Betharram, 150 años,
vínculo de comunión
para evangelizar
una América que cambia

 

Queridos Betharramitas Religiosos y Laicos de América Latina:

            La Congregación quiere celebrar con gran alegría y autenticidad cristiana los 150 Años de la Misión de América. A eso nos alienta el último Capítulo General. ( Cap. Gen. 2005, pag. 73)

            Esta celebración tiene que ser un canto de alabanza a la Trinidad por medio de Jesucristo, el Verbo Encarnado, que nos asoció como familia del Sagrado Corazón de Jesús a su misterio de comunión, nos llenó de la alegría de su salvación y nos asoció también a su misión, para que logremos la misma alegría para los demás.

            La experiencia del amor de Dios, manifestado en el Corazón de Jesús, ha sido el secreto resorte que impulsaba a San Miguel y a los primeros betharramitas a venir como misioneros a América. A los misioneros religiosos y laicos de ayer y de hoy, para gustar las cosas de Dios, correr y volar tras los pasos de nuestro Señor... al encuentro de toda persona para llevarle alivio, consuelo y salvación. A los profesores religiosos y laicos, a vivir pacientemente la tarea educativa y evangelizadora de niños y jóvenes, en los límites de las estructuras educativas. A los párrocos, para formar comunidades orantes, fraternas y misioneras. A los que trabajaron en la formación de religiosos y sacerdotes, para que conformaran sus corazones de jóvenes latinoamericanos, con los sentimientos del Hijo para con el Padre. A todos, para entregar su vida gota a gota y día a día por la causa del Reino.

            Celebrar es hacer memoria de las maravillas de Dios a través de la Misión betharramita de América: ¡Magnificat! ¡Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se estremece de gozo en Dios mi salvador porque ha mirado la humillación de su esclava... y ha hecho obras grandes por mí! (Lc. 1, 46-49). Celebrar es pedir perdón por las infidelidades, por las cosas no hechas según el Evangelio. Celebrar es agradecer que el Señor nos haya asociado, a religiosos, comunidades y laicos de hoy a la identidad betharramita de aquellos dinámicos misioneros, fascinados por el Ecce venio de Jesús y el Ecce Ancilla de María. Celebrar es también proyectar para el futuro, con fidelidad creativa, la espiritualidad y la misión Betharramitas, respondiendo a los nuevos desafíos que tiene hoy América Latina.

            ¡Qué impresionante es ver a San Miguel con todos los sacerdotes de aquel momento haciendo el discernimiento de la Misión de América! ¿Vamos o no vamos a misionar a la Diócesis de Buenos Aires, en América? A ejercer las funciones del Santo ministerio que tienen que ver con el fin de la Sociedad. San Miguel los implica a todos en esa decisión y confía en el Espíritu, que ha inspirado la Congregación y que se manifiesta a través de ella. ¡Qué hombre del Espíritu que era San Miguel Garicoits!. Discípulos de San Miguel tenemos que aprender el arte del discernimiento, personal y comunitario, propio del adulto en la fe, que sabe que no hay recetas para las respuestas, sino que son originales para cada situación. Hay criterios humanos de sentido común, pero también hay criterios evangélicos que a veces no coinciden con el sentido común.

            El P. Barbé, el P. Magendie y el H. Joannès, encararon inmediatamente el Proyecto educativo del Colegio San José como un recurso evangelizador, como habían proyectado en Betharram antes de salir. Esta propuesta pedagógica betharamita se extendió como una propuesta de calidad educativa por los colegios betharramitas de Uruguay, Argentina, Paraguay y Brasil, donde todavía se educa evangelizando. Hoy, los religiosos, junto con los laicos, tenemos que discernir como seguir presentes en el mundo de la educación con nuestra tradición educativa y de acuerdo a nuestras posibilidades.

            El P. Larrouy y el H. Fabien supieron arriesgar sus vidas, acompañando a los apestados de la fiebre amarilla...Sus nombres están gravados en un monumento de una plaza de Buenos Aires. Como ellos, también nosotros tenemos que ser capaces de vivir el mandamiento del amor, olvidándonos de nosotros mismos y entregándonos en un servicio desinteresado por el bien de los demás, especialmente de los que que tienen la vida más amenazada.

            La primera comunidad supo irradiar con su testimonio los valores del Evangelio y entusiasmando a jóvenes y adultos a tomarse en serio su vida cristiana. Nuestras comunidades religiosas y los grupos de laicos betharramitas tienen que testimoniar un estilo de vida que sea atractivo para los jóvenes y se despierten abundantes y santas, santas pero también abundantes, vocaciones religiosas, sacerdotales, laicales matrimoniales y misioneras. ¡Tendremos que merecerlas y rezar más por ellas!

            San Miguel acompaña y alienta la vida de la Comunidad Betharramita con gran energía y suavidad. Quiere que sean competentes, libres y entregados. Quiere que vivan de verdad el Evangelio, el espíritu de Jesús, el espíritu religioso lo llama él: el Aquí estoy. Les aconseja para que aprendan a vivir con fidelidad en medio de la prueba de no ser aceptados y parecer inútiles en un lugar donde no son conocidos. Y además, la espiritualidad del maná escondido, elementos todos de una espiritualidad betharramita de entonces y de ahora (C.T.I, c.163, pags 299-300).

            ¡Qué honor pertenecer a una familia de hombres que se tomaban tan en serio su vocación y su misión! ¡Qué compromiso tan grande para nosotros tener que mantener vivo ese espíritu después de ciento cincuenta años! ¡Qué tranquilidad saber que ellos y nosotros seguimos participando del mismo misterio de comunión misionera. Que este acontecimiento nos llene a todos de alegría y de ardor misionero. Están con nosotros el Corazón manso y humilde de Jesús, María de Betharram, y nuestros padres San Miguel Garicoits y el siervo de Dios Augusto Etchecopar. (extracto)

            Un abrazo a todos.

P. Gaspar FERNANDEZ PEREZ scj
Superior General.