tú aceptas tu muerte

Señor Jesús, dijiste: “¡Aquí estoy!”,

y desde entonces aceptas tu muerte,

una muerte horrible, una muerte injusta, la aceptas y vas hacia ella.

Cumples la voluntad de tu Padre...  ¡así nos salvas!

¡Te lo agradecemos, Salvador nuestro!

Enséñanos a decir: “¡Aquí estoy!”                             MS 156-157

 

97 – Nos ofrecemos al Padre

“¡Aquí estoy!”

Jesús, te ofreces al Padre desde el primer instante: eres oblación continua.

Te haces presentar al templo conforme a la ley;

y así nos enseñas que es necesario vivir nuestra fe interiormente,

pero también exteriormente,

siguiendo las costumbres de nuestra familia cristiana.

Enséñanos a glorificar a Dios

como Tú y tu madre lo hicieron.

Oh Dios hecho hombre, amas infinitamente al Padre

y todo cuanto quiere tu Padre, Tú lo quieres,

sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin volver atrás.

¡Danos el coraje de imitarte!                                     MS 168

 

98 – Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret,

naciste tanto para la contemplación como para la acción;

eres un hombre cabal, hablas y haces todo maravillosamente

Entre quehaceres cotidianos,

una familia de artesanos te modeló, sin que jamás te olvidaras de tu misión.

Jesús, queremos parecernos a Ti;

queremos, en nuestra vida de cada día,

dejarnos modelar para cualquier misión que se nos confíe.         MS 168

 

99 – La hora de Jesús

Jesús, “elevas tus ojos al cielo”:

es una acción ordinaria tuya antes de orar,

vas a comenzar así la plegaria de tu sacrificio.

Enséñanos a elevar los ojos al cielo, nuestro reino;

nuestro corazón acompañe también a los ojos.

“Mi Padre”,

es el nombre de autoridad  que das a Dios,

pero su autoridad es tierna, porque es el autor de la vida:

todo viene de Él, todo va hacia Él.

Tu Padre es tan bueno y misericordioso como autoritario.

Dices:“Ha llegado la hora”

es tu manera de decir aún: ¡Aquí estoy!

Eres la víctima dispuesta para el sacrificio. (Jn 17, 1)                  MS 169

 

100 – La elección verdadera

Señor Jesús, Nuevo Adán,

que nunca digamos: “No obedeceré, seré semejante al Altísimo”  (Gn 3)

pero sí únenos a tu corazón y contigo diremos: ¡Aquí estoy!               MS 183  DS 27

 

101- Reyes, sacerdotes y profetas en Cristo

Jesús, eres rey, sacerdote y profeta,

 desde el primer instante,

desde que dijiste a tu Padre: ¡Aquí estoy!

y cuando expiras en la cruz

ahí también dices “Sí” al beneplácito de tu Padre.

En tu seguimiento queremos cumplir nuestros deberes,

de reyes , sacerdotes y profetas, diciendo: ¡Aquí estoy!,

y prolonguemos este acto hasta la muerte.

Queremos humillarnos, pasar desapercibidos, entregarnos,

y exclamar a ejemplo tuyo: ¡Sí! ¡Aquí estoy!                      MS 201-202

 

 

 

 

 

102- En la huella de los Santos

¡Aquí estoy!  en la huella de los Santos.

Renunciaron a sí mismos;

sacrificaron placeres, salud, fuerzas, vida, todo,

para realizar los servicios que esperabas de ellos.

No se limitaron a ciertos trabajos, no condicionaban su actuar:

estaban dispuestos a todo,

sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin volver atrás,

por amor a Ti, Señor Dios nuestro.

Los Santos comprendían, apreciaban, repetían

 con  humildad y generosidad, con gozo y coraje

la importante palabra de Jesús: ¡Aquí estoy!

Seguidores suyos decimos también: ¡Aquí estamos!          MS 259

 

103 – En el misterio de tu Encarnación

En el misterio de tu Encarnación,

nos complacemos en Ti Señor Jesús,

eres nuestro modelo, nuestro apoyo.

Tú nos atraes y nos iluminas,

buscas poner nuestros corazones bajo la ley de amor.

Jamás nos obligas, sólo nos haces propuestas.

Quieres hombres de buena voluntad:

¡Aquí estamos! queremos seguirte.                       MS 295  DS 359

 

104 – Responder como tu Hijo Jesús

Señor, deseamos comprometernos en responder a tu llamado.

Sin llegar tarde,

pero aceptando que te tomas el tiempo necesario.

Sin poner condiciones,

sin guardarnos nada,

pero aceptando los límites que quieras.

Desde el comienzo, tu Hijo Jesucristo

se lanza como un alegre conquistador (Sal 18,6)

Desde el primer instante, grita: ¡Aquí estoy!

Luego permanece nueve meses en el seno de su Madre,

pasa treinta años en Nazaret,

recién entonces anuncia la Buena Noticia

y muere para salvarnos.

En todo busca tu beneplácito

 muere a la hora que Tú, su Padre, has elegido.

Concédenos ser generosos y pacientes, como tu Hijo,

frente a cada uno de tus llamados.                       MS 309-310

 

105 - ¡Aquí estoy! como un dócil servidor

¡Señor, me llamas!

¡Voy a Ti con corazón magnánimo y con voluntad decidida!

Me rehúso mirar lo que le parece difícil a mi humanidad,

no miro mis propios deseos, encuentro muy llevaderas todas tus voluntades,

aún las más amargas, aún las que vienen de reglas muy duras.

¡Aquí estoy!, en seguimiento de tu Hijo,

sin voluntad propia, sin juicios propios,

únicamente quiero amarte.

¡Anhelo ser tu dócil servidor!               MS 326

 

Padre,

no hagas lo que  yo quiero,

sino lo que Tú quieras   Lc 22,41

 

106 – Dios, Padre nuestro     

Señor, eres Padre nuestro,

Caminamos como hijos obedientes.

¡ Tú eres el Padre que nos conduce! En Ti, formamos una familia.

Concédenos tener un solo corazón y una sola alma

para amarte y servirte.

Eres quien nos une;

Aleja de nosotros  toda división y toda violencia.

Hermánanos: que todos los hombres reconozcan que eres su Padre;

que juntos busquemos hacer lo que te agrada.

Queremos obedecerte por tanto, sin llegar tarde,

sin poner condiciones, sin volver atrás.           DS 65-66  MS 135

 

107 -  Espero en Ti, Señor

Señor, espero en Ti y espero más allá de todo (Sal 148, 42-43)

No sé si soy digno de tu amor o si merezco tu enemistad.

Aunque pecador espero en Ti: “Padre mío, Padre mío, perdóname”.

Estoy seguro que estás aquí para recibirme:

eres el Padre que abraza al hijo que ha retornado

después de haber gastado la parte de su herencia.

Aunque el pecado me alejó de Ti, Dios mío, todavía espero...

¡Ten piedad de mí, Dios mío!

Cuando todo parece perdido, todavía espero en Ti;

concédeme siempre más fuerza para cumplir tu voluntad.            DS 64-65

 

106 – Prefiero tu voluntad, Señor

Nuestro corazón te prefiere a Ti, Señor,

y también preferimos tu voluntad.

Nuestra felicidad está en tu Reino y tu justicia:

en lo demás estamos sin inquietud,

pues es nuestro Padre quien se encarga de todo.

Nuestra felicidad no está en las cosas del mundo.

“Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Ecl 1, 2)

                    Oh Dios, nuestra felicidad se encuentra en Ti,

sólo en Ti y siempre,

cuando tenemos hambre o cuando somos saciados,

incluso cuando la muerte se aproxima.                        DS 63  MS 134

 

109 – Paz y voluntad de Dios

Señor Jesucristo, deseas que vivamos y muramos en paz.

Siempre nos dices: “No se inquieten”.

Luego de tu venida, la paz se da a los hombres de buena voluntad;

los ángeles lo cantaron en tu cuna de Belén:

“Gloria a Dios en las alturas,

y en la tierra paz a los hombres, amados por Dios” (Lc 2, 14)

¡Venga esa paz sobre nosotros!

Consérvanos en paz, aún frente a aquellos que nos atacan,

permítenos cumplir muy bien nuestro trabajo de cada día,

y concédenos lo que sea según su voluntad.

Te escuchamos decir: “Son felices, los que crean la paz a su alrededor,

porque Dios los llamará hijos suyos”  (Mt 5, 9)

Enséñanos a cumplir la voluntad de Dios,

en todo... siempre... donde sea... con prontitud... con alegría...

sabiendo que allí se encuentra el único manantial de paz y de bien.      DS 909-97

 

110 – Buscar lo único necesario

Señor, ayúdanos a buscar ante todo lo único necesario:

el Reino de Dios,

el cumplimiento de tu voluntad.

Entonces nos darás el resto, no como recompensa, sino como premio.

¡La recompensa será magnífica, y nos la darás después de la muerte!

¡Regálanos buscar tu Reino!                                      DS 96-97

 

111 – Señor, ¿qué quieres que haga?

“Señor, ¿qué quieres que haga?”  (Ac 9,6)

Aquí estoy dispuesto a abandonar todo

para obedecer a tus órdenes,

para satisfacer incluso el menor de tus deseos.

Con Jesús, quiero decirte:

“Hago  siempre lo que le agrada a mi Padre”  (Jn 8,29)

Sé que a la hora de mi muerte

me ofreceré total y definitivamente a Ti,

pero, desde hoy y siempre,

te pido: "¿Señor, qué quieres que haga?”  (Act 9,6)

“Enséñame a hacer tu voluntad, porque eres mi Dios”  (Sal 142, 10)

Aleja de mí todo egoísmo y toda ceguera,

ayúdame a buscar siempre tu voluntad, Señor.                    DS 103-104

 

112 – Obedecer sin medida

Señor Dios,

ayúdame a obedecer

sin excusas,

sin llegar tarde,

sin reservas en la acción,

             en la decisión,

        en la ejecución,

por amor antes que por otro motivo.

Salvo que sea pecado

ayúdame a obedecer sin medida.                      DS 209 y 175  MS 185

 

113 – Con quien obedece, Dios es generoso

Dios mío, haces la voluntad de quien verdaderamente obedece,

muy generoso eres para con el hombre, le das mucho más de lo que desea,

y vas mucho más lejos de lo que desea.

“Si somos algo, se lo bebemos a la obediencia”  (Luis Veuillot)

¡Gracias, Dios mío!                                      DS 211

 

 

114 - Obediencia y sufrimiento

Señor, que obre siempre según tu voluntad.

Cuando me sienta contrariado,

que no murmure, que no rechace tu voluntad.

Al contrario, que tu divina voluntad,

y no la mía, sea la regla de mi conducta.

Quiero caminar en el camino de la obediencia

que ha trazado la sangre de Cristo.

Hablando de su muerte, Jesús dijo:

“La copa del sufrimiento que el Padre me dio,

¿no la voy a beber?”  (Jn 18,11)

no dice: la copa que los judíos me dieron,

sino más bien: la copa que el Padre me dio.

¡Señor, vuélveme obediente como Jesús!                    DS 214-215

 

115 – Dios siempre primero

Dios mío, que mi sabiduría nunca tome el lugar de la tuya,

ni busque mi dicha en lugar de tu beneplácito,

y no cuente con mis esfuerzos... sino con tu poder.

Tu sabiduría, tu bondad y tu poder estén siempre bajo mis ojos.

Mi sabiduría, mi dicha, mi poder,

se queden en último lugar, como les corresponde.

¡Ojalá que nunca invierta este orden!

Como Jeremías, no sé sino balbucear,

pero es tu fuerza la que me acompaña y me libra de todo temor  (Jn 1, 4-10)

Vuélveme obediente como Jeremías,

y, por mi intermedio, Tú harás grandes cosas.

Se me podrá insultar, se me podrá ultrajar,

tal vez podría padecer el martirio,

pero, si sigo siendo un débil instrumento, únicamente dócil a tu gracia,

entonces mi Dios y Señor, manifestarás

tu poder, tu sabiduría, y tu bondad soberana.                 DS 213-214

 

116 – Amar y respetar tu voluntad

Señor Dios, quiero amar y respetar tu voluntad.

Colme mi corazón el Espíritu Santo.

No busque jamás mi fuerza en el interior de mí mismo;

por mí mismo, no puedo ir sino a la muerte.

Soy verdaderamente un miserable: Dios mío, eres infinitamente sabio,      

infinitamente bueno, todo lo has creado para nuestro bien.

Someto mi voluntad y mi razón, a tu razón y a tu voluntad, Señor.

¡Padre mío, aquí estoy dócil a tus órdenes!

Aleja de mí toda queja, toda  murmuración; colma de paz mi corazón.

Me someto a tu voluntad,

que mi voluntad no sea sino la tuya,

para eso dame la fuerza de creer y de amar                          MS192

 

117 – Trabajar cada día como  Tú quieres

Señor, enséñame a trabajar por Ti,

con alegría, con fuerza, cada día, sin ocuparme ni del éxito, ni del mañana.

“A cada día le basta su aflicción” dijo Jesús.  (Mt 6,34)

 

Cuando se me da una misión,

que no busque tanto saber si tendrá éxito,

cuanto caminar con la confianza y la fe de Abraham.

Ayúdame a realizar lo que me dices por tus representantes:

que lo haga como me lo dices, sin escuchar a nadie más.

Cada día, realice mi trabajo, porque  lo quieres, como lo quieres;

aún si mañana deba cambiar de trabajo o de método

ojalá siempre sea obediente.

Aunque se me critique, aunque se me llame esto o aquello,

que jamás abandone tu voluntad:

cumpliéndola, todo estará bien.

Que realice lo que quieres, como lo quieres,

a pesar de otras opiniones, sin nunca buscar el éxito,

pues únicamente depende de Ti         .                        DS 234-235  MS 186

 

118- Jesús obedece voluntariamente

Señor Jesús,

                   voluntariamente obedeciste, libremente diste tu vida.

También dijiste: “Doy mi vida, nadie toma mi vida,

pero yo mismo la doy.

Tengo el poder de darla, y el poder de nuevamente recibirla.

Es la orden recibida de mi Padre”.  (Jn 10,17-18)

                   Tu obediencia voluntaria

te conduce hasta la muerte, hasta la muerte en cruz.

Enséñanos a obedecer voluntariamente... hasta el final...                           DS 200

 

 

119 – Enséñanos a obedecer como Abraham

Enséñanos a obedecer como Abraham :

sin razonamientos... sin “peros”...  sin “porqués”...

como cuando le ordenas la muerte de Isaac, luego de haberle prometido

que este niño ¡sería el padre de una numerosa posteridad!

Contigo, Dios mío,

cuando menos claro se ve,

se camina con mayor seguridad.

Enséñanos a obedecer aún cuando estemos en la noche.

¡Nos abandonamos totalmente a tu amor!

Abraham  podría haberse dicho:

“¡Es imposible! ¡Es una ilusión!” Pero creyó, y se puso en camino.

Cuando supo tu voluntad,

la cumplió sin ir ni a la derecha ni a la izquierda,

sin llegar tarde, sin poner condiciones, pero si testarudez,

siempre dispuesto en todo a obedecerte.

Es por eso que obedece al instante, cuando el ángel lo detiene.

¡Aprendamos a obedecer como Abraham!                           DS 203-204

 

 

120 – Jesús, obediente por amor

Señor Jesús, obedeces a tu Padre

porque lo amas: siempre buscas su beneplácito.

Dices: “Amo al Padre y hago lo que me manda”.

“Aquí estoy, y voy”. “Levántense, vámonos de aquí” (Jn 14,31),

y es hacia la muerte adonde vas  (Jn 18,1)

Ayúdanos a obedecer como Tú ...  por amor ...                                                           DS 203

 

121 – Vuélvenos generosos, allí donde estemos

Vuélvenos hombres aptos para todo,

libres frente a todo,

totalmente abiertos.

Con tu gracia, seremos generosos y abnegados allí donde estemos:

que obedezcamos sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin volver atrás,

por amor, antes que por cualquier otra sentimiento.

Venga tu Reino entre nosotros y en nosotros,

con todos los dones que lo acompañan.

Queremos ser cooperadores abnegados y eficaces,

y no soldados sin corazón.                                      DS 185-186

 

122 – Queremos seguirte

Jesús, divino salvador nuestro, queremos seguirte.                   Nosotros, los discípulos,

no somos más grande que Tú, el Maestro.

Sin embargo, la recompensa que nos prometes,

sobrepasa muchísimo lo que la tierra puede ofrecer;

¡qué seguridad da tu promesa!

Cuantos hombres se fatigan y sufren

por ganar riquezas y glorias de esta tierra que pasa,

sin ni siquiera estar seguros de obtener lo que desean.

Nosotros, buscamos la gloria de Dios, anhelamos amarte,

nos comprometemos en tu seguimiento,

trabajamos en hacer presente el amor en el mundo, anhelamos el cielo.

Danos  la fuerza de barrer los obstáculos

como el viento quita la suciedad del camino.                   

Enséñanos la obediencia, el espíritu de entrega, el sacrificio,

que harán de nosotros auténticos soldados,

                   tus soldados, oh Cristo. ( Tim 2,3)                                DS 123-124  MS 305 

 

123 – Enséñanos el renunciamiento

Señor, enséñame el renunciamiento.

Que sepa vivir...  donde quieres... como quieres...

Purifica mi espíritu:

que obedezca a mis superiores sin llegar tarde, sin poner condiciones,

y sin volver atrás, por amor hacia tu voluntad, únicamente por amor.

Pongo mi esperanza sólo en Ti,

que ninguna persona, ningún trabajo, ningún peligro detengan

¡mi ardor de servirte!                                      MS 246-247

 

124 – Lo que quieras

Padre mío, están en tus manos.

todos mis deseos, todas mis inclinaciones.

¿Qué quieres que  haga?  ¿Me quieres para Ti?   Lo quiero

¿Me quieres para mis hermanos?   Lo quiero

¿Me quieres para trabajar en otra parte?    Lo quiero

¿Me quieres para retirarme?    Lo quiero

¿Me quieres enfermo?    Lo quiero

¿Me quieres sano?    Lo quiero                                                                                                              MS 262

125 – Escuchar tu Palabra

Señor, queremos escuchar tu Palabra,

 ¡escucharla con docilidad de espíritu!

Danos la fuerza de practicar lo que nos pide.

La oración nos ayude a ser fieles a nuestro deber,

a someternos a tu voluntad,

entonces se nos revelará el Reino.

Tu Palabra nos muestre nuestros pecados y nuestros defectos,

nos clarifique, nos haga comprender la verdad,

nos corrija de nuestros defectos,                                  

nos perfeccione en lo bueno que hay en nosotros.                  MS 238

 

126 – Nos acercamos a Ti

Señor, ayúdanos a abandonar el pecado.

Nos acercamos a Ti, fuente de todos los beneficios.

Nos desprendemos de nuestra voluntad propia,

de nuestro amor propio, de nuestros juicios propios.

Nos entregamos a Ti, Dios nuestro,

nos entregamos en cuerpo y alma, con cuanto poseemos.

Nos acercamos a Ti para obedecerte hasta la muerte,

para no ser ricos sino por Ti, para ser juzgados sólo por Ti.

Renunciamos voluntaria y completamente a nosotros mismos.

Nos acercamos a Ti, fuente de todo bien,

calma nuestra sed,

fecunda nuestro espíritu,

fructifica nuestro obrar.                                    MS 243-244

 

127 – Nuestro corazón ascienda hasta Ti

¡Oh Dios, nuestro corazón ascienda hasta Ti!

Concédenos primero una voluntad recta:

que seamos capaces de ver y proclamar la verdad;

y si tropezamos y caemos,

que reconozcamos nuestras faltas,

y nos levantemos.

Concédenos después  una voluntad fuerte:

que nuestros esfuerzos triunfen sobre los obstáculos.

Luego ensancha nuestro corazón:

cólmanos de santa alegría

para correr y volar en tu servicio.

Por fin danos el cielo:

allí sin lugar a dudas nuestros corazones serán justos y buenos.

¡Ojalá siempre miremos el cielo!

Que tu voluntad se cumpla en la tierra como en el cielo.

Acogemos tu Palabra que nos das en abundancia.                    

Recibimos tu Palabra con el mismo respeto que tu Eucaristía.                    MS 231 233

 

128 – En la tentación, no nos dejes caer

“Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación”

Concédenos que las tentaciones no nos turben, ni nos descorazonen.

Sé que vienen de aquel mismo demonio que tentó a Jesús;

porque me quieres por amigo,

porque quiero ser tu amigo,

busca engañarme por todos los medios.

Pero, Señor, ayúdame a ir más lejos:

quiero avanzar siguiendo tus mandamientos, obedeciendo a mis superiores.

Permaneceré sereno y totalmente entregado, en mi ‘posición’.

Gracias a todo esto, concédeme la felicidad verdadera.                      DS 288-289

 

129 – Instrumentos dóciles

Señor, aumenta nuestra fe.

No ponemos nuestra confianza en medios humanos,

sino en Ti que haces llegar todo a feliz término.

Nos llamas... y nos envías:

que seamos instrumentos dóciles

y colaboradores idóneos del Corazón de Jesús.

Queremos cumplir cuanto esperas de nosotros, allí donde nos colocas.

¡Eres quien da paz y tranquilidad al corazón!

Señor, ayúdanos a reflexionar...  obrar... a orar...  

¡Padre nuestro, ponemos todo en tus manos!           DS 322-323  MS 253

 

130 – Instrumentos de paz

Si no tenemos el espíritu de humildad,

de caridad, de obediencia, de disponibilidad,

si no respetamos tu voluntad, Señor Dios nuestro,

no podemos hacer nada bueno.

La verdad acaba siempre por triunfar:

que se cumpla cuanto antes, Padre nuestro,

para que quienes estén en el error, puedan cambiar su corazón.

Que seamos instrumentos...  instrumentos portadores de paz...

“El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros,

conozca la tierra sus caminos,

todos los pueblos su salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.”  (Sal 66, 2-4)                                                      DS 323-324

 

131 – Responder a tus llamadas

Dios mío, me llamas sin cesar,

enséñame a cumplir bien mi trabajo cotidiano;

a poner el mejor de los cuidados, la máxima aplicación,

a agradarte, pues siempre estoy en tu presencia.

Vuelve pura mis intenciones,

que siempre, en cuanto realice, anhele imitar a Jesucristo,

y para esto que sepa dominarme

y renunciar a mí mismo.                                               DS 352

 

132 – Los más favorecidos son los que obedecen más

Señor Padre nuestro, quien mejor te obedeció,

fue tu propio Hijo, y lo hizo desde su entrada en el mundo.  (He 10, 5)

Los Santos más favorecidos son los que más obedecieron.

Enséñanos a obedecer en seguimiento de los santos,

en seguimiento de Jesús: en nuestra acción, en nuestra voluntad,

en nuestra inteligencia, siempre... en todo... somos sus herederos.

Ayúdanos a obedecer como Jesús, ni más... ni menos...

Sólo buscamos tu voluntad, otra cosa no tenemos en cuenta,

ni siquiera nuestra propia voluntad:

reine tu voluntad sobre toda nuestra conducta.

Toda gloria te pertenece, danos un corazón simple y dócil.

Te ofrecemos nuestra voluntad y nuestro espíritu

porque es a Ti a quien servimos.

¡Tu Espíritu colme nuestro espíritu!                           MS 271-273

 

133 – Dame una obediencia verdadera

Dame, Señor, una obediencia simple:

que no discute,

que no murmura,

que no cuestiona,

sin “como” y sin “pero”.

Dame obedecer como Abraham,

o como San José partiendo para Egipto.

Dame ,Señor, una obediencia prudente:

sin atolondramientos, sin indiscreción.

Dame, Señor, un obediencia desinteresada:

que no sea búsqueda de mí mismo,

ni tampoco búsqueda de felicidad inmediata:

que dilate mi corazón y me haga decir:

“¡Es el Señor! que haga lo que es bueno a sus ojos”  (1 R 3,18)

Dame, Señor, una obediencia respetuosa:

que respete a aquel por quien me hablas, sin considerar sus defectos,

aunque los otros me hagan reproches, dame el respeto de David por Saúl. (1S 24,3-21)    

         Dame, Señor, una obediencia humilde:                        

obediencia y humildad se ayudan mutuamente,

son inseparables.                                    MS 273-274

 

134 – Hombres obedientes

Señor, que seamos hombres obedientes:

Jesús entonces estará en medio de nosotros,

el Espíritu Santo obrará en nuestros corazones,

haz pues que conozcamos y hagamos,

tu divina voluntad como en el cielo.                                    MS 269

 

135 – Hacer bien nuestras acciones ordinarias

Para avanzar por tu camino, Señor,

enséñanos

a hacer bien nuestras acciones ordinarias...

 allí donde estemos... allí donde nos llames...

en nuestro trabajo ordinario... en nuestra vida cotidiana...

Cuanto debamos hacer,

hagámoslo de la mejor manera posible,

con corazón magnánimo y voluntad decidida,

con entusiasmo y con perseverancia,

diciendo: ¡Adelante! ¡Adelante!                                            MS 279

 

 

 

 

136 – Bajo la mirada de Dios

Padre nuestro,

lo sabes todo,

lo ves todo,

entusiásmanos por el bien y presérvanos del mal.

Tu saber actual nos da fuerza y nos hace avanzar en el camino que libera.

Eres el dueño de todo, no somos sino administradores:

ayúdanos a utilizar todos los bienes según tus deseos,

siempre estamos dispuestos a rendirte cuenta,

dispuestos a devolverte todo, sin dudar, sin murmurar, cuando lo quieras.  MS 283-284

 

137 - ¡Adelante!

¡Adelante!

Señor hasta Ti vengo, olvido el pasado, cuanto está detrás de mí;

y me lanzo ¡Adelante! hacia  lo que está delante mío,

voy sin desmayar hacia mi meta, donde me llamas.  (Fil 3, 13-14)

Sin detenerme

No quiero mirar más lo que abandoné,

ni lo que se me presenta a derecha o izquierda;

no quiero más dar rodeos,

porque no temo ni las heridas ni la muerte.

Y aunque caiga,

no quiero más quedar tendido en tierra, triste, desolado, desesperado...

quiero levantarme pronto

y caminar entonces con más fuerza;

no quiero inquietarme inútilmente por lo que me hizo caer.

¡Ir siempre adelante!

Tus favores me acompañan,

obedeceré sin pasar el tiempo preguntándome dónde estoy y dónde voy,

ni siquiera si te agrado:

me ocuparé solamente en cumplir tu voluntad, dejando de lado mi voluntad.

¡Adelante!   ¡Me entrego completamente a Ti!                MS 312

 

138 – Amar exclusivamente lo que se debe amar

Señor, buscamos tu voluntad:

¡Ojalá guíe siempre nuestra vida!

Renunciamos pues a amar de un modo desordenado,

renunciamos a amar cuanto no debemos amar.

Danos tu luz para que conozcamos lo que deseas.

Danos la voluntad necesaria

para esmerarnos en cumplir lo que te agrada.

Danos la fuerza para ir hasta el final en lo que nos pides.

Concédenos amar únicamente lo que hay que amar:

ayúdanos a buscar tu voluntad,

a encontrarla... a aceptarla... a seguirla... no bien la percibamos.                      MS 328

 

139 -  La gracia más fuerte que el pecado

Allí donde abunda el pecado , superabunda la gracia.  (Rm 5,20)

Señor, sé que no tengo fuerzas en mí,

pero tomo coraje y obedezco.

No realizo nada de bueno,

pero puedo todo en Ti que me vuelves fuerte.                    MS 59

 

140 – Únicamente tu voluntad

Dios Padre nuestro, queremos ser salvados

y llegar a ser perfectos como Tú eres perfecto. (Mt 5,48)

Concédenos trabajar en eso,

no siguiendo nuestra voluntad sino cumpliendo la tuya,

con los medios que quieres, del modo que lo quieres,

hasta que lo quieras, con quien quieras.

No nos buscamos a nosotros mismos,

queremos solamente lo que quieras.                                    MS 93

 

141 – Así en la tierra como en el cielo

“¡Padre, que se cumpla tu voluntad!”

Siempre se cumple, en todo y por doquier, porque nadie puede resistirte.

Pero que se cumpla  “así en la tierra como en el cielo”.

Y también:

que tu Nombre sea santificado

así en la tierra como en el cielo,

que venga tu Reino

así en la tierra como en el cielo.                                                                                       MS 113

 

142 – Jesús obedece incluso a los verdugos

Señor Jesús, eres siempre obediente, incluso frente a tus verdugos,

incluso frente al demonio:

te dejas conducir por Satán a lo más elevado del Templo  (Mt 4,5).

Pero no te unes jamás a su voluntad malsana y perversa.

Para Ti, son instrumentos de la voluntad de Dios,

por eso no te resistes:

cuando se te quiere golpear, dejas hacer,

cuando se te quiere crucificar, extiendes tus manos.

Obedeces a Pilato, obedeces a Herodes,

sabes que es por ellos,

y por sus crímenes,

que se cumpla la voluntad del Padre.                                                                    MS 158  DS 200

 

143 – Aleja de nosotros el orgullo

Aleja de nosotros el orgullo, Señor,

ese orgullo que nos aleja de Ti.

Ilumina nuestra conciencia:

y evitaremos caminar equivocados con buenas intenciones;

entonces nuestra voluntad no tomará el lugar de la tuya,

y no transformaremos tus voluntades según nuestros caprichos.

Que no digamos:

“Lo que queremos, eso es lo justo,

lo que queremos, eso es lo santo.”

Es verdaderamente justo y santo,

lo que Tú quieres, porque Tú lo quieres.                   MS 198

 

 

 

 

 

144 – El programa del Corazón de Jesús

Corazón de Jesús, Sacerdote eterno,

 servidor sin par del Padre celestial,

enséñanos a ser siempre abnegados y obedientes,

 dispuestos a todo, amables en toda circunstancia.

Ayúdanos a ser hombres aptos,

siempre dispuestos a correr a la primera señal;

dispuestos a ir a cualquier parte donde seamos llamados,

aún y sobretodo a los lugares difíciles que los demás rechazan.

Corazón de Jesús, el ejemplo viene de Ti:                    

¡Tu programa sea nuestro programa!                   MS 183-184  DS 43

 

145 – Haz de nosotros lo que quieras

Padre nuestro Dios,

vuélvenos santos como Tú eres Santo.

Nos entregamos totalmente a Ti,

haz de nosotros  lo que quieras.

Muéstranos la verdad:

llegaremos a ser perfectos, si hacemos cuanto quieres,

como lo quieres, en el lugar que quieres, en el momento que quieres.

Permítenos hacer  tu voluntad con amor:

porque mucho te agrada lo que te damos con alegría,

porque lo que buscas es siempre nuestro corazón.

Oh Dios, Maestro nuestro,

nos sentimos felices por pertenecerte: ¡bien te lo mereces!

Nos entregamos a Ti, siempre y doquier,

aún cuando nos sintamos sacudidos,

aún cuando tus puntos de vista vayan contra nuestro modo de ver,

contra nuestros  deseos,

contra nuestros proyectos.

Estamos dispuestos a darte todo lo que tenemos,

todo lo que poseemos, y toda nuestra libertad.

Cuando tu voluntad nos sea desconocida,

la cumpliremos por obediencia,

nuestra obediencia es ciega

pero contigo se torna sabia.                              MS 195-196

 

146  - La Encarnación

Señor Dios Altísimo, en el misterio de la Encarnación,

cuando tu Hijo llega a ser hombre,

¡muestras tu poder en el cuerpo de la Virgen María!

El Espíritu Santo desciende sobre ella

y tu poder la cubre con tu sombra (Lc 1, 35)

Pero también está María:

se implica libre y generosamente,

cumple lo que los profetas han anunciado:

“Que la tierra se abra y germine la salvación”  (Is 45,8)

Coopera perfectamente en tu proyecto:

se humilla y dice: ”Soy la servidora del Señor”.

Obedece con una fe y caridad extraordinarias:

“Dios cumpla en mí lo que has dicho”  (Lc 1,38)

¡Ojalá sepamos imitarla siempre!                                   MS 206  DS 134

 

 

 

 

147 – La lucha contra el mal

“Hermanos, háganse fuertes con la poderosísima fuerza del Señor.

Revístanse con la armadura de Dios,

para poder resistir las asechanzas del espíritu del mal.

Revístanse con la armadura de Dios,

así podrán resistir en el día de la tentación,

y después de haber luchado, permanecerán de pie”  (Ef 6,10-11.13)

Señor, contamos contigo, solamente contigo,

para luchar contra el mal que nos ataca por todos los flancos.

¿Si estás con nosotros quién estará contra nosotros?  (Rm 8,31)

Queremos estar armados, aún antes de ser atacados.

Tú mismo, vuélvenos vigilantes:

pues el mal se apodera de nuestros corazones a pesar nuestro,

el mal se adentra en nosotros sin que nos demos cuenta,

el mal se nos presenta bajo forma  de bien.

Nuestro combate del mal es de todos los días.

                                      ¡Toda nuestra vida es una lucha sin cuartel!

Concédenos cada vez las armas necesarias,

en especial en las horas difíciles.

          ¡Ojalá siempre estemos despiertos y vigilantes!                     MS 236-237

 

148 – No hacer muchas cosas, sino las que Tú quieres

Señor Dios nuestro, no te pedimos hacer muchas cosas,

simplemente queremos hacer lo que quieres que hagamos.

Haciendo poco, pareciendo incluso no hacer nada,

podemos hacer mucho:

                   así Cristo, durante treinta años,

y también Juan el Bautista, durante el mismo tiempo,

se prepararon para anunciar la Buena Noticia;

las palabras que dijeron llenarían muy pocas páginas,

¡pero estas palabras resonaron en el universo,

y aún continúan después de siglos!

¡Señor, enséñanos a hacer bien lo poco que nos pides!      MS 280

 

149 Señor, colócanos donde te agrade

Señor, estamos a tu disposición,

porque te pertenecemos.

Nuestro lugar no lo queremos elegir nosotros,

ni siquiera el más bajo:

eso sería audaz y pretencioso, y no nos sostendrías.

Eres Tú quien debe indicarnos donde quieres que estemos,

y que lugar es necesario ocupar.

Somos capaces de lo mejor y de lo peor,

ni siquiera estamos seguros de nosotros mismos,    

en Ti sólo ponemos nuestra confianza.

¡Tu fuerza es infinitamente más poderosa que nuestra debilidad!                   MS 307

 

 

 

 

 

150 – Como Abraham

En Abraham, Señor Dios nuestro, nos diste un buen modelo.

Ni bien le hablas, se pone en camino:

sin juzgar lo que pides,

sin pensar que es difícil, imposible o absurdo,

¡ hombres sabios, cuántos obstáculos hubiesen encontrado!

Aunque tales pensamientos le vinieron a Abraham

muy rápidamente los rechazó, porque iban contra tu voluntad.

A todos les hubiese podido  responder como a su hijo Isaac:

”¡Dios encontrará la solución!

  ¡Dios tiene su modo de ver!”   (Gn 22,8)

Como Abraham,

deseamos obedecerte,

confiarnos a Ti,

entregarte el resultado de todo.                          

¡Así tendremos éxito en la vida!          MS 310  DS 236

 

“Si alguien quiere ser el primero,

hágase esclavo de todos” 

Mt 10,44

 

151- Humildes en el seguimiento del Corazón de Jesús

Dios Padre nuestro, a imitación de Jesucristo

queremos ponernos a tu servicio,

como Jesús, aceptamos hacernos muy pequeños,

como Jesús, muy obedientes,

lo que de veras buscamos, es tener los mismos sentimientos,

 los de Cristo Jesús.  (Fil 2,5)

Enséñanos a no buscar figurar, pero sí a entregarnos totalmente.

El Corazón de Jesús jamás buscó su gloria,

sino sólo la tuya, Dios Padre nuestro.

Enséñanos la humildad de corazón:

“Yo soy tierno y humilde de corazón”  (Mt 11,29)            DS 70-71

 

152 – Vuélvenos humildes

“Mi vida es como nada delante de Ti.”  (Sal 38,6)

No me debes nada, al contrario, tienes todos los derechos sobre mí.

Haz lo que quieras de mi espíritu, de mi corazón, de mi ser incluso.

Si mis hermanos me maltratan,

a mí que soy pecador como ellos, dame la fuerza de no acusarlos.

Que mis sufrimientos se unan a los del Corazón de Jesús,

y se transformen en felicidad eterna.

Quiero tomar sobre mí el yugo de Jesús: es liviano.

Vuélveme liviana, Señor, la carga que acepto llevar por amor a Ti

Concédeme la paz del corazón... calma mis pasiones...

cesen las agitaciones de mi espíritu... mis murmuraciones... y mis rebeldías...

Aleja de mí el orgullo que vuelve la vida amarga e insoportable.

Enséñanos a empequeñecernos, anonadándonos totalmente.

Enséñanos a seguir a Jesús anonadado y obediente

hasta la muerte de cruz.

¡Enséñanos a seguir a Jesús humilde de corazón!     DS 71-72

 

153 – Jesús, te empequeñeces

Señor Jesús,  te empequeñeces, te pones por debajo de lo que eres.

Eres Dios,  y te haces hombre,

te haces todavía más pequeño

y obedeces hasta la muerte en cruz.

Así fuiste de humilde: elegiste hacerte pequeño,

lo hiciste de verdad, lo hiciste por amor.

¡Enséñanos la humildad!                                         MS 143

154 - ¡Navidad!

¡Navidad!

¿Quién eres, tierno niño, recién nacido?

Te acuestan en un pesebre de bueyes,

lloras y tiemblas de frío, pides la materna leche,

no difieres en nada de los otros niños.

¡ Tú, el Hijo de Dios!

Nosotros te admiramos, te amamos, te agradecemos.

Niño pequeño, eres nuestro Dios,

eres nuestro todo,

¡ Tú !

¿Por qué, Tú que eres tan grande, te vuelves tan pequeño?

Porque amas a tu Padre, y porque nos amas,

a nosotros, tus enemigos.

Vienes a salvarnos, vienes a hacernos felices.

Éramos pecadores y desgraciados, aptos para ser condenados,

y vienes a perdonarnos, a darnos la vida de Dios.                    MS 167

 

155- Desear las humillaciones

Oh Dios, te amamos sobre todas las cosas,

nada vale delante de Ti.

Tu Hijo vino para enseñarnos como agradarte,

como cumplir tus voluntades,

nos enseña a amar las humillaciones y los sufrimientos,

cuando todos buscan honores,

nos muestra que es necesario buscar la cruz,

cuando los hombres buscan la gloria mundana.

¡Ven en nuestra ayuda, oh Dios!

Señor, concédenos gustar estas realidades.

Haz que no encontremos consolación

sino en el anonadamiento de tu Hijo.

¡Ven en nuestra ayuda, oh Dios!

Danos el gusto por la rectitud.

Danos la alegría de seguirte:

¡tu Espíritu sea nuestro consolador!                           DS 109-110

 

156 – Humildes como un granito

La humildad es como un granito,

muchos sabios de este mundo la desprecian.

Tú, Dios sapientísimo, cimientas sobre ella la vida cristiana y la vida religiosa.

Tú mismo recogiste el granito de la humildad,

y comenzaste por sembrarlo en tu Corazón.

Te abajaste,

te hiciste pequeño

tomando la carne en el seno de María,

naciendo pobre en Belén,

en el transcurso de tu vida,

y aún hoy en la Eucaristía.

Nos propones el mismo camino de humildad.

Nos enseñas a ser mansos y humildes de corazón  (Mt 11,29)

Nos diste el ejemplo,

y deseas que obremos como Tú nuestro Señor y Maestro  (Jn 13,13-15).

Queremos crecer,

enséñanos a hacernos pequeños... a vivir escondidos...

a empequeñecernos todavía más.

Los grandes árboles nacen de semillitas,

de los granitos escondidos y podridos en tierra.

¡Por este camino, condúcenos a la gloria verdadera!           MS 174-175

 

 

 

157 – Fiel a tu Palabra

Dios mío, que tu Palabra quite los defectos de mi corazón,

que desarrolle las cualidades que existen en mí,

que el Cuerpo de Jesús recibido en la comunión

actúe de la misma manera.

El cuerpo de Jesús y la Palabra de Dios

sean el alimento que fortalezca mi alma.

Permíteme estar de acuerdo con tu Palabra: que le sea fiel,

para mí, es más preciosa que todos los milagros.

Hasta María ha sido más feliz,

por ser fiel a tu Palabra, que por haber engendrado a tu Hijo  (Lc 11,27-28).

¡Ojalá tu Palabra me vuelva manso y humilde de corazón!

Quien realiza la verdad viene a la luz  (Jn 3,21).

¿Realizar la verdad, no es acaso seguir tu voluntad?       DS 153-154

 

158 – En el último lugar, como Jesús

Señor Jesús, nos pides tomar el último lugar  (Mt 23,12)

y es lo que haces Tú mismo, te conviertes en el servidor de todos.

Concédenos buscar el último lugar, sin comparar ni elegir:

en el último lugar, no hay más que un lugar:

el  nuestro, preparado para nosotros.

Queremos imitarte: ¡enséñanos la humildad!                            DS 175-176

 

159 – Hacerse pequeños

Señor Dios nuestro, venimos hacia Ti.

Vuélvenos humildes,

presérvanos de toda ilusión, de toda caída, de todo pecado.

¡Que no queramos aparentar!

Señor Jesús,

Dios que se hace hombre, te anonadas;  

y te abajas también presentándote para el sacrificio;

te animas a decir: “Aquí estoy, obediente hasta la muerte,

hasta muerte en cruz”  (Fil 2,8)

No valemos nada, pero queremos todavía ser más pequeños;

así, gracias a Ti, seremos santificados, transformados,

¡viviremos en Dios!                                  DS 176-177

 

160 – Servidores inútiles

Dios Creador nuestro, nos  presentamos delante de Ti.

No valemos nada, no somos nada,

lo reconocemos, lo confesamos.

Tú que te opones a los orgullosos, danos tu Palabra para sostenernos.

“Somos servidores inútiles”  (Lc 17,10)

¡Contamos contigo! ¡Bendícenos!                  DS 177-178   MS 176

 

161 – Humildad y confianza

Señor, no somos sino servidores inútiles.

Jesús es la única roca sobre la cual nos apoyamos.

Clamamos : “¡Socorro!”, nos arrojamos en tus brazos.

Vuelve nuestra conducta humilde y confiada.

Tú te complaces en la verdad,

nosotros únicamente esperamos en Ti.                      DS 178-179

 

 

162 – Humildes, obedientes,  constantes y contentos

Dios mío, clamamos misericordia, ven en nuestra ayuda.

Haz que en nuestro trabajo de cada día

seamos siempre humildes, obedientes, constantes y contentos.

¡Siempre adelante!  ¡Bendícenos!                                   DS 186

 

 

163 – Ayúdanos a fructificar

Señor Jesús,

nos elegiste para que vayamos y fructifiquemos

y que nuestro fruto permanezca   (Jn 15,16).

Señor Jesús,

desarrolla en nosotros el granito que sembraste:

que seamos servidores dispuestos a todo, desprendidos de todo,

totalmente abiertos a quien tiene derecho.

Enséñanos a obedecer, a cumplir lo que pides;

entonces, aunque se nos calumnie,

aunque se digan falsedades contra nosotros, permaneceremos alegres,

y produciremos frutos permanentes,

por la gracia del Espíritu Santo.                              DS 24-225

 

164 – Danos un espíritu de humildad y de amor

Espíritu Santo, enséñanos a orar,

sin Ti, Maestro interior, nada podemos,

y nos equivocamos.

Danos un espíritu de humildad y de amor:

Que tu Palabra nos ilumine,

más aún, que los pecados y las más grandes caídas

se conviertan en ocasión  de ver más claro.

Tú te sirves de los hombres para conducirnos:

vuélvenos dóciles a los que nos envías.

Tú que dijiste: “Yo soy la verdad”  (Jn 14, 6).                   DS 226-227

 

165 – Jesús, ejemplo de ternura

Señor Jesús,

¿cuál es el ejemplo que nos das? el de la ternura.

Lo das siempre:

cuando te haces hombre, durante tu Infancia, durante tu Pasión,

como Corazón del Verbo Encarnado.

Nos muestras esta ternura en tus palabras... en tus miradas...

¿Y nosotros?

Ayúdanos a seguir un idéntico camino de ternura,

¡ternura para con Dios y para con los hermanos!

   ¡Tu Espíritu nos conceda tu misericordiosa ternura!          MS 200

 

166 – Enséñanos a guardar nuestro lugar

Señor, enséñanos a guardar nuestro lugar, aún el más discreto.

En el establo de Belén, el pesebre de animales

¡qué lugar estrecho!

y sin embargo: ¡de cuánta importancia para el mundo!

Un bebé... una mujer pobre... un trabajador pueblerino…

¡de cuánta importancia para el mundo,

frente a Dios y frente al hombre!

Un pedacito de pan, en las manos del sacerdote,

¿qué cosa hay más insignificante?

Y sin embargo, la Eucaristía:

¡qué cosa tan grande, qué cosa tan importante,

frente a Dios y frente al hombre!

Que el Espíritu nos conceda inteligencia,

que nos haga comprender bien las realidades divinas,

que sea nuestro único consolador, no sólo un día, sino siempre...

“El Señor me conduce, nada me falta.

En verdes prados de hierba fresca me hace reposar”  (Sal 22,1-2)

¡Señor, sé nuestro guía!                                       DS 145-146

 

167 – Aleja toda inquietud

Señor, cuando nos miramos a nosotros mismos,

 encontramos los estragos del pecado.

Estamos tentados de desesperar; en efecto, ni en nosotros, ni en la naturaleza,

encontramos un remedio para nuestros males.

Nada podemos esperar de nosotros mismos ni de las criaturas

para una auténtica felicidad .

A veces estamos tan desolados que el dolor turba nuestra alma

y estremece nuestros huesos.

No nos dejes caer en la desesperación.

Por el contrario: aleja toda inquietud, toda desconfianza.

Cuando veamos nuestros males, que eso nos vuelva más pequeños.

Vuélvenos dóciles y llénanos de fe.

Concédenos conocer la plenitud de tu Reino,

y realizar siempre lo que te agrada.                         MS 223-224

 

168 – Amar la verdad

Señor, Dios nuestro, ayúdanos a amar la verdad,

sobretodo la que nos desagrada, la que nos cuestiona,

la que nos hace conocer hasta el más pequeño defecto,

la que nos corrige, aunque al principio nos turbe.

Danos amigos lo suficiente honestos,

capaces de decirnos la verdad difícil.

Señor Dios nuestro, protégenos de la verdad que halaga,

que ella no nos haga perder la cabeza,

que no nos llene de orgullo.

Señor Dios nuestro, ayúdanos a amar la verdad que conduce hacia Ti.

“Aquel que obra la verdad viene a la luz,” (Jn 3,21)

 ve con claridad lo que hace, ve que obedece a Dios.          DS 236-239

 

169 – Instrúyeme

¡Señor, socórreme!

No obstante todos mis talentos, todos mis títulos,

nada puedo por mí mismo, ni siquiera puedo desear el bien.

Eres el único Maestro, eres el que enseña al hombre,

del más pequeño al más grande, y en especial al más débil,

al que tiene menos medios humanos.

Vuélveme pequeño: ¡Instrúyeme sólo Tú, mi divino Maestro!       MS 239

 

170 – Danos un alma generosa

Señor, danos un alma generosa, dispuesta a continuar tu obra divina,

aun a través de obstáculos,

delante de las dificultades causadas por los hombres,

enséñanos la humildad para permanecer fieles a nuestra  misión.

Con S. Pablo pedimos: “¿Qué quieres que haga?”

Sabemos que sirviéndote vamos a sufrir,

pero, por amor a Ti, olvidamos el pasado y nos proyectamos al porvenir.                 

Sabemos que serás nuestra recompensa.  (Fil 3, 12-14)          DS 295-298

 

171 – Aceptar a los hombres tal cual son

Señor, Dios nuestro,

muy a menudo tenemos ganas de criticar a los demás.

Enséñanos a seguir sirviéndolos con generosidad, con valentía y alegría.

Los hombres son, y serán siempre, hombres:

ayúdanos a sacar el mejor partido posible.

Rezamos, gemimos, arrastramos el peso del día y del trabajo:

hagámoslo con humildad y en un abandono total a su divino amor.

Eres quien nos gobierna,

eres quien conduces todas las cosas, por tanto nada nos faltará,

al contrario: tu bendición nos acompañará siempre.

¡Adelante, hasta cuando quieras!                                 DS 362-363

 

172 – Apoyarse sólo en Dios

Padre nuestro, en la relación con nuestros hermanos,

queremos ser siempre celosos y diligentes,

pero sólo queremos apoyarnos en Ti y en nadie más,

tampoco en nuestras bonitas palabras.

Sin el Maestro interior, sin el Espíritu Santo,

nada útil podemos hacer.

Por nosotros mismos estamos sin fuerzas

y nuestra plegaria es un grito de angustia:

¡“Socorro, Dios mío!  ¡Apresúrate en socorrerme!

¡Dios mío, ven en mi ayuda!

He ahí lo que nos enseña la Iglesia.

Nuestra confianza está en Ti,           

eres un océano de bondad, sumérgenos en Ti

mucho más profundamente que el pez en el mar.

Nos entregas a tu Hijo, quien nace por nosotros,

quien se entrega totalmente a nuestro servicio.

Estamos seguros que gracias a Jesús nos ayudas,

y a pesar de todo nos sentimos felices por nuestra debilidad.

¡Ojalá siempre seamos humildes y confiados!         DS 356-357

 

173 – Por la fe, nos vuelves fuertes

Señor, tenemos miedo

de dejar la vida del mundo: de abandonar nuestro orgullo...

nuestros placeres... nuestra propia voluntad... nuestra manera de pensar...

Frente a los hombres que nos rodean,

nos sentimos tan débiles, tan pequeños, tan solos.

¡Pero allí estás Tú! 

Nos hablas, y obras en el fondo de nuestros corazones como un fermento.

A todos ofreces tus dones.

Por la fe, nos conduces a Jesús; es la inagotable fuerza que nos colma.

Danos una fe pura, una fe que nos aparte de todo,

una fe sólida que nos prepare para todo,

una fe que nos vuelva valientes y audaces.

 Es el don que nos concedes por la pasión y muerte de Jesucristo   MS 265-266

 

174 - Inmenso y bondadoso es Dios para con el hombre

Señor Jesús, jamás eres injusto con el hombre.

A pesar de ser tan pequeño, lo amas tanto, lo colmas de tantos beneficios.

Eres inmenso y bondadoso, no permitas

que tengamos la audacia y la ingratitud de ofenderte y menospreciarte.

Por el contrario,

queremos ser agradables a tus ojos, cada día,

de un modo siempre nuevo aunque nos cueste.

Deseamos amarte y darte todo nuestro cariño.

Te debemos todo, porque nos diste todo... dándote a ti mismo...

y nos prometes también cuanto el Creador puede dar a la creatura.

Cada uno de nosotros te dice:

“Aquí estoy, sin llegar tarde, sin poner condiciones, y sin volver atrás!”

¡Qué bueno todo esto! ¡Cuánto nos honra tu amistad!

¡Qué felicidad experimentamos!                            MS 268-269

 

175 – Jesús, el cumplidor por excelencia de la ley de Dios

Señor Jesús,

cumples a la perfección la ley de Dios,

aun la más pequeña... aun la más difícil, aun la menos obligatoria...

las cumples todas...hasta en lo mínimo...

¡Nada es pequeño cuando es voluntad de Dios!

Lo que sería pequeño se vuelve grande

cuando se lo realiza con mucho amor.

Ése es el ejemplo que nos das, Señor Jesús,

concédenos imitarte: que nada nos detenga

en la búsqueda del beneplácito de tu Padre y Padre nuestro.   MS 274

 

176 – Santificas todas nuestras acciones

Señor Dios nuestro, nos enseñas que la cosa hecha por ti como se debe,

por un hombre justo, es digna de recompensa eterna.

Enséñanos también qué importante es para nosotros

volver santas todas nuestras acciones.

Danos avanzar a grandes pasos por el camino de la perfección,

uniéndonos a Ti, en la acción más pequeñita.              MS 279

 

177 – Honestos para con Dios

Señor, ayúdame a conocer mi miseria,

no valgo nada, ayúdame a conocer tu santidad.

Tú eres inmenso, Dios mío.

Eres todo, no soy nada, si soy alguien, si tengo algo, es en Ti y por Ti.

Ser humilde es ser auténtico; y la verdad es la santidad.

Cuanto más se está persuadido de ser pequeño,

tanto más se lo muestra en la conducta habitual,

y cuanto más santo se es,

tanto más se está unido a Ti, Padre nuestro.                     MS 294

 

178 - Servidores inútiles somos

“Somos servidores inútiles”  (Lc 17,10)

lo decimos a causa de nuestro pecado, a causa de nuestra debilidad,

incluso cuando hacemos el bien.

Porque nuestra fuerza, nuestra única roca, eres Tú, Jesucristo.

“Somos servidores inútiles”

cuando somos honrados, y cuando también somos humillados ¡es lo justo!

Desde nuestro abismo gritamos: ¡Socorro!,

nos arrojamos en tus brazos,

y entonces todo se vuelve posible.

Tan poco valemos, pero Tú, Señor, eres bueno y poderoso.       MS 313

 

179 - Obrar como Tú, Jesús

Señor Jesús, fijamos en Ti nuestra mirada,

para imitarte, para vivir como vivías:

que guardemos silencio como Tú lo guardabas,

con gran recogimiento de espíritu,

que oremos como orabas;

que sepamos aceptar las humillaciones, y también los desprecios,

como los aceptabas;

que soportemos con paciencia cuanto nos fastidia,

como lo soportabas;

que comamos como comías, que descansemos como lo hacías...

que obremos siempre como Tú...

Así, poco a poco, crecerás en nosotros,

nos volveremos tus compañeros y tus hermanos,

y así seremos agradables al Padre

que nos ama a causa de Ti, su Hijo predilecto.   MS 349-350

 

 

180 - El espíritu del Corazón de Jesús

Señor, danos una profunda humildad frente a Ti.

danos una gran ternura para con nuestros hermanos

danos una gran entrega a tu servicio y al servicio de los hermanos.

Sea nuestro espíritu el espíritu del Corazón de Jesús:

con Él exclamamos: ¡Aquí estoy!                           MS 352

 

181 – Quiero lo que quieras

Dios mío, quiero todo lo que quieras

quiero hacer siempre todo lo que quieras, sea  una orden o un consejo,

lo quiero como lo quieres, del modo que lo quieres

y sobretodo porque lo quieres, únicamente por tu beneplácito.

No quiero nada, y no quiero hacer nada, jamás,

de lo que Tú no quieres, sea porque lo prohíbes, sea porque lo aconsejas,

no quiero pecado alguno,  aun el más pequeño,

no  quiero ir contra ningún mandamiento,

no quiero ninguna imperfección voluntaria,

no quiero resistir a tu gracia.                                               MS 119

 

182 – Jesús llevado al templo

Jesús, eres llevado al templo en los brazos de tu madre.

¡Eres tan pequeño y tan pobre! y tu madre: ¡qué tímida  y modesta!

Y sin embargo, así tan pequeño y pobre,

rindes a Dios un honor más grande que todas las adoraciones de los ángeles,

eres Dios y adoras a Dios:  ¡qué maravilloso espectáculo!

Te adoramos, purifícanos con tu madre.                          MS 167

 

183 – Idénticos sentimientos a los de Jesucristo

Señor Jesús, eres Dios,

sabes que tienes el derecho de hacerte igual a Dios,

con todo, Salvador nuestro, elegiste humillarte... hacerte esclavo...

y obedecer hasta la muerte en cruz.  (Fil 2,6-8)

Si bien en el éxito podemos glorificar y servir a Dios,

ayúdanos a preferir servirlo

siendo menospreciados, rechazados o contradecidos.

Señor y Maestro nuestro, nos das el ejemplo,     

y nosotros, tus discípulos, debemos tener          

tus mismos sentimientos, tus mismos anhelos, tus mismas miras.(Fil 2,5)  MS 170

 

184 – Humildes y tiernos de corazón...  queremos ser...

Dios Padre nuestro, tu Hijo nos pide cargar su yugo,

y afirma que su yugo es suave aun si es pesado, (Mt 11, 29-30)

lo vuelves suave para aquellos que lo cargan con gusto,

para aquellos que lo llevan por amor a Ti.

Recompensas a quien se hace muy pequeño:

gracias a Ti, su corazón está en paz,

vive calmo y tranquilo, no se queja,

no se rebela.

A quien se hace pequeño, aunque deba sufrir mucho, le das descanso.

El orgullo vuelve difícil soportar

los desprecios, las humillaciones, las mentiras.

Aleja de nosotros cualquier rasgo de orgullo,

enséñanos a hacernos pequeños:

ojalá no estemos inquietos por lo que se piensa de nosotros ,

por lo que se dice de nosotros, por el modo como se nos trata.

Nuestra voluntad, nuestros juicios no cuentan:

queremos únicamente obedecerte y seguir tu juicio y tu voluntad.

¡Queremos ser humildes y tiernos de corazón!             MS 180-181

 

185 – Nos elevamos hasta Ti

¡Cuánto te interesas por nosotros!

Hablaste al corazón de nuestros padres,

por Moisés escribiste tu ley en la piedra.

Con todo, los hombres siguen siendo débiles,

 y aceptas que sean débiles

pero, aun cuando pecan,  lejos de abandonarlos, buscas todavía salvarlos.

Te haces muy pequeño.

Como una madre se inclina sobre su bebé,

tu Hijo desciende hasta nosotros y hasta el barro de nuestro pecado:

y llega a ser un ser humano como nosotros, para elevarnos hasta Ti.

“Y la Palabra de Dios se hizo un ser humano” (Jn 1,14)          MS 142

 

186 – Jesús siempre presente

Jesús estás siempre presente: podemos encontrarte en cualquier lugar.

Te encontramos en tus mandamientos,

en nuestros superiores, en nuestros hermanos.

Los servicios que prestamos a nuestros hermanos, te los prestamos a Ti.

Nos permites vivir en tu intimidad:

para nosotros es un honor y una felicidad: ¡qué seguridad!

Contigo, nada nos falta, nos conduces.                    MS 197  DS 249

 

187 – Jesús, modelo de ternura

Señor Jesús,         eres modesto en tu porte,

no gritas, no haces escuchar tus palabras en los caminos.  (Is 42,2)

Siempre eres semejante a Ti mismo, siempre tierno y amable,

todos se acercan a Ti fascinados por tu ternura.

Tú conquistas los corazones, y se llegan hasta Ti diciendo:

“Vayamos hacia quien es la ternura personificada”

No te niegas a nadie, no quiebras la caña cascada,

no apagas la mecha todavía humeante.  (Is 42,3)

Al contrario, pasas haciendo el bien por doquier.  (Hc 10,38)

Eres un hombre simple, siempre dijiste la verdad,

cumpliste lo que tenías que hacer, sin fijarte en los defectos de los demás.

No buscas distinguirte de los demás, (Hc 2, 17; 4,15)

te pareces a tus hermanos , los hombres, en todo, salvo el pecado MS 202

 

188 – Tierno a semejanza de Jesús

Enséñame a ser tierno,  Jesús.

Enséñame a ser tierno, amando a mis hermanos.

Enséñame a ser tierno y humilde.

Sé cuánta necesidad tengo de tu misericordia.

Ayúdame ser tierno para poder dar fruto.

Enséñame a ser tierno en todas las ocasiones,

en las pequeñas y en las grandes, en las previstas o en las imprevistas.

Enséñame a ser tierno:

aunque me contradigan, aunque me reprochen, aunque me ofendan,

aunque la maldad de los hombres me hiera.

Enséñame a ser tierno frente a cualquier persona:

que no murmure contra mis superiores,

que no me enoje con mis hermanos,

que no desprecie jamás ni al más pequeño.

Vuélvenos tiernos con amigos y enemigos.

¡Vuélvenos tiernos a semejanza tuya, Jesús!             MS 204-205

 

189 – En el seguimiento del Corazón de Jesús

Señor Dios, eres sabio, eres bueno,

eres quien nos llamas al seguimiento del Corazón de Jesús,

es allí donde nos cuidas.

Así  nos sentimos colmados de confianza,

 nuestras acciones se vuelven sagradas, nos unen a Ti.

En Ti, encontramos una fuente inextinguible de fuerza y perseverancia,

en Ti, todo lo podemos.

Nos presentamos insignificantes delante tuyo, como Nuestro Señor Jesucristo que se hizo muy pequeño delante tuyo.                               MS 252  DS 294

 

190 – “Corro hacia la meta”

“Corro por el camino de tus mandamientos”  (Sal 118,3)

En la ruta que conduce a Ti , Señor,

no quiero avanzar a pasos lentos,

no quiero contentarme con un espacio estrecho,

ni poner limites a mis esfuerzos;

quiero marchar con paso seguro, avanzar con coraje,

esforzarme generosamente en correr,

como S. Pablo, me lanzo hacia la meta de mi vocación.  (Ef 3,12-14)

          Con fuerza y humildad pido

alas de paloma para volar... volar... sin cansarme...

¡Dios mío, ven en mi ayuda!               MS 253

 

191 – Danos intenciones puras

Señor Jesús, nos dices:

“Los ojos son la lámpara del cuerpo,

por tanto, si tus ojos no están enfermos,

tu cuerpo entero está en la luz.

Pero si tus ojos están enfermos,

tu cuerpo entero está en las tinieblas”.  (Mt 6,22-23) 

Concédenos la fuerza de tener intenciones puras,

que en la totalidad de nuestra acción sólo busquemos agradar al Padre:

que una intención pura esclarezca la totalidad de nuestra acción,

aun la más pequeña, la más común, la menos agradable.

Concédenos también que, con una intención pura,

la totalidad de nuestra acción se ilumine y se embellezca,

que nos gane un mérito infinito.                           MS 281

 

192 - ¡Que mi vida sea una plegaria!

Señor, convierte nuestra vida en una plegaria continua.

Que hagamos un trabajo u otro,

que prediquemos tu Palabra,

que viajemos y hablemos libremente de una cosa u otra...

que todo sea una plegaria.

Como decía S. Gregorio:

que no nos contentemos con orar, sino que seamos la plegaria misma.

Que en nosotros todo se convierta en plegaria,

todas nuestras acciones y todos nuestros pensamientos.

Y que sepamos permanecer humildes:

“No somos sino servidores inútiles”  Lc 17,10)         MS 292

 

193 – Como María, siempre humildes y generosos

María, tu humildad es tanto más grande

cuanto más valiente es tu generosidad,

y tu generosidad aumenta cuando te empequeñeces.

Cuando te presentas a tu Dios:

“Soy la servidora del Señor”  (Lc 1, 36)

es el instante en que aceptas el mayor honor:

¡convertirte en Madre de Dios!

Enséñanos a empequeñecernos siempre,

aun y sobretodo

cuando Dios quiera llenarnos de honores.               MS 306  DS 242

 

“ Si alguien quiere venir conmigo,

tome su cruz cada día y sígame”

Lc 9,23

 

194 - ¡Dios todo, yo nada!

¡Dios todo!  ¡Yo, nada!  ¡Dios todo!

Señor, que ése sea el comienzo... el medio... el fin en todas mis obras.

¿Qué quieres que yo haga?

Aquí estoy, dispuesto a todo, a todos los esfuerzos,

a todos los escándalos.

Siempre soy tan débil, siempre tan culpable, tan poco valgo.

“¡Dios mío, ten piedad de mí,

soy un hombre pecador!” (Lc 18,13)                              DS 75

 

195 – Jesús, ¿por qué eres condenado?

¡Jesús! Nadie es tan justo,

¡y con todo eres condenado!

Tú, tan santo, tan bueno, ¿ por qué te han condenado?.

No hay ninguna razón,

sino nuestro miedo de ser juzgado por los otros,

sino tu modo de vivir tan diferente del nuestro.

Somos nosotros quienes te hemos condenado:

nuestras pasiones y el apegarnos a nuestras ideas, a nuestros juicios,

a nuestra propia voluntad, han provocado tu condenación a muerte.

Pero Tú, ¿por qué has aceptado esta condenación?

 para tomar nuestra defensa junto al Padre,

 para obtenernos el perdón de tu Padre.

Aceptas tu condenación, buscas sólo lo que quiere el Padre,

y por eso tu muerte nos da vida.

¡Te agradecemos!

¡Concédenos imitarte!                                    MS 157-158

 

196 – Enséñanos a sacar el bien del mal

Enséñanos, Señor, a sacar el bien del mal,

cuando encontremos tentaciones, penas y pruebas.

Enséñanos a sacar el bien del mal,

porque Tú sacaste gloria del escándalo de la cruz.

Aun en la desgracia, queremos bendecirte:

“¡Bendito sea el nombre del Señor!”   (Job 1,21)

Aun entonces, enséñanos a decir: Sí,,

al menos con un comienzo de amor.

“Mi corazón está dispuesto, Señor, está dispuesto”  (Sal 107,1)

Señor, anhelamos estar dispuestos a todo.

 “El Señor me conduce, nada me faltará”.  (Sal 22,1)             DS 102-103

 

197 – Sufrir como Tú, Jesús

Señor nuestro Jesucristo,

quisiste seguir el camino de todo hombre:

pasando por el sufrimiento, quisiste llegar a la gloria.

Se necesitó que sufrieras para entrar en la gloria.  ( Lc 24,25)

Para Ti, como para nosotros, es la misma ley.

Y sin embargo, no te quejas jamás: ni de los judíos, ni de Judas.

Nadie te quita la vida, eres Tú quien la entrega  (Jn 10,18).

Enséñame a llevar cada día mi cruz (Lc 9.23)

Enséñame a sufrir en tu seguimiento.

Enséñame a bendecir cuando se me maldiga.

Enséñame cómo glorificar al Padre. (1 Cor 4,12; 1 P 2,23; 4, 15-16)        DS 115-116

 

198 – Mi cruz en tu seguimiento

Señor mío, quiero tomar mi cruz en tu seguimiento,

la que se me presenta cada día, y no la que quisiera fabricarme.

A través de mis penas cotidianas, me haces entrar en tu Reino.

No permitas que los sufrimientos me hagan murmurar,

al contrario: que sirvan  para salvarme,

dame la fuerza de aceptarlas,

dame la verdadera felicidad en medio de las espinas.

¡Oh Jesús, que comparta tu cruz!                             DS 117-118

 

199 – Nos abandonamos a la voluntad del Padre

Señor Jesús, anhelamos amarte y amar tu cruz divina.

¡Ojalá siempre estemos dispuestos a imitarte!

Nos dices:

“No necesitan conocer ni el tiempo ni el momento

en que estas cosas deben suceder,

mi Padre decidirá esto, sólo Él tiene poder de hacerlo”  (Hc 1, 7)

En tu imitación, nos abandonamos en la voluntad del Padre,

en ella nos entregamos totalmente, por amor.                    DS 119

 

200 – Anhelamos amar tu cruz

Señor Jesús,         

te amamos y anhelamos amar tu cruz.

¡Y además que nos santifique!

Sin cruz, nada hay de bueno, nada es salvación.

Lo sabemos: nuestro única y verdadera felicidad está en unirnos a Dios. (Sal 72,27)

Vuélvenos de verdad libres,

no atados por nada, desprendidos de todo ¡como palomas en vuelo!

¡Somos tus soldados, anhelamos seguirte donde quieras!  DS 120

 

201 – En medio de mis pruebas

En medio de mis pruebas, digo:

“¡Gracias, Dios mío! ¡Bendito sea Dios!”

Ayúdame:

para que no grite en la injusticia,

para que no me queje por todas partes como una víctima.

Aleja de mí todo orgullo.

Al contrario, enséñame la obediencia:

acepto los sufrimientos ,

los que directamente me envías,

los que por los hombres me vienen.                                     DS 129-130

 

 

202 – María, junto a su Hijo sufriente

María, al pie de la cruz,

no te descorazonas,

estás sumisa e incluso contenta de estar ahí,

junto a tu Hijo que sufre cruelmente.

Rebozas bondad aun para los verdugos de tu Hijo.

No te quejas de nada, estás contenta de que se cumpla la voluntad de Dios,

aunque esa voluntad te haga sufrir.

Vuélvenos semejantes a Ti:

más allá de los sufrimientos,

ayúdanos a encontrar en la voluntad de Dios

tu misma felicidad, María.                                DS 136  MS 306

 

203 – Nuestra salvación

Señor, eres un solo Dios en tres personas:

creaste el universo entero y en especial al hombre,

a quien quisiste feliz desde el comienzo,

pero cayó , se degradó,

y los hombres todos son pecadores desde su nacimiento.

Sin embargo, quisiste un remedio, y nos lo diste en Jesús:    

quien murió en cruz, y así el hombre fue redimido.

Ahora reconocemos tu grandeza:

¡eres Santo... eres misericordioso,,, eres justo!

Sabemos cuál es nuestro precio,

cuál es la importancia  de la salvación,

qué grave es el pecado.

Cristo, el Hombre-Dios, es quien nos atrae, es nuestro modelo,

y nuestro sostén, en virtud de su muerte.

La gracia de Cristo nos enseña que

donde está nuestra debilidad, allí se encuentra nuestra fuerza.

Tu Hijo nos arranca del poder del demonio,

hace de nosotros tus hijos,

con Él, el Cristo, somos tus herederos,

es quien nos conduce,

es quien nos hará verte cara a cara, nos hará sentar con Él,

dará también la vida a nuestros cuerpos.

Gracias, Señor, por la felicidad que tu Hijo nos regala.

¡Ojalá aprovechemos día a día tantos dones!                          MS 213-214

 

204 – Sálvanos, Señor

“Dios mío, Dios  mío, ¿por qué me has abandonado?”  (Sal 21,2)

Tal es el grito de Jesús en cruz,

el grito de Jesús que vierte su sangre.

Tal es el grito en nuestra aflicción.

¡Señor, escúchanos...  sálvanos... ayúdanos...!

Somos paralíticos incapaces de avanzar, una casa que se derrumba,

un muro que se inclina, una choza que se hunde.

¡Ten piedad de nosotros!.                                     MS 224-225

 

 

 

 

205 – María al pie de la cruz

María, erguida al pie de la cruz, sufres terriblemente.

No te quejas, tampoco quieres irte,

eres feliz de estar donde Dios te puso,

y le dices nuevamente:

¡Aquí estoy, soy la servidora del Señor!

Danos la fortaleza de imitarte:

que acepte estar donde Dios me pone y esté ahí como Dios quiere.

Contigo digo:

“Soy la servidora del Señor, que se cumpla según te palabra,

que se realice la voluntad de Dios”. (Lc 1,38)      DS 135  MS 138

 

206 – Que vaya delante

Señor, ayer te volví la espalda:

¿hoy que quieres que haga?

Enséñame a servirte, aun en el sufrimiento, ¡por amor a Ti!

Ayúdame a olvidar mis pecados pasados, es allí donde me esperas...

Como S. Pablo:

corra yo para alcanzar la recompensa, porque Cristo ya me alcanzó,

olvide el camino que quedó detrás, y me lance hacia delante,

corra hacia la meta para alcanzar el premio: (Fil 3,12-14)

me llamas desde lo alto para recibirlo de Jesucristo.)                                MS 242

 

 207 – “Mi gloria, no, sino la del Padre”

Señor Jesús, para glorificar a tu Padre y para salvar a los hombres,

viviste escondido y moriste rechazado,

siempre permaneciste en la humildad,

siempre conociste el sufrimiento.

Dijiste: “No busco mi gloria, mi gloria nada vale”  (Jn 8,50.54).

Enséñanos a ser humildes,

a aceptar el sufrimiento,

para gloria y alabanza del Padre.                    MS 245

 

208 – Amar a Jesús en sus miembros

¡Cuánto nos amaste, Señor Jesús!

Estás en el cielo, y sigues en la tierra,

mientras no se viva el Evangelio, sufres en tus miembros el hambre,

la sed y la desnudez, sufres todo lo que tu cuerpo sufre,

todo cuanto hacemos sufrir al más pequeño de tus hermanos,

a Ti mismo te lo hacemos.

¡Ojalá te amemos en cada uno de nuestros  hermanos!                 MS 260

 

209 – Tú me elevas

¡Dios mío, ten piedad de mí!  ¡Bendito seas!

Mi corazón para gloria tuya dispuesto está,

para cumplir todo, para sufrirlo todo.

Entre tus manos, totalmente me abandono

con todos mis intereses, me doy enteramente y sin retorno.

Realiza en mí lo que deseas.

Concédeme cuanto me es necesario  para cumplir tu voluntad.

Concédeme una humildad profunda y paciente, generosa e inalterable.

Como pecador sé que no valgo nada,

pero eres quien me elevas más allá del mundo... del demonio... de mí mismo.

Eres quien  me vuelve grande en tu grandeza,

fuerte en tu fortaleza, santo en tu santidad.

Crezca todavía más mi humildad en las tentaciones, en los sufrimientos, en los maltratos. Siempre sé que me valoras mucho más de lo que merezco. MS 258

 

210 – Mira nuestra miseria, ten piedad

Señor, mira nuestro mundo:

cuántos no conocen tu luz,

cuántos hombres son abatidos por el mal y la injusticia.

Mira nuestras naciones que se hunden en el caos.

Contemplas a las personas privadas de amor, sin confianza ni esperanza,

en su miseria encuentran inútil cualquier plegaria.

Mira cuántos se vuelven locos: casi como animales.

Señor , vuelve tu mirada hacia nosotros.

Señor, continúa teniendo piedad de nosotros.         MS 150

 

211 – Saber colaborar

Señor, conviérteme en colaborador,

que no sea un fastidioso, que no sea nunca un obstáculo,

que no ponga nunca excusas.

Enséñame a no mostrarme desconfiado,

a practicar la solidaria ley del amor fraterno.

Ayúdame a encarar las cosas conciliadoramente sin  lastimar a mi hermano;

frente a una mala acción, que busque justificar la intención,

y si quizás no se puede justificar la intención,

que siempre practique la caridad.                                   DS 324.325

 

212 – En el seguimiento de Jesús, al igual que Jesús

Señor Dios mío, tu Hijo nos dice:

“Como mi Padre me envió, así los envío Yo”  (Jn 20,21).

Aquí estamos, como Él, convocados para cumplir tu divina voluntad.

Aquí  estamos enviados, y enviados a la cruz, como Jesús.

Esta cruz la encontramos siempre

en la vida de cada día, en el trabajo cotidiano.

Enséñanos a aceptar los sufrimientos que se nos presentan,

y aunque a veces tengamos que descartarlos,

danos siempre el deseo de participar en las humillaciones,

en la pobreza, en los sufrimientos, en la misma cruz del Maestro.

Sabemos entonces que nuestra felicidad será grande,

aunque nuestra situación parezca infortunada,

y aunque nuestro pecado sea el que nos metió en la tal desgracia.

Tu Palabra nos muestra

que quien acepta los sufrimientos de su situación,

aunque haya cometido crímenes, ese tal llega a ser pronto santo:

así sucede con uno de los bandidos crucificado con Jesús

a causa de sus crímenes, se deja tocar por  la gracia

y se somete a Ti , Señor:

reconoce que Jesús es un hombre justo, hace un llamado a su misericordia,

y escucha decir: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”            DS 327

 

 

213 – Arrepentirse y corregirse

Señor, si acaso caigo,

que no me quiebre  (Sal 36,24).

Quiero siempre arrepentirme y corregirme,

haz que aun mis faltas aumenten mi fervor.

Sobretodo que no busque la paja en el ojo ajeno,  

olvidándome del tronco que hay en el mío  (Lc 6, 41 .42).

Líbrame ponerme del lado de esos fariseos verdugos de Jesús

que lo condenaron a muerte

por razones políticas y religiosas.                                        DS 302-303

 

214 – Amor y sufrimiento

Señor, nos creaste,

y tus beneficios sobrepasan nuestros deseos y pensamientos:

no tienen número ni medida,

no puedes hacernos mal,

no puedes querer mal,

no puedes sino querer nuestra felicidad.

 

Empero, en el Jardín de los Olivos,

cuando Pedro quiere defender a Jesús,

Jesús le dice:

“El cáliz del sufrimiento que el Padre me ha dado,

¿no lo voy a beber”.                             (Jn 18,11)

Ya antes, cuando Pedro no estaba de acuerdo con Jesús

que anunciaba su muerte y su resurrección,

Jesús le había dicho:

“¡Retírate, ponte detrás de mí, Satanás!

No piensas como Dios, sino como los hombres”  (Mc 8,33)

¡Señor, ayúdame a creer en tu amor aun cuando sufra!                    MS 120

 

215 – Aleja de mí el orgullo, enséñame la humildad

Dios mío, aleja de mí el orgullo:

el orgullo es el manantial de todo mal,

la llaga más profunda, la que me impulsa a decir: “creceré”,

cuando, para curarme, Tú dices : “descenderé”.

Podrías utilizar tu poder

y hacer brillar tu divinidad.

Ves la herida de mi corazón, mi deseo de brillar,

mi orgullo que me empuja a decir: “creceré”,

Y dices: “Yo, yo descenderé”.

He ahí que Tú , Palabra de Dios,

desciendes por debajo de los ángeles,

en una pobre casa de un pueblito miserable.

Y durante treinta años,

desciendes siempre, hasta la cruz.

Señor Jesús, pareces ser lo que no eres,

lo que no puedes ser:

se te toma por pecador,

culpable de todos los crímenes.

Soportas todas los agravios, todas las mentiras,

los reproches más duros,

las escupidas,

la vestidura de los locos,

la cruz.

Señor Jesús, enséñanos la humildad.                                           MS 143-144

 

216 – La voluntad del Padre en la injusticia

Señor Jesús,

cuando Pedro toma su espada y se opone a tu arresto, le dices:

“¿No beberé acaso la copa que mi Padre me ha dado?” (Jn 18,10)

Bien dices: “ la copa que mi Padre me ha dado”,

y no “la copa preparada por Judas, los escribas y fariseos”.

Y también dices a Pilato: “Tú no tendrías sobre mí ningún poder ,

si no se te hubiese dado desde lo alto”  (Jn 19,11)

Señor Jesús, el justo perseguido y condenado a muerte,

enséñanos a descubrir la voluntad del Padre

aun cuando nos haga sufrir injustamente.                             MS 182

 

217 – En camino a la Pasión

Señor Jesús, cuando caminas hacia la Pasión,

sabes lo que te espera: una muerte cruel y horrible.

Podrías rehusarla;

si la evitas,

nadie tendrá el derecho de reprocharte;

si la aceptas,

nadie estará allí para alabarte.

Pero avanzas hacia la muerte con valentía,

te presentas a ella sin buscar mostrarte,

y cuando esta inmensa desgracia va a caer sobre Ti,

estás dispuesto a soportarla,

piensas solamente en tus amigos,

los preparas para lo que va a suceder,

los consuelas Tú mismo por tu pérdida.

Danos la misma ternura

aun frente a los mayores sufrimientos.                                    MS 203

 

218 - Jesús, te adelantas

Señor Jesús, siempre te adelantas.

Como un gigante realizas tu carrera,

y alegre corres a conquistarla.  (Sal 18, 6)

Desde el Padre, desciendes al seno de María,

del seno de María, bajas al pesebre,

del pesebre, pasas a Egipto,

desde Egipto vuelves a tu país.

Luego de haber enseñado, luego de haber realizado cosas extraordinarias,

vas a la cruz,

luego de la cruz, está la tumba,

y desde la tumba, subes al cielo,

y, desde allá, envías tus beneficios a los hombres  (Ef 4,10-11).

Jamás te detienes,

siempre te adelantas.

Danos también a nosotros la fuerza de ir siempre adelante.         MS 234

 

219 – Nos asemejamos al Corazón de Jesús

Señor Dios nuestro,

impúlsanos a desear lo que quieres,

impúlsanos a asemejarnos al Corazón de Jesús :

 En toda nuestra conducta queremos ser perseverantes, rectos,

modestos, prudentes, tiernos y firmes.

 Que nuestras conversaciones estén impregnadas de alegría y de seriedad al mismo tiempo; que no charlemos inútilmente, que no busquemos jamás hacernos valer,

Frente a nuestras faltas, haz que permanezcamos humildes,

que reconozcamos nuestros errores y que los suframos sin por eso dejarnos abatir,

que recurramos a Ti, nos abandonemos en tu misericordia.

En la práctica de los sacramentos,

danos pureza de corazón y de intención; danos una fe viva y un verdadero fervor,

sin búsqueda de una sensibilidad exagerada.

Contigo, Señor, deseamos vivir en una confianza filial; con amor buscamos lo que te agrada, esperamos pacientemente tus signos,

queremos obedecerte enseguida, con generosidad, sin reservas.

Deseamos ser atentos con nuestros hermanos, y muy afectuosos con ellos:

ayúdanos a volver nuestra mirada hacia ellos, para salir en su ayuda,

enséñanos a complacerlos, sin bajeza; que sepamos respetar a los otros, sin buscar adularlos.

En cuanto a nosotros mismos, queremos ser auténticos,

muéstranos en todo tiempo el verdadero renunciamiento,

danos una paciencia a toda prueba.

Que sepamos ocuparnos de nuestro cuerpo:

que lo cuidemos con moderación, que en todo seamos sobrios.

Frente a nuestra imaginación que permanezcamos tranquilos:

que menospreciemos sus ilusiones, que evitemos sus excesos.

Que nuestro espíritu sea lo suficiente sabio

para desconfiar de sus propias luces, que ignore sus méritos,

que ponga sus talentos en buscar lo que es santo, te lo suplicamos.

Que nuestro corazón deseche toda clase de turbación,

que esté vigilante sobre sus movimientos, que renuncie siempre a cuanto se opone a tu beneplácito.

Concédenos una auténtica vida de fe:

que nuestra conversación, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos,

nuestras acciones sean semejantes a la conversación, a los pensamientos,

a los sentimientos, a las acciones de Jesucristo.

¡Nuestro espíritu esté constantemente sometido a su Espíritu!      MS 257

 

20 – Voy hacia Ti, Padre mío

Voy hacia Ti, Padre mío;

no me detengo en los placeres, ni menos aún en las sensaciones;

ni en lo natural, ni en lo sobrenatural en lo que pueda tener de sensible.

Señor, no me detengo en la Transfiguración, en la montaña del Tabor,

ni en los sufrimientos del Calvario.

¡Tu beneplácito es lo que busco y anhelo!                               MS 259

 

 

 

 

221 – El sufrimiento de los que amas

Señor, amas a los que llamas,

los más amados son quienes más sufren:

entonces se asemejan más a Jesucristo, Servidor Sufriente.

Así el sufrimiento traspasó a María como una lanza.  (Lc 2,35)

Señor, enséñanos a tener valentía y alegría, aun en el sufrimiento,

que aceptemos seguir el mismo camino que el de Cristo.

Nos sostenga el ejemplo de María.                                  MS 285

 

222 – Morir y vivir contigo, Jesús

“Cuando se siguen los deseos humanos, uno va hacia la muerte;

cuando se sigue al Espíritu Santo, uno va hacia la vida y hacia la paz”(Rm 8,6).

Jesús , renunciaste a los deseos humanos,

a pesar que estabas limpio de todo pecado:

y nosotros, tus discípulos, cuánto debemos luchar para morir al pecado,

y para resistir a nuestros deseos humanos.

Que el ejemplo de tu muerte sea para nosotros una armadura:

nos dirigimos a Ti, ayúdanos a vencer los encantos del placer y a soportar el dolor.

Jesús, Dios nuestro, sufriste en tu carne inocente,

¿cómo podríamos halagar nuestra carne arruinada por el pecado?

Gustar los placeres conduce a la muerte, por eso queremos separarnos del pecado;

sólo contigo queremos vivir, Señor Jesús.

Por tanto, que el pecado no domine para nada nuestro cuerpo,

al contrario, que nuestro cuerpo sirva como instrumento de bien,

ya que lo que éramos antes, contigo fue clavado en la cruz (Rm 6,6):

enamóranos de tu cruz.

Y para que tengamos ese deseo tan poco natural,

aceptas morir en cruz, siendo como eres Dios;

y así nos colmas de tu beneficios.

         ¡Señor Jesús, cuánto te lo agradecemos!                      MS 285-286

 

“El Espíritu de verdad vendrá,

y los conducirá a la  verdad total”

Jn 16,13

223 - ¡Espíritu Santo!

¡Espíritu Santo!

Espíritu de verdad, ilumínanos,

enséñanos toda verdad,

                      a toda persona,

                               en toda situación.

Espíritu de santidad, purifícanos,

destruye el pecado y todo lo que viene del hombre

en nuestros pensamientos, en nuestros deseos, en nuestras acciones;

vuélvenos ardientes para con Dios y para con los hermanos.

Espíritu de fuerza, ámanos,

que seamos auténticos servidores,

que no tengamos miedo de expresar nuestra fe,

que tengamos la valentía de vivir siempre

como  discípulos de Cristo.                           MS 138

 

224 – Espíritu Santo , enséñanos a amar

Espíritu Santo, esclarece nuestra inteligencia,

fortifica nuestra voluntad,

dilata nuestros corazones con una santa alegría,

vuélvenos todo fácil y agradable.

¡Enséñanos a amar!

La pruebas sean para nosotros ocasión de mostrar nuestro amor.

¡Nada nos detenga!

Que permanezcamos en tu divino amor,

siempre y en toda ocasión                     DS 148   MS 158-159

 

225 – ¡Qué bellas son tus obras! Espíritu Santo

Espíritu Santo, ¡qué bellas son tus obras!

Siempre eres admirable en tus santos,

por tu gracia, están colmados de humildad y confianza,

gracias a Ti, siguen con valentía  y alegría tu voluntad adorable.

Concédenos ser también humildes y confiados, alegres y valientes.

¡Ojalá cada día seamos capaces de elegir tu voluntad!         DS 163

 

226 – Enséñanos a juzgar bien

Señor, enséñanos a juzgar rectamente:        

que sepa distinguir el bien del mal, lo que deba hacer y lo que deba evitar;

que conozca la meta a alcanzar y los límites a no sobrepasar;

dame una mirada límpida sobre las cosas, que no me sumerja en tinieblas.

En especial, que no obstaculice tu obrar.

Día tras día te suplico: “Dios mío, ven en mi ayuda”.

“Socórreme Señor”.

“Dame en tu Espíritu gozar la rectitud”.

”Crea en mí un corazón puro, y renueva en mí, un espíritu recto”  (Sal 50, 12)

“Ilumina  mis ojos, para que no me duerma en la muerte”  (Sal 12,4)

Dame una prudencia adquirida, que la ame y la practique.

Espíritu Santo, que guste la rectitud.  ¡Renueva la faz de la tierra!    DS 243-245

 

227 – Espíritu de amor, ayúdanos a conocer a Dios

Espíritu Santo, eres admirable por cuanto haces en nuestros corazones.

Nos pide un poco de agua insípida como en Caná. (Jn 2,1,12)

para saciarnos con tus dones.

Tu amor es mayor que todos los amores que podamos conocer.

Unidos a Ti, nos sostienes y nos haces fructificar.

Pones ante nuestros ojos el pesebre del establo de Belén,

también  nos muestras la Eucaristía, misterio de luz y de amor,

que encanta nuestros espíritus y nuestros corazones.

Cuanto Dios se hace más pequeño,

tanto  más nos atrae. y todas estas manifestaciones de amor

tienen como único fin hacernos responder: “¡Aquí estoy, Señor!”

Espíritu Santo , ayúdanos a conocer a Dios,

que nos aferremos a nuestro Creador

por la fe , la esperanza y la caridad.

Allí donde estemos, unámonos a Dios,

incluso si somos castigados por nuestros crímenes,

en la cruz uno de los bandidos se elevó a tanta piedad y amor que  Jesús le dijo:

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,39-43) DS 262  MS 300

 

228 – Cooperadores del Espíritu Santo

Señor, cuando quieres obrar, te sirves de los hombres.    

Podrías prescindir de nosotros. pero quieres hacer de nosotros

los cooperadores necesarios del Espíritu Santo.

Quieres salvar a los hombres por medio de nosotros,

quieres que los pongamos, o mejor que los ayudemos 

a ponerse a disposición del Espíritu.

En Caná, tu Hijo pidió servidores para llenar los recipientes de agua,

era parte de su trabajo, no se rehusaron, no discutieron, y por tu poder,

el agua insípida se convirtió en un vino delicioso  (Jn 2,1-12)

¡Ayúdanos a ser cooperadores del Espíritu Santo!            DS 317-318

 

229 – Agradecimiento al Espíritu que obra en nosotros

Señor Dios nuestro, te agradecemos

por este inmenso don que nos concedes:

la ley de caridad y de amor que el Espíritu escribe y graba en nuestros corazones,

así podemos hacer perfectas todas nuestras acciones.

Como lo hizo con los Apóstoles, el Espíritu nos transforma:

quita la ambición, la avaricia, la infidelidad, y todos los defectos;

los reemplaza por la obediencia, la bondad, la aceptación del sufrimiento,

el amor por la pobreza, y las virtudes todas.

¡Gracias, Señor, por la obra de tu Espíritu!

 

 

Espíritu Santo, continúa poniendo en lo  profundo del corazón

esta ley de caridad y de amor:

con un corazón tierno y dócil, ante Ti nos presentamos,

aceptamos tu obra en nosotros con justo reconocimiento,

con profundo respeto, y con ilimitada generosidad,

Queremos obedecerte sin llegar tarde, sin poner condiciones, sin volver atrás,

por amor antes que otro motivo.

Ayúdanos a escuchar y comprender,

a amar y practicar la Palabra de Dios.             MS 267-268

 

230 – Cólmanos del Espíritu Santo

Señor, cólmanos del Espíritu Santo,

otórganos paciencia para esperar cada uno de sus momentos.

Danos trabajar por tu Reino, con ese fuego y esa actividad,

que tu Espíritu Santo, según su costumbre, otorga en la oración silenciosa.

Así seremos colmados del Espíritu Santo,

y se lo comunicaremos a los hermanos.                                        MS 294

 

231 – Danos, Señor Jesús,  al Espíritu Santo (1)

Señor Jesús, danos el Espíritu Santo,

Cuando nos vuelves justos o más justos,

no haces sino darnos la gracia o aumentar la gracia;

pero es al mismo Espíritu a quien nos das,

y entonces la Trinidad toda, Familia de Dios en tres personas, habita en nosotros.

Así realizas tu promesa:

“Si alguien me ama, guardará mi palabra, mi  Padre lo amará,

y vendremos a Él, y habitaremos en Él”.(Jn 14,23)

¡Señor Jesús, gracias por esta magnífica unión!  

¡Ojalá apreciemos nuestra dignidad!

¡Gracias porque nos haces vivir en Dios!

¡Ya ha comenzado el cielo…!                   MS 135-136

 

232 – Danos al Espíritu Santo, Señor Jesús,  manantial de agua viva, (2)

Señor Jesús, danos el Espíritu Santo,

manantial de agua viva: que nos trae la alegría y la vida.

nos dices:  “Quien beba del agua que yo le daré, ése jamás tendrá sed,

pero el agua que yo les daré, se convertirá en él en manantial ,

y ese manantial por siempre da la vida con Dios”.  (Jn 4,14)

Que tu Espíritu apague la sed que viene del orgullo y de la envidia,

que tu Espíritu comience a satisfacer, en esta tierra, lo que nuestro corazón desea,

y que , en el cielo, nos libre de todo defecto, nos sacie totalmente.  (Sal 16,15)

Danos el Espíritu Santo, vuélvenos obedientes a todo lo que nos proponga,

y entonces podremos ir hacia Dios, subir hasta El.

Señor Jesús, dices también:

“Quien cree en mí, ríos de agua correrán de su corazón,

y esta agua da vida”,

lo dices a causa del Espíritu que deben recibir los que creen en Ti”  (Jn 7,38-39)

Danos una fe viva, que tus gracias corran como río caudaloso,

entonces  amaremos verdaderamente,

seremos testigos auténticos, tu sabiduría divina nos llenará.

Como Pedro hablaremos con valentía,

como Pablo seremos generosos en tu servicio,

como Esteban estaremos colmados de tu sabiduría.      MS136

 

233 – Danos, Señor Jesús,  al Espíritu Santo y su fuego (3)

Señor Jesús, danos el fuego de tu Espíritu Santo,

Dijiste: "Vine para traer fuego sobre la tierra,

y no deseo otra cosa, sino que arda”.  (Lc 12,49).

Tu deseo se cumplió en Pentecostés, y se cumple todavía

cada vez que en nosotros haces descender el Espíritu Santo.

El Espíritu que otorgas es el amor más eficaz, más penetrante;

quema lo que hay de malo en nosotros, nos vivifica,

nos quema dentro del corazón, cuando nos hablas en el camino,

cuando nos explicas las Escrituras.  (Lc 24,32)                                   MS 136

 

234 – Danos, Señor Jesús,  al Espíritu Santo, al Espíritu de amor, (4)

Señor Jesús, danos el Espíritu de amor. 

Viniste a mostrarnos que “Dios es amor”   (1Jn 4. 8.16)

Dios es plenitud de amor, y el amor es la mayor de sus cualidades.

Dios nos amó con un amor eterno,  con un amor inmenso;

es por eso que nos diste a tu Hijo, a fin de que nos lleve a tu amor.

¡Queremos amarte: es nuestro deber!  ¡Queremos unirnos a Jesús!

¡Queremos obedecerte: así es como llegamos a ser reyes del universo!

¡Queremos morir por Jesús, porque, entonces, morir

es resucitar, ¡es vivir!                                MS 136-137

 

235 – Danos, Señor Jesús,  al Espíritu Santo iluminador (5)

Señor Jesús, ilumínanos por el Espíritu Santo,

                  porque es quien nos consagra, nos ilumina.

Danos ese Espíritu: que nos ilumina,  nos dirige, vela sobre nosotros,

nos muestra paso a paso lo que es útil para salvarnos.

Que tu Espíritu nos haga distinguir el mal del bien,

que nos aleje de los hombres malos,

que nos conduzca junto a los buenos.                               MS 137

 

236 – Espíritu santo, obra en nosotros

Espíritu Santo, obra en nosotros, ayúdanos a ir hacia Dios.

Danos tus dones para el servicio de los hermanos.

Cólmanos de bien y podremos ayudar a los hermanos a ir hacia Dios.

Obra en nosotros: ¡estamos en Ti!                                              MS 137

 

237 – Nos entregamos a Ti, Espíritu Santo

Señor,  los hombres se van haciendo malos, pecadores,

jamás nos podemos apoyar en nosotros mismos.

Cuanto podamos hacer, cuanto debamos hacer, es contar con el Espíritu Santo:

nos ponemos a su disposición, nos entregamos a Él,

que nos conduzca, e iremos hacia Ti.                                   MS 158

 

238 – Maestro interior, instrúyenos

Espíritu Santo, Maestro interior, estás como escondido en cada creatura,

y no invitas a elevarnos hacia el Creador.

Nos instruyes ya en el gorjeo de los pájaros, y el arrullo de las tórtolas.  (Is 38,4)

Nos instruyes también por las ceremonias de la Iglesia y con el canto litúrgico,

nos tocas, nos esperas, nos transformas, y así nos salvas,

como sucedió a San Agustín en la Catedral de Milán.

Haz que lejos de “impedir la música” (Si 32,3)

no cerremos el oído a una voz tan dulce;

instrúyenos, vuélvenos totalmente dóciles,

como el águila envalentona a sus crías (Dt32,11).             MS 250-251  DS152-153

 

239 – En hombres espirituales, Espíritu Santo, conviértenos.

Espíritu Santo, conviértenos en hombres espirituales,

ilumínanos, gobiérnanos.

Abre nuestro corazón y enciéndelo en sed por la misericordia de Dios,

entonces nos inundarás de un torrente de dones

y al mismo tiempo por la fe lo dilatarás.                    MS 263

 

240 – Enséñanos a amar, Espíritu Santo

Espíritu Santo, enséñanos a amar:

entonces comprenderemos cuál es la voluntad de Dios,

y podremos ponerla en práctica.

Pedro y los otros Apóstoles nada comprendieron  (Lc 18,24):

y es porque no amaban perfectamente, tenían miedo de interrogar a Jesús,

y guardaban reservas y secretos en sus corazones.

Pero cuando el Salvador los abandonó, entonces se pusieron a amar:

eras Tú, Espíritu Santo, quien les enseñaste a amar,

                   y entonces comprendieron todo, y cumplieron la voluntad de Dios.MS 263

 

 ¡ Que todos sean uno !

¡ que todos sean uno en nosotros !

Jn 17,21

241 – Unidos a Dios

Jesús, nos has dado el ejemplo.

Te hiciste muy pequeño:

Eres el Hijo de Dios que te conviertes en un ser humano,

te haces nuestro modelo.

Nos quieres unidos a Dios:

lo exiges, lo haces ley.

¿ Y nosotros qué hacemos?

Ponemos poca energía en obedecerte:

 ¡no lo deseamos verdaderamente!

¡De ahora en más, ayúdanos a amar!                                     MS 150

 

242 – Como  Jesús, como María

Padre eterno, desde el primer instante, tu Hijo te dice: “¡ Aquí estoy!”,

 ya su madre había respondido:

“¡Aquí estoy , soy la servidora del Señor!”.

Danos una idéntica humildad, una idéntica caridad,

una idéntica obediencia sin límites.

Danos una idéntica felicidad, en un idéntico anonadamiento.

Tú que nos llamas a vivir unidos a Ti,

como María, con Jesús.                                               MS 166

 

243 – Desciendes hasta nosotros

¡Señor Dios, estás lleno de riqueza, de poder y de amor!

Eres quien nos salva:

es de Ti que nacen en el corazón  de los fieles,

la luz, la vida y todos los bienes.

Esperamos todo de Ti, nosotros que no tenemos valor alguno;

no deseamos tanto ser hombres de oración, como la oración misma;

nos lanzamos como gigantes en el camino de tu beneplácito;

estamos seguros de tu ayuda, pues no nos alcanzan los medios humanos.

Tú te inclinas hacia el hombre tan débil, desciendes hasta él;

lo vemos en el misterio de Navidad:

como una madre se hace pequeñita frente a su bebé,

así Tú, oh Dios, aceptas empequeñecerte hasta nuestro nivel.

Tu Hijo Jesús, Dios contigo, se hace carne;

y se convierte en un ser humano,

para que el hombre pueda unirse a ti, ¡oh Dios!

Hoy todavía nos da tu vida, por signos sensibles,

por los sacramentos.

Nos penetra de su vida y nos une totalmente a Ti.

¡Queremos ir hacia Ti,

nos ponemos bajo la conducción del Espíritu Santo!          DS 220-222

 

244 - Gracias por tu Madre

Gracias, Jesús, por tu Madre.

Generosamente nos has dado a tu Padre, y también nos das a tu Madre.

Quieres que aquella que te hizo niño según la carne,

sea también la que nos engendre según el Espíritu.

A un mismo tiempo es madre tuya y nuestra:

así, Tú y nosotros, estamos unidos por un lazo fraternal.

¡Oh Jesús, tu Padre es nuestro Padre. Tu Madre es nuestra Madre!

¡Bendito seas!                                             MS 210

245 – Tus hijos somos

Señor, somos tus hijos de cólera;

y, por tu Hijo que nos das, nos hemos vuelto tus hijos.

Muy desgraciados esclavos éramos,

y, por la gracia de tu Hijo, nos haces reyes, sacerdotes, y profetas.

Éramos terrenales hasta en nuestro espíritu,

nos conviertes en seres divinos hasta en nuestra carne.                   MS 226

 

246 – Ayúdanos a amar el anonadamiento

Dios mío, por lazo de amor,

anhelo estar unido a Ti,

Tus mandamientos están sí para quitar obstáculos;

pero es por amor que anhelo estar unido a Ti.

Tu Apóstol nos dice: “Sean perfectos”  (2Cor. 13,11)

Anhelo evitar cualquier pecado, incluso el mínimo.

Ayúdame, pues, a aceptar, a amar el anonadamiento,

por el solo amor de Jesús:

Quien por mí se hizo pobre, y aceptó las humillaciones.

¡Ojalá siga el mismo camino!

Envíame en busca de la oveja perdida,

a pesar de todas las dificultades,

a pesar de todos los peligros.                         DS 257-259  (MS193)

 

247 – Seguir a Jesús en nuestra vida

Señor, danos humildad en seguimiento de Jesús.

Enséñanos a perdonar les injurias, a volver bien por mal,

y, si es necesario, dar la vida por nuestros hermanos

Conviértenos en hombres de oración;

sin cesar te digamos: “¡Dios, ven en nuestra ayuda!”

Que en todo momento trabajemos en lo que esperas de nosotros;

entonces guardaremos nuestro lugar.

¡Únenos a tu Hijo!                                               DS 259-260

 

248- Acciones ordinarias bien hechas

Señor, enséñanos a hacer bien las acciones ordinarias,

a cumplir bien lo que se espera de mí, incluso las cosas más pequeñas;

es lo que esperas de mí y así me unes a Ti.

Otórgame la fuerza de obedecer de inmediato,

alegremente como hijo,

únicamente porque eres bondadoso.                    DS 263-264

 

249 – Oración por la congregación

de San Miguel Garicoits:

Dios mío, no mires mis  pecados,

sino la Congregación que concibió y formó tu Sagrado Corazón.

Dígnate concederle tu paz.

Esa única paz que según tu voluntad, pueda pacificarla

 y unir estrechamente a todos los que la componen,

entre sí, con sus superiores y con tu divino Corazón,

para que sean uno, como Tú eres uno, con tu Padre y el Espíritu Santo. Amén                                                                                                       DS 273

 

250 – Unidos a Ti Señor, nos consagramos a Ti

Queremos vivir unidos a Ti,

y nos esforzamos por unir contigo a nuestros hermanos:

que su caminar hacia Ti nos ayude a avanzar.

Únenos al Corazón de Jesús diciéndote: ¡Padre, aquí estoy!.

Con Él queremos que los hombres sean salvados.

Concédenos imitar la vida de Nuestro Señor Jesucristo:

que vivamos en la  humildad y en la caridad mutua,

que imitemos  la obediencia del Salvador contigo

y su entrega por la salvación de los hombres.

Con caridad, humildad, ternura, obediencia y entrega plena

como el Corazón de Jesús, decimos: ¡Aquí estoy!                   DS 275-276

 

251 – Estamos unidos a Ti

Señor Jesús,

¿cuándo estaremos unidos a nuestra Cabeza?

En primer lugar te debemos seguir

allí donde nos has precedido.

Allí donde estás,  cabeza nuestra,

allí estaremos nosotros, tus miembros.

Que esta esperanza nos sostenga

aún cuando lloremos por el sufrimiento,

que no nos descorazonemos:

somos tus miembros, oh Cristo,

con certeza un día estaremos unidos a Ti,

nuestra adorable Cabeza.                                     MS 260

 

252 – Respondamos a sus invitaciones

“Si alguien quiere seguirme...” (Mt 16,24)

“Si alguien tiene sed...”  (Jn 7,37)

Tan sólo invitas, no obligas a nadie a seguirte:

“Si alguien quiere, si alguien tiene sed,

que venga y que beba”

Danos un alma generosa.

Ayúdanos a responder a tu invitación;

que corramos  hacia Dios no bien conocemos su deseo;

y que nada nos detenga en nuestro ímpetu.

Conságranos por entero, el amor nos una;

multiplica y fortalece todos los lazos que nos atraen hacia Ti.                 DS 278

 

253 – Danos paz y alegría

Oh Dios, concédenos la gracia

de alejar los razonamientos que inquietan.

Concédenos la gracia

de mostrarte nuestras verdaderas necesidades.

Concédenos la gracia de hacernos pensar en Ti,

pues eres nuestro Padre y tienes los ojos fijos en nosotros.

Concédenos la gracia de correr hacia Ti,

sólo en Ti encontramos la calma y la paz.

¡Contigo gozamos alegría y paz!                                        DS 289

 

 

 

 

256 – Donde estemos, todo sea caridad

Señor, ayúdanos a ser lo que somos,

cada uno en su condición,

cada uno en su puesto,

y sólo allí, únicamente allí donde estemos,

que vivamos la inmensidad de la caridad.                                   DS 293

 

255 – Nuestra vida unida a la tuya

Dios Señor nuestro,

eres absolutamente perfecto, poderoso y amable.

Abres tu corazón y nos colmas de beneficios.

Cual ciegos, nos zambullimos en tu corazón.

Dios Señor nuestro, estás dentro de nosotros,

obras en nuestro corazón y realizas el bien en nosotros,

y lo haces con muestra participación.

¡ Ay, cuántas veces combatimos tu obrar en nosotros!

Concédenos secundarte siempre,

que no dejemos al mal oponerse a tus dones.

Dios Señor nuestro, obras en nosotros por medios exteriores:

por los mandamientos, por los que nos dirigen, por los demás.

Concédenos que  tomemos estos medios como sacramentos:

a través de ellos, es a Ti a quien vemos,

es a Ti a quien escuchamos,  es a Ti a quien buscamos.

 ¡Señor, funde nuestra vida con la tuya!           DS 293-294  MS 251-252

 

256 – En las tareas cotidianas nos unimos a Ti

Dios Padre nuestro, en tu sabiduría  y en tu bondad,

 eres quien nos llamas en el lugar donde estamos,

y nuestros trabajos deben volverse sagrados.

En Ti encontramos la fuente inagotable de fortaleza y firmeza,

todo lo podemos en Ti.

Aquí estamos, nos presentamos ante ti, ocultos y anonadados.

Jesús, tu Hijo se hizo pequeñito delante de Ti:

conoció incluso la noche más profunda,

tan injustamente maltratado, hasta parecer como cautivo de Satanás.

Se contentó con decir: “Mi gloria nada es” (Jn 8,54),

su sola gloria le alcanza: no murmura, no se queja,

ni de los judíos, ni de los otros,

obedece con grandeza de corazón y voluntad decidida.

Danos el coraje de contemplarlo y también imitarlo

para así estar unido a Ti en nuestro trabajo cotidiano.

DS 294-295  MS 252 y144

252 – Trabajar por Ti

Señor, cualquiera sea nuestro trabajo,

siempre es hermoso, grande y noble,

si se realiza en tu servicio.

Los demás pueden pensar de otro modo,

pero el valor de las acciones no depende sino de Ti.

Nos has hecho miembros de un cuerpo del cual Jesús es el guía,

nuestras acciones se transforman en grandes

a causa de  la dignidad de nuestro guía.

Sintámonos satisfechos y felices de servir a Jesucristo

con humildad y simplicidad.

Aprendamos a amarnos mutuamente

como hijos de una misma familia,

que cada uno comience por volver feliz al otro. (Rom 12,5)

Y cuando hayamos cumplido con nuestros deberes,

podremos decir desde el fondo de nuestro corazón:

¡”Somos servidores inútiles”!  (Lc 17,10)                            DS 298-299

 

258 – Trabajar en unión con Jesucristo

Señor, en primavera la naturaleza se renueva:

las flores brindan aroma y color, luego vienen los frutos.

Nosotros que  trabajamos con tu Hijo Jesús,

que hagamos florecer el corazón de nuestros hermanos

para que fructifiquen abundantemente.

Alabar, honrar, servir al Señor: allí está la meta de la creación.

Muéstranos que es fácil servirte en Jesucristo y por Jesucristo.

Enséñanos a realizar lo que quieres,

a realizarlo como quieres,

que sepamos mostrar este camino a nuestros hermanos.

Muchos son los que se pierden,

aunque tu mayor deseo es salvarlos a todos:

¡cuánto ha sufrido tu Hijo por llevarlo a cabo!

Pocos son los que aprovechan de tu amor

¿trabajan realmente los cristianos en unión con Jesucristo?

¡Ojalá seamos colaboradores eficientes!              DS 319-320

 

259 – Trabajar juntos

Señor Dios nuestro,

nos permites influir los unos sobre los otros,

trabajar juntos, ayudarnos para alcanzar nuestro fin.

La vida de toda sociedad no es posible

sino cuando cada persona acepta la mutua ayuda

y colabora con los otros para el bien común.

Tu gracia nos impulse a trabajar juntos para construir tu Reino,

para que descienda sobre la tierra la alegría del cielo;

se haga realidad la palabra del salmista:

“¡Qué hermoso es para los hermanos vivir juntos!

(Sal. 132,1)            DS 320-321

 

260 – Realizar la verdad en el amor de caridad

¡Aquí estoy, Señor!

Soy un instrumento en tus manos: te dignas tener necesidad de mí,

que sea fiel en seguir el movimiento de tu mano, sin adelantarme

sólo confío en tu mano, y mi confianza no tiene límites.

Vuélveme digno de tu elección,

en todo y siempre sea yo humilde, tierno y paciente,

capaz de soportar los caracteres más difíciles.

Que trabaje con esmero

por guardar la unidad en el Espíritu, con el vínculo de la paz.

Que busque la verdad amando siempre a los otros.

Que, con mis hermanos, nos fusionemos en Jesucristo:

es quien une y acrecienta todo el cuerpo,

según la actividad de cada miembro. 

Que conserve nuestra familia, nuestra comunidad, en el amor (Ef 4)

¡Realicemos siempre la verdad en el amor de caridad!              DS 234

 

 

 

261 – Volvernos perfectos

“Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”  (Mt 5,48):

es lo que nos pide Jesús.

Dios Padre nuestro, queremos volvernos perfectos

y trabajamos en la perfección de nuestros hermanos.

Que para nuestro crecimiento espiritual nos sirvan

los medios que ponemos a disposición de nuestros hermanos.

Vuélvenos obedientes: somos instrumentos en tu mano,

eres quien nos haces obrar, consérvanos unidos a Ti.

Haz de nosotros hombres capaces, desprendidos, dóciles,

para trabajar en la salvación de nuestros hermanos.

Que obremos con energía y sin cálculos,

siempre allí donde nos esperas, por el tiempo que deseas.

Y cuando una misión esté cumplida,    

que vayamos en paz y felices al nuevo trabajo.       DS 329-330

 

262 – Renunciamiento total

Señor, queremos volvernos santos,

y trabajar para que nuestros hermanos se vuelvan santos.

Buscamos asemejarnos a Cristo por nuestra unión contigo

y por nuestra entrega, en la salvación de nuestros hermanos.

Enséñanos, con el ejemplo de tu Hijo,

el renunciamiento más perfecto, el más permanente, el más total.

Allí donde estemos, con tu ayuda,

queremos renunciar a nosotros mismos y a todo.

Únenos estrechamente a tu Espíritu,

nuestro corazón sea uno con el Corazón de Jesús

de un modo tan estrecho y tan cordial,

que gustemos y busquemos la humillación.                    MS 288 – 289

 

264 – El Espíritu nos hace vivir

Señor Jesús, fusiónanos contigo.

Eres nuestra cabeza,

no deseamos más vivir según la carne

no deseamos más ser esclavos de nuestro egoísmo,

queremos vivir según el Espíritu.

Deseamos vivir según el Espíritu hasta en nuestra carne,

y por tanto, abandonamos nuestra carne, nuestro egoísmo,

dominamos hasta nuestro espíritu.

“Si ustedes viven según los deseos de la carne,

morirán” nos dice San Pablo (Rom 8, 13)

en esta tierra no tendremos más vida contigo,

después seremos condenados por la eternidad.

“Al contrario, si con la ayuda del Espíritu Santo,

si ustedes hacen desaparecer sus actitudes egoístas,

ustedes vivirán”. (Rom 8, 13),

Por estas palabras el apóstol nos aparta de los placeres terrestres.

Nada es tan glorioso para tu Padre Dios

como vencer la carne, el mundo y el demonio,

nada más provechoso para nosotros:

el Espíritu hace de nosotros hijos de Dios.  (Rom 8, 11)                   MS 286

 

 

 

 

264 – Escuchamos en lo profundo del corazón

Señor, aquí estamos frente a Ti,

dispuestos a escucharte en lo profundo de nuestro corazón.

Tu Hijo nos dice: ”El Reino de Dios está dentro de  ustedes”  (Luc, 17, 21)

Nos abandonamos a esta fermentación incesante

que pones en lo profundo del corazón.

Aun cuando avanzamos en la noche,

sabemos que la luz brillará en nuestro corazón,

el sol de tus beneficios terminará por brillar en nosotros.

Ojalá respondamos a tu llamado. Obra en el corazón.

¡Así realizaremos la verdad en el amor de caridad!                 MS 295

 

265 - ¡Qué magnifico eres con nosotros!

Nuestra alma te busca sólo a Ti.

A quienes te son fieles y te buscan,

les concedes ya los primeros frutos del cielo, los saborean de antemano.

Te agradecemos porque desde ya nos unes contigo,

esperando la unión total en tu Reino, donde serás todo en todos.     MS 298-299

 

266 – Vivir juntos

“¡Qué bueno, qué dulce para los hermanos, vivir juntos y ser uno!”  (Sal 132,1)

Señor, que gustemos la utilidad y la dulzura de la caridad perfecta.

Permítenos vivir en paz, hermanados, siendo una solo corazón,

que cada uno se regocije del bien del otro más que del suyo propio.

Que tu Espíritu una nuestros corazones más allá de los cuerpos.

Bendice a quienes buscan vivir en concordia y en  paz.           MS 355

 

267 – Hambre de Ti

Señor Jesús tengo hambre de Ti.

Es verdad que soy un pecador miserable,

¡por eso mismo te necesito!

Eres el Dios fuerte, sin Ti mi alma se pierde. Tiene sed. 

Eres el Dios vivo, sin Ti, yo muero.

Cuando estoy alejado de Ti, Dios mío,

cuando mi corazón me dice: “¿Dónde está tu Dios?”

lloro toda  la noche, todo el día, sin parar.

Cuando se me dice: “¡He aquí el cuerpo de Cristo!”

recibo esta palabra como un hambriento 

al que llaman a un banquete suculento.                                MS 22

 

268 – Concédenos participar de tu santidad

Señor, Tú eres puro, 

amas lo que es santo, puro, virtuoso y armonioso;

rechazas todo lo que es malo, manchado, desordenado.

Tú piensas, obras, actúas, sin debilidad, sin desorden.

Perdemos nuestra santidad, nuestra pureza,

entregándonos al pecado,

Sin embargo, somos tu imagen,

estamos unidos a Ti , por lazos de familia,

unido a tu Hijo como los miembros a la cabeza.

Concédenos participar en tu santidad,

 Tú, el Dios tres veces sasnto.                                    MS 110-111

 

 

 

269 – Unidad de la Trinidad

Padre, Hijo y Espíritu Santo, ¡qué comunidad forman!

Padre, eres un Padre digno y perfecto.

¡Hijo, eres digno y perfecto,

verdadero Dios nacido del  verdadero Dios,

¡imagen perfecta de Dios!

Espíritu Santo, lazo de unión del Padre y del Hijo.

Las tres personas, una verdadera comunidad:

actúan en una sola naturaleza, 

un solo pensamiento,

una sola voluntad,

un solo obrar.

Concédenos, Señor Jesús, según tu voluntad, vivir una unidad así.           MS 129-130

 

270 – Que sean uno como nosotros, en nosotros

Señor Jesús, en la víspera de tu muerte,

ruegas al Padre con estas palabras de fuego:

“Que sean uno como nosotros...

Que sean uno en nosotros...”  (Jn 17,11.21)

¿Cómo nosotros, imágenes tan imperfectas,

lograremos parecernos a un modelo tal?

Tú y el Padre eres la fuente y el principio de esta unidad:

en Ti y por Ti nos sentimos unidos.

Concédenos vivir de esta manera,

unidos siempre por el corazón, , que nada nos separe.

Que estemos en el Padre y en Ti, ¡es lo perfecto! ¡es lo deseable!

Es lo que gozaremos en el cielo,

hay que comenzarlo aquí abajo viviéndolo en sincera espera,

Malditos los que siembren la turbación y la división.

¡Regálanos la paz y la unidad, que moren en nosotros!              MS 130

 

271 – Aléjanos de todo egoísmo

Señor Dios nuestro, aléjanos de todo egoísmo,

impídenos de hacer de nosotros mismos, la meta de nosotros mismos,

la meta de las mejores cosas: que el ‘yo’ no cuente.

Que el hombre nunca ocupe el lugar de Dios.

En lugar de quedarnos en un plano material o simplemente humano,

busquemos divinizarnos,

vivir contigo Dios nuestro.

Permítenos volvernos los unos para los otros

imágenes de Nuestro Señor Jesucristo:

que todo lo refiramos a Ti, Dios Padre nuestro                         MS 145

 

272 – Contigo, oh Cristo

Jesús, te llamamos ‘Cristo’: eres el consagrado del Señor.

“El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha consagrado”  (Luc 4, 18)

Así vienes a ser sacerdote y profeta.

Pero en tu seguimiento y en unión contigo, en el bautismo,

nos volvemos también reyes, sacerdotes y profetas.

Reyes: que no seamos esclavos de nuestras pasiones,

ni de criatura alguna, ni de hombres,

al contrario, que busquemos lo mejor, lo de lo alto.

Sacerdotes: que busquemos lo más santo: la vida de Dios.

Profetas: que busquemos el Reino por venir,

haznos vivir ya la eternidad contigo.                        MS 201-202

 

273 – Creación del hombre

Para crear la luz, el cielo y el mar, el sol, la luna y las estrellas,

los peces del mar y las aves del cielo,

los animales todos de la tierra, pequeños y grandes,

Señor Dios, has dado órdenes:

¡que exista la luz y el cielo!

¡que se junten las aguas y aparezca la tierra!

¡que las aguas se llenen de peces!

¡que la tierra produzca animales!

Cada vez es una orden la que das.

 

Pero para los seres humanos,

no utilizas una palabra de poder;

es como si dieras un consejo:”

¡Hagamos al hombre a nuestra imagen!

Nos has querido diferentes a las criaturas visibles.

Has querido que podamos pensar,

has querido que podamos entender, entendernos, y así entenderte a Ti.

Has querido que conociéramos la felicidad como Tú,

en vez de seguir nuestros instintos  como animales.

 

Y del cuerpo del hombre, sacas la mujer:

nos  muestras así la unidad existente entre los dos;

allí también vemos lo que une a Cristo con la Iglesia:

del costado de Cristo, nuevo Adán, haces nacer la Iglesia;

y Él, el Cristo, deja todo por unirse a la Iglesia,

cuando toma un cuerpo y se vuelve un ser humano,

y también cuando entrega su cuerpo en la Eucaristía.

Por causa de la Iglesia, su esposa,

Cristo se aleja de Ti, su Padre del cielo;

deja también su familia, según la carne y las costumbre de los suyos,

se une a nosotros que tenemos otras hábitos.

Señor Dios nuestro,

incluso nuestro cuerpo vive de tu propia vida.                     MS216-217

 

274 – No estar separados de Ti

Queremos vivir contigo.

Queremos parecernos a Ti: ser incambiables y sólidos como Tú.

Vuélvenos inconmovibles.

Hemos elegido seguirte, nuestra elección es definitiva:

queremos seguirte siempre hasta  la muerte.

Aunque el mundo cambie, queremos permanecer contigo.

Nada, nada nos separe de nuestro Dios: ni el éxito ni el fracaso.

Nos acercamos a Ti y a tu bondad.                                       MS 243

 

275 – Actúa. Señor, en nosotros

Señor, por Ti existimos; sí, somos tus hijos. (Hech. 17,28)

Nos has creado.

A todas los seres les das el movimiento y la vida.

Gracias a Ti existimos y nos desplazamos.

Consérvanos la vida:

cuando realicemos algo, actúa siempre en nosotros,

que no cometamos jamás la locura de actuar fuera de Ti.             MS 251

 

276 – Un solo espíritu contigo

“Quien se une al Señor, en su corazón, se vuelve uno con Él” (I Cor 5,17).

Quien ama a alguien siempre quiere parecérsele:

ser un solo espíritu contigo, Dios nuestro,

es lo que buscan los perfectos;

ayuda a los principiantes a querer esa misma unión contigo,

por el espíritu, por voluntad y conducta personal.

Por el espíritu,

te llevamos en nosotros mismos,

te acogemos en nuestra memoria,

te conocemos gracias a la inteligencia iluminada por la fe,

tu gloria se refleja en nosotros como en un espejo,

Tú, que eres Espíritu, nos transformas, nos haces parecidos a Ti,

con una gloria cada día más grande.  ( II Cor 2, 17)

Todo te pertenece:

nuestros sentimientos, deseos, pensamientos y acciones: ¡todo!

Estamos admirados y alegres; ¡te damos gracias!

Queremos verte, poseerte, honrarte y obedecerte:

queremos también que todos te conozcan, te amen y sirvan.

Por todo ello nos esforzamos en buscar tu gloria

y la salvación de todos los hermanos.

Confiamos en tu bondad,

sabemos que , siempre cuidas de nosotros,

te respetamos filialmente

 

En nuestra conducta:

queremos obrar según tus deseos, en las buenas y en las malas;

buscamos la perfección;

no se trata de comprender o de querer,

es necesario obrar según tu voluntad.                                           MS 256

 

277 – Con Jesús, ir hacia el Padre

Contigo, Jesucristo, queremos ir desde este mundo al Padre,

al Padre que quieres sea nuestro Padre;

no nos detenemos en lo que sentimos,

ni en lo que comprendemos;

no nos detenemos en ninguna criatura, ni siquiera en Dios.

Nos olvidamos de lo que queda detrás nuestro

y nos lanzamos hacia delante /Fil. 3,13);

bastón en mano, ceñida la cintura, calzados, listos para partir,

terminando pronto de comer la pascua (Ex 12,11), nada nos detiene.

Señor Jesús, recibe a tus viajeros.

Estamos listos, no nos detenemos en nada,

deseamos solamente pasar de este mundo al Padre.           MS 259

 

278 – Concédenos una fe profunda

Concédenos, Señor, esa fe profunda 

que nos permita superarnos,

por ella, permítenos ver sin turbarnos por las cosas que pasan,

ayúdanos a menospreciar todo lo que el mundo mentiroso nos presenta,

por ella, danos coraje y fuerza

para sobrellevar las pruebas y los males de esta vida,

por ella, permítenos tener nuestra mirada fija en el Reino del cielo,

donde nos llamas desde siempre y para siempre.

por ella, cólmanos de dicha, aún en circunstancias penosas.           MS 266

 

278 – Conversando contigo, Señor,

Que nuestro espíritu y corazón se eleven hacia Ti, Señor.

¡Deseamos conversar contigo, Señor!

Abandonamos los cuidados de  la tierra,

para intimar contigo, corazón a corazón.

No son labios los que te hablan, Señor, sino el corazón.

Las palabras que brotan de nuestros labios

sólo expresan los sentimientos que nos embargan.  MS 292-293

 

 

 

NOTA DEL TRADUCTOR:

 

LA PRESENTE EDICIÓN,

 

§         TERMINADA EN LOS PRIMEROS DÍAS DE MAYO DEL 2010,

§         TOTALMENTE REVISADA  Y  CORREGIDA, CERCANA LA FIESTA DE SAN MIGUEL GARICOITS

§         SE VUELVE A OFRECER A LOS RELIGIOSOS

§         PARA CRECER EN EL CONOCIMIENTO Y AMOR AL FUNDADOR Y SU CARISMA

 

 

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