SIEMPRE ADELANTE

El P. Garicoits tiene una gran confianza en Dios: "Adelante, hay que subir continuamente, un ojo en el escalón más alto y el otro en el cielo. Siempre adelante, con corazón generoso y voluntad decidida. Será lo que Dios quiera".

El P. Garicoits es incansable: se levanta a las tres de la mañana; hace la oración, la Misa en Igón, las confesiones, las clases en el colegio, la correspondencia, atiende a las personas, confiesa, aconseja, dedica un tiempo a los hermanos; y después, otra vez la oración, la correspondencia, la preparación de las clases... A las 23 horas reza su última alabanza al Padre, antes del descanso. Cuatro horas después inicia un nuevo día. Al trabajo exigente, hay que agregar una comida pobre y muchas penitencias: parece de hierro, pero su físico fuerte poco a poco cede.

En 1853 un inicio de parálisis amenaza su vida. En esa ocasión, el P. Garicoits atribuye su recuperaci&oacuOraciónlas Oraciónes de la gente que lo quiere.

Año tras año la salud empeora. Los ataques de úlcera se repiten. Su cuerpo pierde peso, se vuelve frágil, los calambres estomacales lo encorvan. Lo quieren atender. De todos lados lo presionan para que se cuide. Y él: "¡Y bien! Debemos vivir con paciencia y morir con alegría. Animo, nos jugamos el cielo, ¿comprenden?"

Un día un sobrino le dice así nomás: "Padre, me parece que no te da para más". Sonriendo, el tío le contesta: "Hágase la voluntad de Dios, iremos al cielo a verlo".

Unos meses antes de su muerte, visita por última vez a la familia de los Anghelú. Abrazando al hijo del viejo patrón, dice con sencillez: "No nos veremos más en esta tierra, sino en el cielo".

El estribillo, monótono y sublime, lo repetirá hasta el final: "Adelante, adelante hasta el cielo".

Toda su vida fue una preparación para llegar al paraíso.

 

 

 

Reflexión

 

En el cielo hay otra morada. Por el Reino de Dios, S. Pablo ha dado toda su vida, y nunca se echó atrás (Col. 1, 24-29).

Así también lo hizo Miguel, y muchas otras personas generosas. Sufrió mucho en su vida: pruebas morales, sufrimientos físicos, incomprensiones. Y superó toda dificultad, por su confianza en Dios ¿Cómo actúas frente a las dificultades y a los sufrimientos?

San Miguel miraba siempre adelante, el cielo era su meta. Cumplió la voluntad de Dios sin reserva, sin demora, sin mirar atrás, por amor.

 

 

 

 Oración

 

¡Cuánto me has amado, Dios mío!

¡Cuánto has hecho

para que yo te ame, Dios mío!

¿Cuánto has deseado

y sigues deseando que yo te ame, Dios Mío!

Aquí estoy, Dios mío, aquí estoy.

Mi corazón está dispuesto.

No me niego a nada

que pueda probarte mi amor.

¿Qué quieres que haga?

¡Aquí estoy!

 

 

  Propósito

 

No te desalientes por tus defectos y tus límites, cultiva tus capacidades. Descubre lo que Dios quiere de Ti y cúmplelo con fidelidad.