LA SOBRA DE LA GUILLOTINA

El nombre de Pedro Vicente Elicabide está en todas las bocas, cuando los diarios de Burdeos anuncian su condena a muerte por un triple homicidio. La noticia impresiona, sobre todo en Betharram donde en 1837 el P. Garicoits lo había elegido como director. Vasco de origen, Elicabide es un reconocido maestro. Al principio es muy bueno, pero después de un año, pide un fuerte aumento de sueldo, y además se vuelve malo y violento con los alumnos. El P. Garicoits se ve obligado a alejarlo de la escuela. Elicabide emigra a París en busca de mejor suerte. Hambriento de riquezas, mata al muchacho que le había sido entregado para su educación, y después, también a la madre y hermana de él mismo. El triple asesinato es descubierto y Elicabide es condenado a la gillotina.

El P. Garicoits, trastornado por la noticia, lo visita en la cárcel de Burdeos. Los ojos tristes del condenado se cruzan con los ojos húmedos de emoción de su antiguo superior. En aquel momento recuerda las palabras proféticas que un día le dirigió el P. Miguel: "Si Ud. no deja de lado su apego al dinero, correrá el riezgo de la prisión o de la guillotina". También recuerda otras palabras del santo, llenas de esperanza: "Aunque hubiera sido un desgraciado durante toda mi vida, aunque hubiera caído del caballo, y no me quedara más que un minuto de vida… tanta es mi confianza en Dios que me tiraría confiado en brazos de su misericordia y me consideraría como el hombre más feliz. Mi condición sería linda, linda, linda". Y también: "A uno que se tirara desde un puente, todavía entre el puente y el agua le quedaba tiempo para arrepentirse".

Elicabide enfrenta la muerte el 3 de noviembre de 1840, arrepentido de sus fechorías. Unos días antes de subir al patíbulo, apretando una carta del P. Garicoits, confiesa su gran bondad diciendo: "La ha escrito un santo; se lo ha dictado un ángel".

También los asesinos, a veces dicen la verdad.

 

 

Reflexión

 

El apego excesivo al dinero puede llevar a la ruina, a la perdición. "El amoral dinero es la raíz de todos los males", escribe S. Pablo (l Tm. 6, 6-17). La conversión siempre es posible, afirma Lucas (23, 32-43), aunque sea al final de la vida.

Existe demasiada maldad en el mundo. Si cada uno de nosotros fuera capaz de perdonar, habría más paz, respeto, hermandad. S. Miguel tuvo compasión del asesino Elicabide y lo acompañó. Si tu compañero está en dificultad, ¿eres capaz de acercarte, motivarlo, aconsejarlo? ¿Pones moldes a las personas? ¿No les das la oportunidad de cambiar?

 

 

 

 Oración

 

Señor, haz de mí

un instrumento de paz:

Dónde haya odio, lleve yo tu amor;

donde haya injuria, lleve yo el perdón;

donde haya discordia, lleve yo la unión;

donde haya tristeza, lleve yo la alegría.

Haz de mí, Señor, un instrumento de paz.

 

 

  Propósito

 

Tu compañero es malo, chinchudo; todos lo rechazan. Acércate a él con delicadeza, háblale y ayúdalo.